PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD
CARMEN LETICIA PUELLO UREÑA DA-4881
RUTH ESTHER GONZALEZ MENDEZ DA-4614
Teoría psicosocial
Elaboró una Teoría del desarrollo de la personalidad a la que denominó "Teoría psicosocial". En ella describe ocho etapas del ciclo vital o estadios psicosociales (crisis o conflictos en el desarrollo de la vida, a las cuales han de enfrentarse las personas)
1. Confianza Básica vs. Desconfianza. (desde el nacimiento hasta aproximadamente los 18 meses). Es la sensación física de confianza. El bebe recibe el calor del cuerpo de la madre y sus cuidados amorosos. Se desarrolla el vínculo que será la base de sus futuras relaciones con otras personas importantes; es receptivo a los estímulos ambientales es por ello sensible y vulnerable, a las experiencias de frustración son las experiencias más tempranas que proveen aceptación, seguridad, y satisfacción emocional y están en la base de nuestra desarrollo de individualidad. Depende entonces del sentimiento de confianza que tengan los padres en sí mismos y en los demás, el que lo puedan reflejar en sus hijos.
2. Autonomía vs. Vergüenza y Duda (desde los 18 meses hasta los 3 años aproximadamente). Esta etapa está ligada al desarrollo muscular y de control de las eliminaciones del cuerpo. Este desarrollo es lento y progresivo y no siempre es consistente y estable por ello el bebe pasa por momentos de vergüenza y duda. El bebe inicia a controlar una creciente sensación de afirmación de la propia voluntad de un yo naciente, se afirma muchas veces oponiéndose a los demás. El niño empieza a experimentar su propia voluntad autónoma experimentando fuerzas impulsivas que se establecen en diversas formas en la conducta del niño, y se dan oscilando entre la cooperación y la terquedad, las actitudes de los padres y su propio sentimiento de autonomía son fundamentales en el desarrollo de la autonomía del niño. Este establece su primera emancipación de forma tal que en posteriores etapas repetirá esta emancipación de muchas maneras.
3. Iniciativa vs. Culpa (desde los 3 hasta los 5 años aproximadamente). La tercera etapa de la Iniciativa se da en la edad del juego, el niño desarrolla actividad, imaginación y es más enérgico y locuaz, aprende a moverse más libre y violentamente, su conocimiento del lenguaje se perfecciona, comprende mejor y hace preguntas constantemente; lo que le permite expandir su imaginación. Todo esto le permite adquirir un sentimiento de iniciativa que constituye la base realista de un sentido de ambición y de propósito. Se da una crisis que se resuelve con un incremento de su sensación de ser él mismo. Es más activo y está provisto de un cierto excedente de energía, es posible ocuparse de qué es lo que se puede hacer con la acción; descubre lo que puede hacer junto con lo que es capaz de hacer.
1. La intrusión en el espacio mediante una locomoción vigorosa,
2. La intrusión en lo desconocido por medio de una curiosidad grande,
3. La intrusión en el campo perceptual de los demás,
4. Fantasías sexuales, (Los juegos en esta edad tienen especiales connotaciones simbólicas sobre aspectos sexuales). Respecto de esto último, el niño posee una genitalidad rudimentaria y tiene muchas veces sentimientos de culpa y temores asociados a ello
4. Laboriosidad vs. Inferioridad (desde los 5 hasta los 13 años aproximadamente). Es la etapa en la que el niño comienza su instrucción preescolar y escolar, el niño está ansioso por hacer cosas junto con otros, de compartir tareas, de hacer cosas o de planearlas, y ya no obliga a los demás niños ni provoca su restricción. Posee una manera infantil de dominar la experiencia social experimentando, planificando, compartiendo. Llega a sentirse insatisfecho y descontento con la sensación de no ser capaz de hacer cosas y de hacerlas bien y aún perfecta; el sentimiento de inferioridad, le hacen sentirse inferior psicológicamente, ya sea por su situación económica- social, por su condición "racial" o debido a una deficiente estimulación escolar, pues es precisamente la institución escolar la que debe velar por el establecimiento del sentimiento de laboriosidad.
5. Búsqueda de Identidad vs. Difusión de Identidad (desde los 13 hasta los 21 años aproximadamente). Se experimenta búsqueda de identidad y una crisis de identidad, que reavivará los conflictos en cada una de las etapas anteriores; los padres de los adolescentes se verán enfrentando situaciones nuevas que serán un nuevo reto para su misión orientadora. Son características de identidad del adolescente:
o La Perspectiva Temporal, orientación en el tiempo y en el espacio
o La Seguridad en Sí Mismo
o La Experimentación con el Rol, énfasis en la acción
o El Aprendizaje interés por el contacto con el medio ambiente y una estrategia del aprendizaje vital.
o Polarización Sexual: Adecuado grado de desarrollo del propio interés sexual.
o Liderazgo y Adhesión: Adecuada integración al grupo de "pares".
o El Compromiso Ideológico, orientación valorativa y participación en el ambiente.
o
Intimidad frente a aislamiento (desde los 21 hasta los 40 años aproximadamente). La intimidad supone la posibilidad de estar cerca de otros ya que posees un sentimiento de saber quién eres, no tienes miedo a “perderte” a ti mismo, como presentan muchos adolescentes el joven adulto ya no tiene que probarse a sí mismo. A esta dificultad se añade que nuestra sociedad tampoco ha hecho mucho por los adultos jóvenes la tendencia maladaptativa que Erikson llama promiscuidad, se refiere particularmente a volverse demasiado abierto, muy fácilmente, sin apenas esfuerzo y sin ninguna profundidad o respeto por tu intimidad. Esta tendencia se puede dar tanto con tu amante, como con tus amigos, compañeros y vecinos.
Generatividad frente a estancamiento (desde los 40 hasta los 60 años aproximadamente). Periodo dedicado a la crianza de los niños la tarea fundamental aquí es lograr un equilibrio apropiado entre la productividad y el estancamiento la productividad es una extensión del amor hacia el futuro. Tiene que ver con una preocupación sobre la siguiente generación y todas las demás futuras: teniendo y criando los hijos, la enseñanza, la escritura, la inventiva, las ciencias y las artes, el activismo social complementan la tarea de productividad. En definitiva, cualquier cosa que llene esa “vieja necesidad de ser necesitado”, el estancamiento, por otro lado, es la “auto-absorción”; cuidar de nadie personas tratan de ser tan productivas que llega un momento en que no se pueden permitir nada de tiempo para sí mismos, para relajarse y descansar. Al final, estas personas tampoco logran contribuir algo a la sociedad. Esta es la etapa de la “crisis de la mediana edad” se pregunta “¿Qué estoy haciendo aquí?”.
Integridad frente a desesperación (desde aproximadamente los 60 años hasta la muerte). Esta última etapa, la delicada adultez tardía o madurez la tarea primordial aquí es lograr una integridad con un mínimo de desesperanza Primero ocurre un distanciamiento social, desde un sentimiento de inutilidad existe un sentido de inutilidad biológica, debido a que el cuerpo ya no responde como antes, junto a las enfermedades, aparecen las preocupaciones relativas a la muerte. Los amigos mueren; los familiares también parece que todos debemos sentirnos desesperanzados; como respuesta a esta desesperanza, algunos mayores se empiezan a preocupar con el pasado. La integridad yoica significa llegar a los términos de tu vida, y por tanto, llegar a los términos del final de tu vida. La tendencia mal adaptativa es llamada presunción. cuando la persona “presume” de una integridad yoica sin afrontar de hecho las dificultades de la senectud.
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miércoles, 24 de febrero de 2010
domingo, 3 de mayo de 2009
Abraham Maslow, George Kelly y Rollo May
Abraham Maslow
Nació en Brooklyn, Nueva York el 1 de abril de 1908.
Fue el primero de siete hermanos y sus padres eran emigrantes judíos no ortodoxos de Rusia. Estos, con la esperanza de lograr lo mejor para sus hijos en el nuevo mundo, le exigieron bastante para alcanzar el éxito académico. De manera poco sorprendente, Abraham fue un niño bastante solitario, refugiándose en los libros.
Para satisfacer a sus padres, primero estudió leyes en el City Collage de Nueva York (CCNY). Después de tres semestres, se transfirió a Cornell y luego volvió a CCNY. Se casó con Berta Goodman, su prima mayor, en contra de los deseos de sus padres. Abraham y Berta tuvieron dos hijas.
Ambos se trasladaron a vivir a Wisconsin de manera que él pudiese acudir a la Universidad de la citada ciudad. Fue aquí donde empezó a interesarse por la psicología y su trabajo empezó a mejorar considerablemente. Pasaba tiempo trabajando con Harry Harlow, famoso por sus experimentos con crías de monos para estudiar su comportamiento del apego.
Recibió su BA en 1930, su MA en 1931 y su doctorado en 1934, todos en psicología y de la Universidad de Wisconsin. Es en este año cuando propone la teoría psicológica llamada hoy en día "Jerarquía de necesidades de Maslow", la cual es una teoría sobre la motivación humana. Un año después de su graduación, volvió a Nueva York para trabajar con E. L. Thorndike en la Universidad de Columbia, donde empezó a interesarse en la investigación de la sexualidad humana.
Comenzó entonces a dar clases a tiempo completo en el Brooklyn Collage. Durante este periodo de su vida, entró en contacto con muchos inmigrantes europeos que llegaban a Estados Unidos, y en especial a Brooklyn; personas como Alfred Adler, Erich Fromm, Karen Horney, así como varios psicólogos de la Gestalt y freudianos.
En 1951 Maslow pasó a ser Jefe del departamento de Psicología en Brandeis, permaneciendo allí durante diez años, teniendo la oportunidad de conocer a Kurt Goldstein (quien le introdujo al concepto de auto-realización) y empezó su propia andadura teórica. Fue aquí también donde empezó su cruzada a favor de la psicología humanística; algo que llegó a ser bastante más importante que su propia teoría.
Se le considera el iniciador de la tercera tendencia de la psicología. Las otras dos son el psicoanálisis (Freud) y el conductismo (Watson).
Teoría jerárquica de las necesidades de Maslow
La jerarquía de necesidades de Maslow se describe a menudo como una pirámide que consta de cinco niveles: los cuatro primeros niveles pueden ser agrupados como «necesidades de déficit» al nivel superior lo denominó «auto-actualización», «motivación de crecimiento», o «necesidad de ser» «La diferencia estriba en que mientras las necesidades de déficit pueden ser satisfechas, la necesidad de ser es una fuerza impelente continua.
Necesidades fisiológicas
Son necesidades fisiológicas básicas para mantener la homeostasis (referente a la salud); dentro de estas, las más evidentes son:
• Necesidad de respirar, beber agua, y alimentarse.
• Necesidad de mantener el equilibrio del pH y la temperatura corporal.
• Necesidad de dormir, descansar, eliminar los desechos.
• Necesidad de evitar el dolor y tener relaciones sexuales.
Necesidades de seguridad y protección
Estas surgen cuando las necesidades fisiológicas se mantienen compensadas. Son las necesidades de sentirse seguro y protegido; incluso desarrollar ciertos límites de orden. Dentro de ellas se encuentran:
• Seguridad física, de salud.
• Seguridad de empleo, de ingresos y recursos.
• Seguridad moral, familiar, de propiedad privada.
Necesidades de afiliación y afecto
Están relacionadas con el desarrollo afectivo del individuo, son las necesidades de asociación, participación y aceptación. Se satisfacen mediante las funciones de servicios y prestaciones que incluyen actividades deportivas, culturales y recreativas. El ser humano por naturaleza siente la necesidad de relacionarse, ser parte de una comunidad, de agruparse en familias, con amistades o en organizaciones sociales. Entre estas se encuentran: la amistad, el compañerismo, el afecto y el amor.
Necesidades de estima
Maslow describió dos tipos de necesidades de estima, una alta y otra baja.
• La estima alta concierne a la necesidad del respeto a uno mismo, e incluye sentimientos tales como confianza, competencia, maestría, logros, independencia y libertad.
• La estima baja concierne al respeto de las demás personas: la necesidad de atención, aprecio, reconocimiento, reputación, estatus, dignidad, fama, gloria, e incluso dominio.
La merma de estas necesidades se refleja en una baja autoestima y el complejo de inferioridad.
Auto-realización o auto-actualización
Este último nivel es algo diferente y Maslow utilizó varios términos para denominarlo: «motivación de crecimiento», «necesidad de ser» y «auto-realización».
Son las necesidades más elevadas, se hallan en la cima de la jerarquía, y a través de su satisfacción, se encuentra un sentido a la vida mediante el desarrollo potencial de una actividad. Se llega a ésta cuando todos los niveles anteriores han sido alcanzados y completados, al menos, hasta cierto punto.
Maslow consideró auto-realizados a un grupo de personajes históricos que estimaba cumplían dichos criterios: Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, Mahatma Gandhi, Albert Einstein, Eleanor Roosevelt, William James, entre otros.
Maslow dedujo de sus biografías, escritos y actividades, una serie de cualidades similares; estimaba que eran personas:
• centradas en la realidad, que sabían diferenciar lo falso o ficticio de lo real y genuino;
• centradas en los problemas, que enfrentan los problemas en virtud de sus soluciones;
• con una percepción diferente de los significados y los fines.
En sus relaciones con los demás, eran personas:
• con necesidad de privacidad, sintiéndose cómodos en esta situación;
• independientes de la cultura y el entorno dominante, basándose más en experiencias y juicios propios;
• resistentes a la enculturación, pues no eran susceptibles a la presión social; eran inconformistas;
• con sentido del humor no hostil, prefiriendo bromas de sí mismos o de la condición humana;
• buena aceptación de sí mismo y de los demás, tal como eran, no pretenciosos ni artificiales;
• frescura en la apreciación, creativos, inventivos y originales;
• con tendencia a vivir con más intensidad las experiencias que el resto de la humanidad.
Aparte de las necesidades mencionadas, Maslow propone dos necesidades más: las necesidades cognitivas y las necesidades estéticas, pero no las ubicó en un lugar específico dentro de la jerarquía.
Las necesidades cognitivas o de saber y comprender son motivos que provienen de las necesidades básicas. El ser humano normal lleva intrínsecamente el deseo de saber, ya que no es un ser pasivo y no debe dar las cosas por sentadas. El no satisfacer estas necesidades trae como consecuencia la frustración y el egoísmo.
Las necesidades estéticas incluyen necesidades por el orden, la simetría y el cierre, la necesidad de aliviar tensión producida por una labor no terminada y la necesidad de estructurar hechos. Maslow plantea que alrededores hermosos y circunstancias agradables favorecen el desarrollo de las personas.
Maslow ha sido una figura muy inspiradora dentro de las teorías de personalidad. Buscaban un sentido y un propósito en sus vidas, incluso un sentido mucho más místico y trascendental. Maslow fue uno de los pioneros en ese movimiento de traer nuevamente al ser humano a la psicología y a la persona a la personalidad.
George Nelly
George Kelly nació el 28 de abril de 1905, en una granja cercana a Perth, Kansas. Fue el único hijo de Theodore y Elfleda Kelly. Su padre era al principio un ministro presbiteriano que se había retirado a la granja por prescripción médica. Su madre era una profesora de colegio.
La escolaridad de George fue de lo más errática.
Se mudó a Sheldon, Iowa donde enseñó y supervisó clases de teatro dramático en un colegio. Allí conoció a la que sería su mujer, Gladis Thompson. Después de unos cuantos trabajos de corto plazo, recibió una beca para acudir a la Universidad de Edimburgo, donde recibió su título de grado en Educación dentro de Psicología. En 1931, recibió su licenciatura en psicología de la Universidad Estatal de Iowa. Entonces, durante la depresión y mientras trabajaba en el Fort Hays Kansas State Collage, fue cuando desarrolló su teoría y sus técnicas clínicas. Durante la Segunda Guerra Mundial, Kelly prestó sus servicios como psicólogo de aviación dentro de la Marina, seguido de un trabajo obligatorio en la Universidad de Maryland.
En 1946, sustituye por la Universidad estatal de Ohio; un año después de que Carl Rogers se había ido, adquiriendo la dirección de su programa clínico. Fue aquí donde su teoría maduró; donde escribió sus dos volúmenes, La Psicología de los Constructos y donde influenciaría a un gran número de estudiantes.
En 1965, empezó a ocuparse de trabajos de investigación en la Universidad Brandeis, donde trabajaba Maslow. Por desgracia, murió muy poco tiempo después, el 6 de marzo de 1967.
George Kelly estaba enseñando psicología fisiológica en Fort Hays Kansas State Collage en 1931. Era la época de la depresión y los trastos sucios. Al reconocer las penurias y sufrimientos de las familias granjeras de esta parte del centro-oeste de Kansas, decidió hacer algo más humanitario con su vida: decidió desarrollar un servicio clínico rural. En principio, Kelly usó el entrenamiento freudiano estándar que cualquier psicólogo licenciado recibía en esos días. Tenía a estas personas tumbadas en el diván, asociando libremente, contándole sus sueños. Cuando veía resistencias o símbolos de necesidades agresivas o sexuales, pacientemente transmitía sus impresiones con ellos. Era sorprendente ver cómo estas relativamente poco sofisticadas personas recibían fácilmente estas explicaciones sobre sus problemas. Era seguro que, dada su cultura, estas personas debían recibir como terriblemente raras las interpretaciones clásicas freudianas. Sin embargo, no era así. Aparentemente, las personas ponían su fe en él, el profesional.
No obstante, el propio Kelly no estaba conforme con las interpretaciones clásicas freudianas. Las consideraba un poco fuera de tiempo y lugar, como muy poco apropiadas para la vida de las familias granjeras de Kansas. Con lo que, a medida que pasó el tiempo, empezó a notar que sus interpretaciones de los sueños y demás se estaban volviendo cada vez menos ortodoxas. De hecho, empezó a hacerlas como ¡explicaciones! Sus clientes le escuchaban tan atentamente como siempre y empezó a mejorar lenta pero firmemente.
Empezó a creer que lo que verdaderamente le importaba a estas personas era que tenían una explicación para lo que les pasaba; que tenían una vía para comprender sus dificultades. Lo que importaba era que el “caos” de sus vidas desarrollaban un cierto orden. Y descubrió que, mientras que se aceptaba de buena manera cualquier orden que surgiera de una figura de autoridad, cualquier orden y comprensión que proviniera de sus propias vidas, de su propia cultura, era incluso mejor.
Teoría
La teoría de Kelly empieza con lo que él llama “la metáfora prodigiosa”. Kelly había observado mucho tiempo atrás que tanto los científicos, como los terapeutas usualmente demostraban una actitud peculiar ante las personas: mientras que se veían a sí mismos de manera bastante bien, tendían a lo contrario con sus clientes; al tiempo que se consideraban como embarcados en las finas artes de la razón y el empirismo, veían a la gente común como víctimas de sus energías sexuales o de sus historias condicionantes. Pero Kelly, ayudándose de sus experiencias con sus estudiantes y granjeros de Kansas, notó que estas personas comunes también estaban envueltos en los temas de la ciencia; ellos también estaban intentando comprender lo que les ocurría.
O sea, que las personas comunes también son científicas. Tienen construcciones de su realidad, de la misma forma en que los científicos tienen teorías. Tienen expectativas o anticipaciones, como los científicos poseen hipótesis. Se embarcan en comportamientos que prueban esas expectativas, como los científicos hacen con sus experimentos. Mejoran su comprensión de la realidad sobre la base de sus experiencias, como los científicos ajustan su teoría para que encaje en los hechos. Toda la teoría de Kelly surge de esta metáfora.
Kelly organizó su teoría en un postulado fundamental y en 11 corolarios. Su postulado fundamental dice así: “Los procesos de una persona son canalizados psicológicamente a medida que anticipan los eventos.”
Kelly define los procesos como nuestras experiencias, pensamientos, sentimientos, comportamientos y cualquier otra cosa que nos dejemos en el tintero. Todas estas cosas están determinadas, no solamente por la realidad externa, sino por nuestros esfuerzos de anticiparnos al mundo, a otras personas, y a nosotros mismos, en todo momento y siempre, día tras día, año tras año.
El Corolario de la Construcción
“Una persona anticipa los eventos cuando construye sus reproducciones exactas”.
Esto quiere decir que construimos nuestras anticipaciones usando nuestra experiencia pasada. Somos fundamentalmente criaturas conservadoras; esperamos que las cosas ocurran tal y como lo han hecho antes. Buscamos los patrones, las consistencias, en nuestras experiencias. Si preparo mi alarma de mi reloj, espero que suene a la hora en que lo he puesto, ya que esto lo ha hecho desde que lo tengo. Si me comporto de forma amable con alguien, yo espero que me respondan de la misma manera.
El Corolario de la experiencia
“El sistema de construcción de una persona varía a medida que sucesivamente construye las reproducciones exactas de los eventos.”
Cuando las cosas no ocurren de la manera en que esperamos que lo hagan, tenemos que adaptarnos, tenemos que reconstruir. Esta nueva experiencia altera nuestras futuras anticipaciones. Aprendemos.
Este sería el paso desde la experimentación y observación a la validación o reconstrucción: basándome en los resultados de nuestro experimento (los comportamientos que llevamos a cabo) o en nuestras observaciones (las experiencias que tengo), podemos mantener nuestra fe en la teoría de la realidad que creamos o la cambiamos por otra.
El corolario de la dicotomía
“El sistema de construcción de una persona está compuesto de un número finito de constructos dicotómicos.”
Guardamos la experiencia en forma de constructos, término al cual también Kelly ha llamado “conceptos útiles”, “ficciones convenientes” y “plantillas transparentes”. Lo que hacemos es “colocar” estas “plantillas” en el mundo, guiando nuestras percepciones y comportamientos.
Con frecuencia les llama constructos personales, enfatizando el hecho de que son tuyos y de nadie más; únicos para ti. Un constructo no es un título o categoría, o cajón de sastre, o dimensión que yo como psicólogo te coloco a ti, esa persona común. Es un poco el cómo ves el mundo.
Son muchos los constructos que tienen nombre o pueden nombrarse fácilmente: bueno-malo, contento-triste, introvertido-extravertido, fluorescente-incandescente...pero existen otros que no son nombrables. Los bebés, e incluso los animales, tienen constructos: comida-que-me-gusta vs. Comida-que-escupo; peligro vs. Seguridad; mamá vs. Extraño.
Otra diferenciación que hace Kelly con respecto a los constructos se refiere a los constructos periféricos y centrales.
- Los constructos periféricos son aquellos más universales, propios de los demás aunque incluyen aspectos propios de uno mismo.
- Los centrales, por otro lado, son aquellos más significativos para uno mismo, hasta el extremo de que determinan lo que somos. Escriba los primeros 10 o 20 adjetivos que se le ocurran sobre sí mismo; esto sería algo muy cercano a los constructos centrales. Los constructos centrales es lo más cercano de Kelly a la idea de self.
El corolario de la organización
“De forma característica, cada persona desarrolla (en virtud de su conveniencia anticipando los eventos) un sistema de construcción que engloba relaciones ordinales entre los constructos”
Los constructos no están simplemente flotando sin conexión alguna. Si están ahí, no podríamos ser capaces de usar una sola pizca de información sin que eso nos lleve a otra (¡no seríamos capaces de anticipar!) Cuando nos mencionan la forma de ser de esa chica con la que vamos a salir y que no conocemos; de que tiene una gran personalidad y es guapa, llegamos a creer que cuando la veamos será como Cuasimodo. ¿Cómo hemos llegado desde “gran personalidad” a “Cuasimodo”? ¡Por la organización!
Algunos constructos están subordinados a otros, o “bajo” otros constructos. Hay dos versiones de esto. Primero, hay una especie taxonómica de subordinación, como las “ramas” de la vida animal o vegetal que aprendemos en la escuela cuando damos biología. Hay seres vivos versus seres no-vivos, por ejemplo: cosas subordinadas a seres vivos serían, digamos, plantas versus animales; bajo plantas, podría haber árboles versus flores; bajo árboles, podría haber coníferas versus decidías; y así, sucesivamente.
Imagínense, estos son constructos personales, no constructos científicos aunque de hecho son constructos taxonómicos. Podrían ser o no los mismos constructos científicos que usamos en biología o no. Tengo una planta conífera llamada árbol de Navidad.
El corolario del rango
“Un constructo es conveniente para su anticipación exclusivamente para un rango finito de eventos.”
Cualquier constructo no es válido para todo. El constructo de género (macho-hembra) es para la mayoría de nosotros algo de importancia solo con personas y para algunos animales superiores como las mascotas y nuestro ganado. Pocos de nosotros nos preocupamos sobre el sexo de una mosca, o de un cocodrilo o de incluso un armadillo. Y creo que nadie aplica el género a las formaciones geológicas o a los partidos políticos. Estas cosas están fuera del rango de conveniencia del constructo de género.
Algunos constructos son muy amplios; o lo que es lo mismo, extensos en su aplicación. Bueno-malo es quizás el constructo más amplio de todos, ya que se puede aplicar casi a cualquier cosa. Otros constructos son más incidentales o específicos. Fluorescente-incandescente es un constructo bastante específico, ya que solo puede aplicarse a las bombillas.
El corolario de la modulación
“La variación en el sistema de construcciones de una persona está limitada a la permeabilidad de los constructos dentro de cuyos rangos de conveniencia descansa las variantes.”
Algunos constructos son “elásticos”; tienden a “modular”; son permeables, lo que significa que están abiertos a ampliar el rango donde se sitúan. Otros constructos son relativamente impermeables.
El corolario de la selección
“Una persona selecciona o escoge para sí misma aquella alternativa en un constructo dicotómico a través de la cual poder anticipar una mayor posibilidad de extensión y definición de su sistema.”
Con todos estos constructos y todos estos polos, ¿cómo escogemos nuestros comportamientos? Kelly dice que seleccionamos la actuación que llevaremos a cabo aquello que anticipamos como más elaborado dentro de nuestro sistema de construcción; es decir, aquello que mejore nuestra comprensión, nuestra habilidad para anticiparnos. La realidad nos ofrece límites ante aquello que podemos experimentar o hacer, pero nosotros escogemos cómo construir o interpretar esa realidad. Y también escogemos interpretar esa realidad de la forma en que creamos que mejor nos vendrá.
Comúnmente, nuestras selecciones están entre alternativas aventuradas y otras más seguras. Podríamos, digamos, extender nuestra comprensión sobre la interacción humana heterosexual (ligar) a través de apoyarnos en una elección aventurada de acudir a más fiestas, conocer más personas, desarrollar más relaciones sociales y demás
El corolario de la individualidad
“Las personas difieren unas de otras en su construcción de los eventos.”
Dado que cada uno de nosotros tiene experiencias distintas, la construcción de la realidad de cada uno es diferente. Recordemos que Kelly llama a su teoría, la teoría de los constructos personales. Él no está de acuerdo con los sistemas de clasificación, con los tipos personales o con los tests de personalidad. Su propio y famoso “test rep”, si lo analizamos, no es para nada una prueba en el sentido tradicional.
El corolario de la globalidad
“Siempre que una persona emplea una construcción de experiencias similar a la empleada por otra, sus procesos psicológicos serán parecidos a los de esa otra persona.”
El hecho de que seamos diferentes todos no quiere decir que no seamos similares. Si nuestro sistema de construcción (nuestra comprensión de la realidad) es similar, así serán también nuestras experiencias, nuestros comportamientos y nuestros sentimientos. Por ejemplo, si compartimos la misma cultura; si percibimos las cosas de forma parecida, y mientras más cercanos estemos entre sí, más similares seremos.
De hecho, Kelly dice que gastamos gran parte de nuestro tiempo buscando la validación de otras personas. Un hombre que está sentado en un bar de su vecindario que grita “¡mujeres!”, lo hace con la expectativa de que sus colegas en el bar respondan con el apoyo de su visión del mundo de que en ese preciso momento está desesperado por conseguir “¡Siiiiiií, mujeres!, no podemos vivir sin ellas ni con ellas.” El mismo escenario se aplica, con sus diferencias necesarias, a las mujeres. Y escenarios similares se pueden también aplicar a los niños preescolares, a las pandillas adolescentes, al clan, a los partidos políticos, a las conferencias científicas y demás. Buscamos el apoyo de aquellos que son similares a nosotros. ¡Sólo ellos saben cómo verdaderamente nos sentimos!
El corolario de la fragmentación
“Una persona puede usar sucesivamente una construcción de subsistemas, los cuales son hipotéticamente incompatibles con el resto”
El corolario de la fragmentación dice que podemos ser inconsistentes con nosotros mismos. De hecho, es raro encontrar a una persona que tenga “todo perfectamente atado” y que funcione en todo momento como una personalidad unificada. Por ejemplo, casi todos nosotros, representamos diferentes papeles a lo largo de nuestra vida: soy un hombre, un esposo, un padre, un hijo, un profesor; soy alguien con una cierta etnia y me identifico con una política, una religión y una filosofía.; a veces soy un paciente; otras un consumidor, y otras un buen comensal. Y desde luego no soy el mismo en esos diversos papeles.
A veces los roles están separados por las circunstancias. Un hombre puede ser policía en la noche, actuando como una persona fuerte, autoritaria y eficiente. Pero durante el día, puede ser un padre, actuando gentilmente, cariñoso y afectivo. Una vez que separamos las circunstancias, los roles no entran en conflicto. Pero si no lo hacemos, vemos como este hombre puede encontrarse en la situación de ¡arrestar a su propio hijo! O puede verse siendo un padre fuerte y decidido en un minuto y en el siguiente siendo un padre sobre protector.
El corolario de la sociabilidad
“Hasta el punto de que una persona construye los procesos de construcción de otra, ésta puede tener un papel en los procesos sociales que envuelven a la otra persona.”
Aunque no seas realmente similar a otra persona, aún puedes relacionarte con ella. De hecho, puedes “construir de igual manera a como construye otro”; “meterte dentro de su cabeza”; “percibir de dónde viene” y “saber lo que quiere decir”. En otras palabras, me puedo situar en una posición aledaña a mí mismo (a través del corolario de la fragmentación) para “ser” otra persona.
Esto es una parte importante del “role playing”, dado que cuando estás actuando un papel, lo haces hacia o con otra persona; alguien que necesitas comprender para poder relacionarte con ella. Kelly pensó que esto era tan importante que lo llamó la teoría del rol, pero el nombre ya había sido escogido con anterioridad. De hecho, estas ideas provienen de la escuela de pensamiento en sociología fundada por George Herbert Mead.
De acuerdo con Kelly, los trastornos psicológicos ocurren cuando una persona se aferra a los constructos personales y continúa usándolos a pesar del hecho de que la experiencia subsiguiente no los valide. Dicho individuo tiene dificultad para anticipar y predecir acontecimientos y es incapaz de aprender de las experiencias. La psicoterapia, entonces, consiste en un método de "reconstrucción" mediante el uso de representaciones de roles y terapia de rol fijo, entre otros.
May, Rollo
Rollo May nació el 21 de abril de 1909 en Ada, Ohio, y Creció en Marine City, Michigan, donde prevalecía una actitud de clase media estadounidense anti intelectual. Su padre comentó varias veces que un episodio sicótico experimentado por la hermana mayor de Rollo se debió a “demasiada educación”. May sintió que el comentario fue “inhumano y destructivo” y llegó a odiar la “enfermedad” del antiintelectualismo. Sin embargo, indicó que en otros aspectos su padre era un hombre muy simpático (1983).
May se graduó en el colegio Oberlin en Ohio donde completó el bachillerato en artes en 1930. Allí, se maravilló ante las líneas simples pero hermosas de una antigua vasija griega exhibida en uno de los salones de clase y decidió ir a Grecia, lo cual hizo de inmediato después de su graduación. Trabajó en Grecia durante tres años, impartía clases en el Colegio de Anatolia en Salónica y viajaba durante el verano. Pasó dos veranos con un grupo de artistas modernos, pintando y estudiando arte campesino. El impacto de la mitología y filosofía griegas es claro en sus escritos. También fue a Viena y estudió de manera breve con Alfred Adler, cuyo enfoque influyó en él en forma considerable.
Los padres de May se divorciaron mientras él estaba en Unión, así que interrumpió sus estudios y regresó a East Lansing, Michigan, para cuidar de lo que quedaba de su familia: su madre, una hermana menor y un hermano. Durante ese tiempo, sirvió como consejero estudiantil en el Colegio Estatal de Michigan. Pudo regresar a Nueva York y terminar su licenciatura en teología en 1938. Durante sus últimos años en Union escribió su primer libro, The Art. Of. Counceling.
Más tarde, May sirvió como ministro parroquial en Montclair, Nueva Yérsey, antes de regresar a Nueva York para estudiar psicoanálisis en el Instituto William Alanson White de Psiquiatría, Psicoanálisis y Psicología. Se inscribió en la Universidad Columbia y recibió su primer doctorado en psicología clínica.
La vida profesional de May ha sido ocupada y productiva. Sirvió como consejero para estudiantes universitarios en el City Collage de Nueva York, desarrolló una práctica privada en psicoanálisis y se convirtió en miembro del Instituto White. Ha impartido enseñanza en la Escuela Nueva para la Investigación Social, la Universidad de Nueva York, Harvard, Yale y Princeton. Tiene numerosas publicaciones y ha sido galardonado con varios premios. En la actualidad, may vive en Tiburón, California.
May señaló (1967) que en la segunda mitad del siglo XX, el problema central que se enfrentaría sería un sentimiento de impotencia, una “convicción penetrante de que el individuo no puede hacer algo efectivo frente a los enormes problemas culturales, sociales y económicos”. Los sentimientos de impotencia son agravados por la ansiedad y la pérdida de los valores tradicionales.
El problema de la impotencia es mucho más profundo que el hecho de que ésta es una época de incertidumbre y de agitación social. De hecho, el “mundo desarrollado” a menudo actúa como si no hubiera problemas reales en el “mundo en desarrollo” a pesar de su pobreza y sufrimientos masivos (Sloan, 1990). Con el incremento en la tecnología, el poder se ha vuelto impersonal, una fuerza autónoma que actúa a nombre propio (1967).
May propuso la siguiente definición de ansiedad: “La ansiedad es la aprensión caracterizada por una amenaza a algún valor que el individuo considera esencial para su existencia como persona” (1977). La ansiedad es una característica inevitable del ser humano (1983), algo determinado. La ansiedad no tiene objeto, “debido a que ataca a esa base de la estructura psicológica en la que ocurre la percepción de uno mismo como distinto del mundo de los objetos” (1977). Por tanto, en la ansiedad, la distinción entre uno mismo y el objeto, se rompe.
El potencial para la ansiedad es innato, aunque los acontecimientos particulares que pueden volverse amenazadores son aprendidos. El temor es la expresión de la ansiedad en una forma objetivada específica. May sugiere que la ansiedad es intensificada en la cultura competitiva contemporánea por el aislamiento y la enajenación interpersonales que han surgido de un patrón particular en el que el yo es considerado como un objeto y la autovalidación depende del éxito sobre los demás (1977). La ansiedad, por tanto, es otro síntoma de un problema más profundo.
Los grandes esfuerzos actuales por disipar la ansiedad en realidad terminan incrementándola. May recuerda que no se puede vivir en una condición vacía por un período prolongado (1953). Se necesita algo para llenar el hueco, sea una autoridad destructiva, fármacos o alcohol. Al principio de este siglo, el vacío emocional en Europa permitió que los dictadores fascistas tomaran el poder.
El origen de los problemas se ubica en la pérdida del centro de valores en la sociedad (1967). Desde el renacimiento, el valor dominante en la sociedad occidental ha sido el prestigio competitivo medido en términos de trabajo y éxito financiero. Tales valores ya no son efectivos en el mundo posmoderno en el que se tiene que aprender a trabajar con otras personas a fin de sobrevivir. La competencia individual ya no proporciona el mayor bien ni para uno mismo ni para la comunidad. En su lugar, crea problemas donde antes no lo hacía.
Nuestra capacidad para colocarnos fuera de nosotros mismos y relacionarnos con las demás personas nos permite crear valores que ayudan a moldear nuestras vidas (1967). Por varios siglos, fuimos capaces de validarnos con nuestro poder sobre la naturaleza. Luego comenzamos a suministrar los métodos que han sido tan exitosos para el entendimiento y control de nuestra propia naturaleza. Al hacerlo, nos ofrecemos como objetos interpersonales que podían ser explotados. Junto con la pérdida del valor dominante del individualismo, se perdió un sentimiento de valía y dignidad del ser humano. Nos alejamos de la naturaleza y el uno del otro. En la actualidad, muchas personas están más cómodas conversando con una computadora que con otro ser humano. La soledad y el aislamiento que fueron potenciales en la sociedad occidental se han vuelto evidentes en forma amplia en nuestra época.
La respuesta a nuestro dilema es descubrir y afirmar una serie nueva de valores. Aquí, la postura existencial de May se vuelve evidente. Debido a que no tenemos “esencia” , no hay valores dados o “preestablecidos” en los que podamos apoyarnos. Nuestros valores son establecidos en el curso de nuestra existencia y nuestro destino incluye ahora la situación histórica en la que nos hemos colocado (1981). No puede haber una reafirmación simple de nuestra “esencia” humana, debido a que no hay ninguna; el ser humano está de manera permanente en el proceso de transformarse. Tenemos que elegir nuestros valores en el proceso de vivir.
May cree que la conciencia del yo es el distintivo único de la persona humana. La conciencia de sí mismo le permite al ser humano discernir entre él y el mundo, aprender del pasado y planear para el futuro, percibirse a sí mismo como lo hacen los demás y tener empatía con la gente que lo rodea. Sin embargo, la conciencia trae consigo el riego de la ansiedad y la crisis interior. Significa que debemos sostenernos por nuestra cuenta y desarrollar una identidad aparte de la de nuestros padres y antepasados. Incluso podemos ponernos en contra de ellos, si es necesario.
El ser humano, para auto realizarse, debe hacerlo en forma consciente por medio de la elección y la afirmación. La identidad no es automática, sino que nace en un contexto social y crece en las relaciones interpersonales. Sin embrago, el énfasis de may no se encuentra en la forma en que somos creados por otros sino en nuestra capacidad para desarrollar y experimentar nuestros propios yo.
La teoría de Rollo May une la tradición psicoanalítica en la psicología y el
Movimiento existencialista en la filosofía. Al combinar los discernimientos
Del psicoanálisis y del existencialismo, May logró desarrollar su propia
Perspectiva original, al hacerlo ha ayudado a destacar la importancia de la
Filosofía y el entendimiento de los valores para el psicólogo y para la teoría
De la personalidad.
Nació en Brooklyn, Nueva York el 1 de abril de 1908.
Fue el primero de siete hermanos y sus padres eran emigrantes judíos no ortodoxos de Rusia. Estos, con la esperanza de lograr lo mejor para sus hijos en el nuevo mundo, le exigieron bastante para alcanzar el éxito académico. De manera poco sorprendente, Abraham fue un niño bastante solitario, refugiándose en los libros.
Para satisfacer a sus padres, primero estudió leyes en el City Collage de Nueva York (CCNY). Después de tres semestres, se transfirió a Cornell y luego volvió a CCNY. Se casó con Berta Goodman, su prima mayor, en contra de los deseos de sus padres. Abraham y Berta tuvieron dos hijas.
Ambos se trasladaron a vivir a Wisconsin de manera que él pudiese acudir a la Universidad de la citada ciudad. Fue aquí donde empezó a interesarse por la psicología y su trabajo empezó a mejorar considerablemente. Pasaba tiempo trabajando con Harry Harlow, famoso por sus experimentos con crías de monos para estudiar su comportamiento del apego.
Recibió su BA en 1930, su MA en 1931 y su doctorado en 1934, todos en psicología y de la Universidad de Wisconsin. Es en este año cuando propone la teoría psicológica llamada hoy en día "Jerarquía de necesidades de Maslow", la cual es una teoría sobre la motivación humana. Un año después de su graduación, volvió a Nueva York para trabajar con E. L. Thorndike en la Universidad de Columbia, donde empezó a interesarse en la investigación de la sexualidad humana.
Comenzó entonces a dar clases a tiempo completo en el Brooklyn Collage. Durante este periodo de su vida, entró en contacto con muchos inmigrantes europeos que llegaban a Estados Unidos, y en especial a Brooklyn; personas como Alfred Adler, Erich Fromm, Karen Horney, así como varios psicólogos de la Gestalt y freudianos.
En 1951 Maslow pasó a ser Jefe del departamento de Psicología en Brandeis, permaneciendo allí durante diez años, teniendo la oportunidad de conocer a Kurt Goldstein (quien le introdujo al concepto de auto-realización) y empezó su propia andadura teórica. Fue aquí también donde empezó su cruzada a favor de la psicología humanística; algo que llegó a ser bastante más importante que su propia teoría.
Se le considera el iniciador de la tercera tendencia de la psicología. Las otras dos son el psicoanálisis (Freud) y el conductismo (Watson).
Teoría jerárquica de las necesidades de Maslow
La jerarquía de necesidades de Maslow se describe a menudo como una pirámide que consta de cinco niveles: los cuatro primeros niveles pueden ser agrupados como «necesidades de déficit» al nivel superior lo denominó «auto-actualización», «motivación de crecimiento», o «necesidad de ser» «La diferencia estriba en que mientras las necesidades de déficit pueden ser satisfechas, la necesidad de ser es una fuerza impelente continua.
Necesidades fisiológicas
Son necesidades fisiológicas básicas para mantener la homeostasis (referente a la salud); dentro de estas, las más evidentes son:
• Necesidad de respirar, beber agua, y alimentarse.
• Necesidad de mantener el equilibrio del pH y la temperatura corporal.
• Necesidad de dormir, descansar, eliminar los desechos.
• Necesidad de evitar el dolor y tener relaciones sexuales.
Necesidades de seguridad y protección
Estas surgen cuando las necesidades fisiológicas se mantienen compensadas. Son las necesidades de sentirse seguro y protegido; incluso desarrollar ciertos límites de orden. Dentro de ellas se encuentran:
• Seguridad física, de salud.
• Seguridad de empleo, de ingresos y recursos.
• Seguridad moral, familiar, de propiedad privada.
Necesidades de afiliación y afecto
Están relacionadas con el desarrollo afectivo del individuo, son las necesidades de asociación, participación y aceptación. Se satisfacen mediante las funciones de servicios y prestaciones que incluyen actividades deportivas, culturales y recreativas. El ser humano por naturaleza siente la necesidad de relacionarse, ser parte de una comunidad, de agruparse en familias, con amistades o en organizaciones sociales. Entre estas se encuentran: la amistad, el compañerismo, el afecto y el amor.
Necesidades de estima
Maslow describió dos tipos de necesidades de estima, una alta y otra baja.
• La estima alta concierne a la necesidad del respeto a uno mismo, e incluye sentimientos tales como confianza, competencia, maestría, logros, independencia y libertad.
• La estima baja concierne al respeto de las demás personas: la necesidad de atención, aprecio, reconocimiento, reputación, estatus, dignidad, fama, gloria, e incluso dominio.
La merma de estas necesidades se refleja en una baja autoestima y el complejo de inferioridad.
Auto-realización o auto-actualización
Este último nivel es algo diferente y Maslow utilizó varios términos para denominarlo: «motivación de crecimiento», «necesidad de ser» y «auto-realización».
Son las necesidades más elevadas, se hallan en la cima de la jerarquía, y a través de su satisfacción, se encuentra un sentido a la vida mediante el desarrollo potencial de una actividad. Se llega a ésta cuando todos los niveles anteriores han sido alcanzados y completados, al menos, hasta cierto punto.
Maslow consideró auto-realizados a un grupo de personajes históricos que estimaba cumplían dichos criterios: Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, Mahatma Gandhi, Albert Einstein, Eleanor Roosevelt, William James, entre otros.
Maslow dedujo de sus biografías, escritos y actividades, una serie de cualidades similares; estimaba que eran personas:
• centradas en la realidad, que sabían diferenciar lo falso o ficticio de lo real y genuino;
• centradas en los problemas, que enfrentan los problemas en virtud de sus soluciones;
• con una percepción diferente de los significados y los fines.
En sus relaciones con los demás, eran personas:
• con necesidad de privacidad, sintiéndose cómodos en esta situación;
• independientes de la cultura y el entorno dominante, basándose más en experiencias y juicios propios;
• resistentes a la enculturación, pues no eran susceptibles a la presión social; eran inconformistas;
• con sentido del humor no hostil, prefiriendo bromas de sí mismos o de la condición humana;
• buena aceptación de sí mismo y de los demás, tal como eran, no pretenciosos ni artificiales;
• frescura en la apreciación, creativos, inventivos y originales;
• con tendencia a vivir con más intensidad las experiencias que el resto de la humanidad.
Aparte de las necesidades mencionadas, Maslow propone dos necesidades más: las necesidades cognitivas y las necesidades estéticas, pero no las ubicó en un lugar específico dentro de la jerarquía.
Las necesidades cognitivas o de saber y comprender son motivos que provienen de las necesidades básicas. El ser humano normal lleva intrínsecamente el deseo de saber, ya que no es un ser pasivo y no debe dar las cosas por sentadas. El no satisfacer estas necesidades trae como consecuencia la frustración y el egoísmo.
Las necesidades estéticas incluyen necesidades por el orden, la simetría y el cierre, la necesidad de aliviar tensión producida por una labor no terminada y la necesidad de estructurar hechos. Maslow plantea que alrededores hermosos y circunstancias agradables favorecen el desarrollo de las personas.
Maslow ha sido una figura muy inspiradora dentro de las teorías de personalidad. Buscaban un sentido y un propósito en sus vidas, incluso un sentido mucho más místico y trascendental. Maslow fue uno de los pioneros en ese movimiento de traer nuevamente al ser humano a la psicología y a la persona a la personalidad.
George Nelly
George Kelly nació el 28 de abril de 1905, en una granja cercana a Perth, Kansas. Fue el único hijo de Theodore y Elfleda Kelly. Su padre era al principio un ministro presbiteriano que se había retirado a la granja por prescripción médica. Su madre era una profesora de colegio.
La escolaridad de George fue de lo más errática.
Se mudó a Sheldon, Iowa donde enseñó y supervisó clases de teatro dramático en un colegio. Allí conoció a la que sería su mujer, Gladis Thompson. Después de unos cuantos trabajos de corto plazo, recibió una beca para acudir a la Universidad de Edimburgo, donde recibió su título de grado en Educación dentro de Psicología. En 1931, recibió su licenciatura en psicología de la Universidad Estatal de Iowa. Entonces, durante la depresión y mientras trabajaba en el Fort Hays Kansas State Collage, fue cuando desarrolló su teoría y sus técnicas clínicas. Durante la Segunda Guerra Mundial, Kelly prestó sus servicios como psicólogo de aviación dentro de la Marina, seguido de un trabajo obligatorio en la Universidad de Maryland.
En 1946, sustituye por la Universidad estatal de Ohio; un año después de que Carl Rogers se había ido, adquiriendo la dirección de su programa clínico. Fue aquí donde su teoría maduró; donde escribió sus dos volúmenes, La Psicología de los Constructos y donde influenciaría a un gran número de estudiantes.
En 1965, empezó a ocuparse de trabajos de investigación en la Universidad Brandeis, donde trabajaba Maslow. Por desgracia, murió muy poco tiempo después, el 6 de marzo de 1967.
George Kelly estaba enseñando psicología fisiológica en Fort Hays Kansas State Collage en 1931. Era la época de la depresión y los trastos sucios. Al reconocer las penurias y sufrimientos de las familias granjeras de esta parte del centro-oeste de Kansas, decidió hacer algo más humanitario con su vida: decidió desarrollar un servicio clínico rural. En principio, Kelly usó el entrenamiento freudiano estándar que cualquier psicólogo licenciado recibía en esos días. Tenía a estas personas tumbadas en el diván, asociando libremente, contándole sus sueños. Cuando veía resistencias o símbolos de necesidades agresivas o sexuales, pacientemente transmitía sus impresiones con ellos. Era sorprendente ver cómo estas relativamente poco sofisticadas personas recibían fácilmente estas explicaciones sobre sus problemas. Era seguro que, dada su cultura, estas personas debían recibir como terriblemente raras las interpretaciones clásicas freudianas. Sin embargo, no era así. Aparentemente, las personas ponían su fe en él, el profesional.
No obstante, el propio Kelly no estaba conforme con las interpretaciones clásicas freudianas. Las consideraba un poco fuera de tiempo y lugar, como muy poco apropiadas para la vida de las familias granjeras de Kansas. Con lo que, a medida que pasó el tiempo, empezó a notar que sus interpretaciones de los sueños y demás se estaban volviendo cada vez menos ortodoxas. De hecho, empezó a hacerlas como ¡explicaciones! Sus clientes le escuchaban tan atentamente como siempre y empezó a mejorar lenta pero firmemente.
Empezó a creer que lo que verdaderamente le importaba a estas personas era que tenían una explicación para lo que les pasaba; que tenían una vía para comprender sus dificultades. Lo que importaba era que el “caos” de sus vidas desarrollaban un cierto orden. Y descubrió que, mientras que se aceptaba de buena manera cualquier orden que surgiera de una figura de autoridad, cualquier orden y comprensión que proviniera de sus propias vidas, de su propia cultura, era incluso mejor.
Teoría
La teoría de Kelly empieza con lo que él llama “la metáfora prodigiosa”. Kelly había observado mucho tiempo atrás que tanto los científicos, como los terapeutas usualmente demostraban una actitud peculiar ante las personas: mientras que se veían a sí mismos de manera bastante bien, tendían a lo contrario con sus clientes; al tiempo que se consideraban como embarcados en las finas artes de la razón y el empirismo, veían a la gente común como víctimas de sus energías sexuales o de sus historias condicionantes. Pero Kelly, ayudándose de sus experiencias con sus estudiantes y granjeros de Kansas, notó que estas personas comunes también estaban envueltos en los temas de la ciencia; ellos también estaban intentando comprender lo que les ocurría.
O sea, que las personas comunes también son científicas. Tienen construcciones de su realidad, de la misma forma en que los científicos tienen teorías. Tienen expectativas o anticipaciones, como los científicos poseen hipótesis. Se embarcan en comportamientos que prueban esas expectativas, como los científicos hacen con sus experimentos. Mejoran su comprensión de la realidad sobre la base de sus experiencias, como los científicos ajustan su teoría para que encaje en los hechos. Toda la teoría de Kelly surge de esta metáfora.
Kelly organizó su teoría en un postulado fundamental y en 11 corolarios. Su postulado fundamental dice así: “Los procesos de una persona son canalizados psicológicamente a medida que anticipan los eventos.”
Kelly define los procesos como nuestras experiencias, pensamientos, sentimientos, comportamientos y cualquier otra cosa que nos dejemos en el tintero. Todas estas cosas están determinadas, no solamente por la realidad externa, sino por nuestros esfuerzos de anticiparnos al mundo, a otras personas, y a nosotros mismos, en todo momento y siempre, día tras día, año tras año.
El Corolario de la Construcción
“Una persona anticipa los eventos cuando construye sus reproducciones exactas”.
Esto quiere decir que construimos nuestras anticipaciones usando nuestra experiencia pasada. Somos fundamentalmente criaturas conservadoras; esperamos que las cosas ocurran tal y como lo han hecho antes. Buscamos los patrones, las consistencias, en nuestras experiencias. Si preparo mi alarma de mi reloj, espero que suene a la hora en que lo he puesto, ya que esto lo ha hecho desde que lo tengo. Si me comporto de forma amable con alguien, yo espero que me respondan de la misma manera.
El Corolario de la experiencia
“El sistema de construcción de una persona varía a medida que sucesivamente construye las reproducciones exactas de los eventos.”
Cuando las cosas no ocurren de la manera en que esperamos que lo hagan, tenemos que adaptarnos, tenemos que reconstruir. Esta nueva experiencia altera nuestras futuras anticipaciones. Aprendemos.
Este sería el paso desde la experimentación y observación a la validación o reconstrucción: basándome en los resultados de nuestro experimento (los comportamientos que llevamos a cabo) o en nuestras observaciones (las experiencias que tengo), podemos mantener nuestra fe en la teoría de la realidad que creamos o la cambiamos por otra.
El corolario de la dicotomía
“El sistema de construcción de una persona está compuesto de un número finito de constructos dicotómicos.”
Guardamos la experiencia en forma de constructos, término al cual también Kelly ha llamado “conceptos útiles”, “ficciones convenientes” y “plantillas transparentes”. Lo que hacemos es “colocar” estas “plantillas” en el mundo, guiando nuestras percepciones y comportamientos.
Con frecuencia les llama constructos personales, enfatizando el hecho de que son tuyos y de nadie más; únicos para ti. Un constructo no es un título o categoría, o cajón de sastre, o dimensión que yo como psicólogo te coloco a ti, esa persona común. Es un poco el cómo ves el mundo.
Son muchos los constructos que tienen nombre o pueden nombrarse fácilmente: bueno-malo, contento-triste, introvertido-extravertido, fluorescente-incandescente...pero existen otros que no son nombrables. Los bebés, e incluso los animales, tienen constructos: comida-que-me-gusta vs. Comida-que-escupo; peligro vs. Seguridad; mamá vs. Extraño.
Otra diferenciación que hace Kelly con respecto a los constructos se refiere a los constructos periféricos y centrales.
- Los constructos periféricos son aquellos más universales, propios de los demás aunque incluyen aspectos propios de uno mismo.
- Los centrales, por otro lado, son aquellos más significativos para uno mismo, hasta el extremo de que determinan lo que somos. Escriba los primeros 10 o 20 adjetivos que se le ocurran sobre sí mismo; esto sería algo muy cercano a los constructos centrales. Los constructos centrales es lo más cercano de Kelly a la idea de self.
El corolario de la organización
“De forma característica, cada persona desarrolla (en virtud de su conveniencia anticipando los eventos) un sistema de construcción que engloba relaciones ordinales entre los constructos”
Los constructos no están simplemente flotando sin conexión alguna. Si están ahí, no podríamos ser capaces de usar una sola pizca de información sin que eso nos lleve a otra (¡no seríamos capaces de anticipar!) Cuando nos mencionan la forma de ser de esa chica con la que vamos a salir y que no conocemos; de que tiene una gran personalidad y es guapa, llegamos a creer que cuando la veamos será como Cuasimodo. ¿Cómo hemos llegado desde “gran personalidad” a “Cuasimodo”? ¡Por la organización!
Algunos constructos están subordinados a otros, o “bajo” otros constructos. Hay dos versiones de esto. Primero, hay una especie taxonómica de subordinación, como las “ramas” de la vida animal o vegetal que aprendemos en la escuela cuando damos biología. Hay seres vivos versus seres no-vivos, por ejemplo: cosas subordinadas a seres vivos serían, digamos, plantas versus animales; bajo plantas, podría haber árboles versus flores; bajo árboles, podría haber coníferas versus decidías; y así, sucesivamente.
Imagínense, estos son constructos personales, no constructos científicos aunque de hecho son constructos taxonómicos. Podrían ser o no los mismos constructos científicos que usamos en biología o no. Tengo una planta conífera llamada árbol de Navidad.
El corolario del rango
“Un constructo es conveniente para su anticipación exclusivamente para un rango finito de eventos.”
Cualquier constructo no es válido para todo. El constructo de género (macho-hembra) es para la mayoría de nosotros algo de importancia solo con personas y para algunos animales superiores como las mascotas y nuestro ganado. Pocos de nosotros nos preocupamos sobre el sexo de una mosca, o de un cocodrilo o de incluso un armadillo. Y creo que nadie aplica el género a las formaciones geológicas o a los partidos políticos. Estas cosas están fuera del rango de conveniencia del constructo de género.
Algunos constructos son muy amplios; o lo que es lo mismo, extensos en su aplicación. Bueno-malo es quizás el constructo más amplio de todos, ya que se puede aplicar casi a cualquier cosa. Otros constructos son más incidentales o específicos. Fluorescente-incandescente es un constructo bastante específico, ya que solo puede aplicarse a las bombillas.
El corolario de la modulación
“La variación en el sistema de construcciones de una persona está limitada a la permeabilidad de los constructos dentro de cuyos rangos de conveniencia descansa las variantes.”
Algunos constructos son “elásticos”; tienden a “modular”; son permeables, lo que significa que están abiertos a ampliar el rango donde se sitúan. Otros constructos son relativamente impermeables.
El corolario de la selección
“Una persona selecciona o escoge para sí misma aquella alternativa en un constructo dicotómico a través de la cual poder anticipar una mayor posibilidad de extensión y definición de su sistema.”
Con todos estos constructos y todos estos polos, ¿cómo escogemos nuestros comportamientos? Kelly dice que seleccionamos la actuación que llevaremos a cabo aquello que anticipamos como más elaborado dentro de nuestro sistema de construcción; es decir, aquello que mejore nuestra comprensión, nuestra habilidad para anticiparnos. La realidad nos ofrece límites ante aquello que podemos experimentar o hacer, pero nosotros escogemos cómo construir o interpretar esa realidad. Y también escogemos interpretar esa realidad de la forma en que creamos que mejor nos vendrá.
Comúnmente, nuestras selecciones están entre alternativas aventuradas y otras más seguras. Podríamos, digamos, extender nuestra comprensión sobre la interacción humana heterosexual (ligar) a través de apoyarnos en una elección aventurada de acudir a más fiestas, conocer más personas, desarrollar más relaciones sociales y demás
El corolario de la individualidad
“Las personas difieren unas de otras en su construcción de los eventos.”
Dado que cada uno de nosotros tiene experiencias distintas, la construcción de la realidad de cada uno es diferente. Recordemos que Kelly llama a su teoría, la teoría de los constructos personales. Él no está de acuerdo con los sistemas de clasificación, con los tipos personales o con los tests de personalidad. Su propio y famoso “test rep”, si lo analizamos, no es para nada una prueba en el sentido tradicional.
El corolario de la globalidad
“Siempre que una persona emplea una construcción de experiencias similar a la empleada por otra, sus procesos psicológicos serán parecidos a los de esa otra persona.”
El hecho de que seamos diferentes todos no quiere decir que no seamos similares. Si nuestro sistema de construcción (nuestra comprensión de la realidad) es similar, así serán también nuestras experiencias, nuestros comportamientos y nuestros sentimientos. Por ejemplo, si compartimos la misma cultura; si percibimos las cosas de forma parecida, y mientras más cercanos estemos entre sí, más similares seremos.
De hecho, Kelly dice que gastamos gran parte de nuestro tiempo buscando la validación de otras personas. Un hombre que está sentado en un bar de su vecindario que grita “¡mujeres!”, lo hace con la expectativa de que sus colegas en el bar respondan con el apoyo de su visión del mundo de que en ese preciso momento está desesperado por conseguir “¡Siiiiiií, mujeres!, no podemos vivir sin ellas ni con ellas.” El mismo escenario se aplica, con sus diferencias necesarias, a las mujeres. Y escenarios similares se pueden también aplicar a los niños preescolares, a las pandillas adolescentes, al clan, a los partidos políticos, a las conferencias científicas y demás. Buscamos el apoyo de aquellos que son similares a nosotros. ¡Sólo ellos saben cómo verdaderamente nos sentimos!
El corolario de la fragmentación
“Una persona puede usar sucesivamente una construcción de subsistemas, los cuales son hipotéticamente incompatibles con el resto”
El corolario de la fragmentación dice que podemos ser inconsistentes con nosotros mismos. De hecho, es raro encontrar a una persona que tenga “todo perfectamente atado” y que funcione en todo momento como una personalidad unificada. Por ejemplo, casi todos nosotros, representamos diferentes papeles a lo largo de nuestra vida: soy un hombre, un esposo, un padre, un hijo, un profesor; soy alguien con una cierta etnia y me identifico con una política, una religión y una filosofía.; a veces soy un paciente; otras un consumidor, y otras un buen comensal. Y desde luego no soy el mismo en esos diversos papeles.
A veces los roles están separados por las circunstancias. Un hombre puede ser policía en la noche, actuando como una persona fuerte, autoritaria y eficiente. Pero durante el día, puede ser un padre, actuando gentilmente, cariñoso y afectivo. Una vez que separamos las circunstancias, los roles no entran en conflicto. Pero si no lo hacemos, vemos como este hombre puede encontrarse en la situación de ¡arrestar a su propio hijo! O puede verse siendo un padre fuerte y decidido en un minuto y en el siguiente siendo un padre sobre protector.
El corolario de la sociabilidad
“Hasta el punto de que una persona construye los procesos de construcción de otra, ésta puede tener un papel en los procesos sociales que envuelven a la otra persona.”
Aunque no seas realmente similar a otra persona, aún puedes relacionarte con ella. De hecho, puedes “construir de igual manera a como construye otro”; “meterte dentro de su cabeza”; “percibir de dónde viene” y “saber lo que quiere decir”. En otras palabras, me puedo situar en una posición aledaña a mí mismo (a través del corolario de la fragmentación) para “ser” otra persona.
Esto es una parte importante del “role playing”, dado que cuando estás actuando un papel, lo haces hacia o con otra persona; alguien que necesitas comprender para poder relacionarte con ella. Kelly pensó que esto era tan importante que lo llamó la teoría del rol, pero el nombre ya había sido escogido con anterioridad. De hecho, estas ideas provienen de la escuela de pensamiento en sociología fundada por George Herbert Mead.
De acuerdo con Kelly, los trastornos psicológicos ocurren cuando una persona se aferra a los constructos personales y continúa usándolos a pesar del hecho de que la experiencia subsiguiente no los valide. Dicho individuo tiene dificultad para anticipar y predecir acontecimientos y es incapaz de aprender de las experiencias. La psicoterapia, entonces, consiste en un método de "reconstrucción" mediante el uso de representaciones de roles y terapia de rol fijo, entre otros.
May, Rollo
Rollo May nació el 21 de abril de 1909 en Ada, Ohio, y Creció en Marine City, Michigan, donde prevalecía una actitud de clase media estadounidense anti intelectual. Su padre comentó varias veces que un episodio sicótico experimentado por la hermana mayor de Rollo se debió a “demasiada educación”. May sintió que el comentario fue “inhumano y destructivo” y llegó a odiar la “enfermedad” del antiintelectualismo. Sin embargo, indicó que en otros aspectos su padre era un hombre muy simpático (1983).
May se graduó en el colegio Oberlin en Ohio donde completó el bachillerato en artes en 1930. Allí, se maravilló ante las líneas simples pero hermosas de una antigua vasija griega exhibida en uno de los salones de clase y decidió ir a Grecia, lo cual hizo de inmediato después de su graduación. Trabajó en Grecia durante tres años, impartía clases en el Colegio de Anatolia en Salónica y viajaba durante el verano. Pasó dos veranos con un grupo de artistas modernos, pintando y estudiando arte campesino. El impacto de la mitología y filosofía griegas es claro en sus escritos. También fue a Viena y estudió de manera breve con Alfred Adler, cuyo enfoque influyó en él en forma considerable.
Los padres de May se divorciaron mientras él estaba en Unión, así que interrumpió sus estudios y regresó a East Lansing, Michigan, para cuidar de lo que quedaba de su familia: su madre, una hermana menor y un hermano. Durante ese tiempo, sirvió como consejero estudiantil en el Colegio Estatal de Michigan. Pudo regresar a Nueva York y terminar su licenciatura en teología en 1938. Durante sus últimos años en Union escribió su primer libro, The Art. Of. Counceling.
Más tarde, May sirvió como ministro parroquial en Montclair, Nueva Yérsey, antes de regresar a Nueva York para estudiar psicoanálisis en el Instituto William Alanson White de Psiquiatría, Psicoanálisis y Psicología. Se inscribió en la Universidad Columbia y recibió su primer doctorado en psicología clínica.
La vida profesional de May ha sido ocupada y productiva. Sirvió como consejero para estudiantes universitarios en el City Collage de Nueva York, desarrolló una práctica privada en psicoanálisis y se convirtió en miembro del Instituto White. Ha impartido enseñanza en la Escuela Nueva para la Investigación Social, la Universidad de Nueva York, Harvard, Yale y Princeton. Tiene numerosas publicaciones y ha sido galardonado con varios premios. En la actualidad, may vive en Tiburón, California.
May señaló (1967) que en la segunda mitad del siglo XX, el problema central que se enfrentaría sería un sentimiento de impotencia, una “convicción penetrante de que el individuo no puede hacer algo efectivo frente a los enormes problemas culturales, sociales y económicos”. Los sentimientos de impotencia son agravados por la ansiedad y la pérdida de los valores tradicionales.
El problema de la impotencia es mucho más profundo que el hecho de que ésta es una época de incertidumbre y de agitación social. De hecho, el “mundo desarrollado” a menudo actúa como si no hubiera problemas reales en el “mundo en desarrollo” a pesar de su pobreza y sufrimientos masivos (Sloan, 1990). Con el incremento en la tecnología, el poder se ha vuelto impersonal, una fuerza autónoma que actúa a nombre propio (1967).
May propuso la siguiente definición de ansiedad: “La ansiedad es la aprensión caracterizada por una amenaza a algún valor que el individuo considera esencial para su existencia como persona” (1977). La ansiedad es una característica inevitable del ser humano (1983), algo determinado. La ansiedad no tiene objeto, “debido a que ataca a esa base de la estructura psicológica en la que ocurre la percepción de uno mismo como distinto del mundo de los objetos” (1977). Por tanto, en la ansiedad, la distinción entre uno mismo y el objeto, se rompe.
El potencial para la ansiedad es innato, aunque los acontecimientos particulares que pueden volverse amenazadores son aprendidos. El temor es la expresión de la ansiedad en una forma objetivada específica. May sugiere que la ansiedad es intensificada en la cultura competitiva contemporánea por el aislamiento y la enajenación interpersonales que han surgido de un patrón particular en el que el yo es considerado como un objeto y la autovalidación depende del éxito sobre los demás (1977). La ansiedad, por tanto, es otro síntoma de un problema más profundo.
Los grandes esfuerzos actuales por disipar la ansiedad en realidad terminan incrementándola. May recuerda que no se puede vivir en una condición vacía por un período prolongado (1953). Se necesita algo para llenar el hueco, sea una autoridad destructiva, fármacos o alcohol. Al principio de este siglo, el vacío emocional en Europa permitió que los dictadores fascistas tomaran el poder.
El origen de los problemas se ubica en la pérdida del centro de valores en la sociedad (1967). Desde el renacimiento, el valor dominante en la sociedad occidental ha sido el prestigio competitivo medido en términos de trabajo y éxito financiero. Tales valores ya no son efectivos en el mundo posmoderno en el que se tiene que aprender a trabajar con otras personas a fin de sobrevivir. La competencia individual ya no proporciona el mayor bien ni para uno mismo ni para la comunidad. En su lugar, crea problemas donde antes no lo hacía.
Nuestra capacidad para colocarnos fuera de nosotros mismos y relacionarnos con las demás personas nos permite crear valores que ayudan a moldear nuestras vidas (1967). Por varios siglos, fuimos capaces de validarnos con nuestro poder sobre la naturaleza. Luego comenzamos a suministrar los métodos que han sido tan exitosos para el entendimiento y control de nuestra propia naturaleza. Al hacerlo, nos ofrecemos como objetos interpersonales que podían ser explotados. Junto con la pérdida del valor dominante del individualismo, se perdió un sentimiento de valía y dignidad del ser humano. Nos alejamos de la naturaleza y el uno del otro. En la actualidad, muchas personas están más cómodas conversando con una computadora que con otro ser humano. La soledad y el aislamiento que fueron potenciales en la sociedad occidental se han vuelto evidentes en forma amplia en nuestra época.
La respuesta a nuestro dilema es descubrir y afirmar una serie nueva de valores. Aquí, la postura existencial de May se vuelve evidente. Debido a que no tenemos “esencia” , no hay valores dados o “preestablecidos” en los que podamos apoyarnos. Nuestros valores son establecidos en el curso de nuestra existencia y nuestro destino incluye ahora la situación histórica en la que nos hemos colocado (1981). No puede haber una reafirmación simple de nuestra “esencia” humana, debido a que no hay ninguna; el ser humano está de manera permanente en el proceso de transformarse. Tenemos que elegir nuestros valores en el proceso de vivir.
May cree que la conciencia del yo es el distintivo único de la persona humana. La conciencia de sí mismo le permite al ser humano discernir entre él y el mundo, aprender del pasado y planear para el futuro, percibirse a sí mismo como lo hacen los demás y tener empatía con la gente que lo rodea. Sin embargo, la conciencia trae consigo el riego de la ansiedad y la crisis interior. Significa que debemos sostenernos por nuestra cuenta y desarrollar una identidad aparte de la de nuestros padres y antepasados. Incluso podemos ponernos en contra de ellos, si es necesario.
El ser humano, para auto realizarse, debe hacerlo en forma consciente por medio de la elección y la afirmación. La identidad no es automática, sino que nace en un contexto social y crece en las relaciones interpersonales. Sin embrago, el énfasis de may no se encuentra en la forma en que somos creados por otros sino en nuestra capacidad para desarrollar y experimentar nuestros propios yo.
La teoría de Rollo May une la tradición psicoanalítica en la psicología y el
Movimiento existencialista en la filosofía. Al combinar los discernimientos
Del psicoanálisis y del existencialismo, May logró desarrollar su propia
Perspectiva original, al hacerlo ha ayudado a destacar la importancia de la
Filosofía y el entendimiento de los valores para el psicólogo y para la teoría
De la personalidad.
martes, 28 de abril de 2009
Bandura, Allport y Murray
Albert Bandura
Nació el 4 de diciembre de 1925 en la pequeña localidad de Mundare en Alberta del Norte, Canadá. Al finalizar el bachillerato, trabajó durante un verano rellenando agujeros en la autopista de Alaska en el Yukon.
Completó su licenciatura en Psicología de la Universidad de Columbia Británica en 1949. Luego se trasladó a la Universidad de Iowa, donde conoció a Virginia Varns, una instructora de la escuela de enfermería. Se casaron y más tarde tuvieron dos hijas. Después de su graduación, asumió una candidatura para ocupar el post-doctorado en el Wichita Guidance Center en Wichita, Kansas.
En 1953, empezó a enseñar en la Universidad de Stanford. Mientras estuvo allí, colaboró con su primer estudiante graduado, Richard Walters, resultando un primer libro titulado Agresión Adolescente en 1959.
En 1965 se unió al investigador Walter Mischel y se le ha elegido presidente de la Asociación Americana de Psicología (1974).
Bandura recibió el Premio para las Contribuciones Científicas Distinguidas en 1980. Ha recibido varias concesiones y honores a lo largo de su carrera, incluyendo el Premio William James de la Asociación para la Ciencia Psicológica y el Premio a las Contribuciones Científicas Distinguidas de la Asociación Americana de Psicología.
Determinismo recíproco
El conductismo, con su énfasis sobre los métodos experimentales, se focaliza sobre variables que pueden observarse, medirse y manipular y rechaza todo aquello que sea subjetivo, interno y no disponible. En el método experimental, el procedimiento estándar es manipular una variable y luego medir sus efectos sobre otra. Todo esto conlleva a una teoría de la personalidad que dice que el entorno de uno causa nuestro comportamiento.
Bandura consideró que esto era un poquito simple para el fenómeno que observaba (agresión en adolescentes) y por tanto decidió añadir un poco más a la fórmula: sugirió que el ambiente causa el comportamiento; cierto, pero que el comportamiento causa el ambiente también.
Definió este concepto con el nombre de determinismo recíproco: el mundo y el comportamiento de una persona se causan mutuamente.
Según Bandura (1978), la conducta humana se debe a un determinismo recíproco que implica factores conductuales, cognoscitivos y ambientales. Los tres factores operan como “determinantes entrelazados” entre sí.
Aprendizaje por observación o modelamiento
Bandura en el aprendizaje por observación utilizo los estudios del muñeco bobo, en el cual los niños imitaban la conducta de los personajes de la película de una manera precisa.
Bandura llevó a cabo un largo número de variaciones sobre el estudio en cuestión: el modelo era recompensado o castigado de diversas formas de diferentes maneras; los niños eran recompensados por sus imitaciones; el modelo se cambiaba por otro menos atractivo o menos prestigioso.
Todas estas variantes permitieron a Bandura a establecer que existen ciertos pasos envueltos en el proceso de modelado:
1. Atención. Si vas a aprender algo, necesitas estar prestando atención.
2. Retención. Debemos ser capaces de retener (recordar) aquello a lo que le hemos prestado atención.
3. Reproducción. Debemos traducir las imágenes o descripciones al comportamiento actual. Por tanto, lo primero de lo que debemos ser capaces es de reproducir el comportamiento.
4. Motivación. Aún con todo esto, todavía no haremos nada a menos que estemos motivados a imitar; es decir, a menos que tengamos buenas razones para hacerlo. Bandura menciona un número de motivos:
- El Refuerzo pasado, el Refuerzo prometido y el Refuerzo vicario.
Las motivaciones negativas también existen, dándonos motivos para no imitar, los cuales son:
- El Castigo pasado, Castigo prometido (amenazas) y Castigo vicario.
Bandura dice que el castigo en sus diferentes formas no funciona tan bien como el refuerzo y, de hecho, tiene la tendencia a volverse contra nosotros.
Autorregulación
La autorregulación (controlar nuestro propio comportamiento) es la otra piedra angular de la personalidad humana. En este caso, Bandura sugiere tres pasos: a- Auto-observación, b- Juicio. Y c- Auto-respuesta.
Bandura señala que la mayor parte de la conducta humana es aprendida al seguir un modelo, en lugar de ser a través de los procesos de condicionamiento clásico y operante. Sugiere que la conducta es aprendida a través de la observación ya sea en forma intencional o accidental. El aprendizaje por observación excede a la sola imitación: el observador aprende de los errores y los éxitos del modelo.
Bandura sugiere que los observadores obtienen las características similares de diferentes respuestas y crean reglas de conducta que les permiten ir más allá de lo que han visto o escuchado.
La teoría de Bandura sobre el Aprendizaje por Observación se basa en gran medida en el análisis experimental de la influencia del Modelamiento en la conducta.
Bandura sugiere que casi cualquier conducta puede ser aprendida por un individuo sin la experiencia directa del reforzamiento. No tenemos que ser reforzados para poner atención a imágenes vívidas o a sonidos fuertes.
Gordon Allport
Nació en Montezuma, Indiana, Estados Unidos en 1897 y era el menor de cuatro hermanos. Era un chico tímido y estudioso, aunque algo guasón. Vivió una infancia solitaria. Su padre era un médico rural y como era de esperar Gordon creció entre pacientes y enfermeras y toda la parafernalia de un hospital en miniatura. Por otra parte, su vida fue tranquila y poco sorprendente.
Estudió psicología en Harvard. En 1919, viaja a Estambul (Turquía), donde enseña inglés y psicología. Se doctoró en Harvard (1922), bajo la dirección de William McDougall, con la tesis ‘Un estudio experimental de los rasgos de personalidad’, que sería la base de sus futuros desarrollos teóricos en los campos de la psicología social y de la personalidad o en lo que el propio autor definiría como la 'psicología humanista'.
Becado en Europa, se acercó en Alemania al movimiento de la Gestalt, a través de Max Wertheimer y Wolfgang Köhler; en Berlín conoció a William Stern; luego viajó al Reino Unido, con una estancia en la Universidad de Cambridge.
Comenzó su carrera docente en Harvard, luego en el Dartmouth College y, en 1930, regresó definitivamente a Harvard, donde años más tarde fundó el Departamento de Relaciones Sociales.
Durante la Segunda Guerra Mundial perteneció al Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos. Doctor ‘honoris causa’ por las universidades de Boston, Ohio, Durham (Reino Unido) y el Colby College.
Fue presidente de la American Psychological Association (1939-1940) y, más tarde, de la Society for the Psychological Study of Social Issues. Falleció en Cambridge, Massachussets en 1967.
Una de las cosas que motiva a los seres humanos es la tendencia a satisfacer necesidades biológicas de supervivencia, lo cual Allport llama funcionamiento oportunista. Señala que este funcionamiento se caracteriza por su reactividad, orientación al pasado y por supuesto, tiene una connotación biológica.
El propio ser:
Allport creo el termino “propio ser” para evitar los terminos “ego” o “yo”, los cuales creia que eran usados a menudo como frases establecidas para aquellos elementos de la personalidad que no podian ser explicados en cualquier otra forma.
El propio ser se refiere a las experiencias centrales de conocimiento de si mismos que tienen las personas conforme crecen y progresan.
Su definición funcional se convirtió en una teoría del desarrollo por sí misma. El Self que tiene 7 funciones, las cuales tienen a surgir en ciertos momentos de la vida:
1- Sensación del cuerpo, 2- Identidad propia, 3- Autoestima, 4-Extensión de uno mismo, 5- Auto imagen, 6- Adaptación racional, 7- Esfuerzo o lucha propia.
Rasgos o Disposiciones
Una disposición personal se define como “una estructura neuropsicológica generalizada (peculiar del individuo), con la capacidad de interpretar y manejar muchos estímulos funcionalmente equivalentes, y de iniciar y guiar formas consistentes (equivalentes) con un comportamiento adaptativo y estilístico.
Una disposición personal produce equivalencias en función y significado entre varias percepciones, creencias, sentimientos y acciones que no son necesariamente equivalentes al mundo natural o a la mente de cualquier otro. Allport defiende que los rasgos son esencialmente únicos de cada persona.
Allport reconoce que dentro de cualquier cultura particular, existen rasgos comunes o disposiciones; unas que son parte de esa cultura y que cualquiera reconocería y nombraría. El autor defiende también que algunos rasgos están mucho más atados al proprium (el propio yo de cada uno) que otros.
Según allport los rasgos centrales son la piedra angular de tu personalidad.
Los llamados rasgos secundarios, son aquellos que no son tan obvios o tan generales, o tan consistentes y los rasgos cardinales estos son aquellos rasgos que tienen algunas personas que prácticamente definen sus vidas. Aquel que, por ejemplo, pasa toda su vida buscando fama o fortuna, o sexo.
Madurez psicológica
Si posees proprium bien desarrollado y un rico y adaptativo grupo de disposiciones, has logrado una madurez psicológica, término de Allport para la salud mental. Establece siete características:
1. Extensiones del Self específicas y duraderas como el compromiso.
2. Técnicas de relacionarse cálidamente, orientadas a la dependencia de los demás (confianza, empatía, sinceridad, tolerancia…)
3. Seguridad emocional y aceptación propia.
4. Hábitos encaminados hacia una percepción realista (contrario a defensividad).
5. Centramiento en los problemas y desarrollo de habilidades centradas en la solución de problemas.
6. Objetivación del Self o lo que es lo mismo, desarrollar la introspección; reírse de uno mismo, etc.
7. Una filosofía unificada de la vida, que incluya una particular orientación hacia la valoración; sentimientos religiosos diferenciados y una conciencia personal.
Henry Murray
Henry A. Murray nació en la ciudad de Nueva York el 13 de mayo de 1893. Sus padres eran acaudalados y murria creció como un niño privilegiado en una época anterior a los automóviles, las lanchas de motor o las películas. La familia pasaba los inviernos en la ciudad en una residencia en lo que ahora está situado el centro Rockefeller. Los veranos los pasaban en Long Island, donde Murria disfrutaba de actividad física al aire libre, animales y los bosques detrás de su casa.
Murray no creía encajar en la clasificación del niño freudiano típico. Fue difícil para él reconocer la presencia de un Complejo de Edipo en su vida. Su análisis de entrenamiento no descubrió ningún indicio de resentimiento oculto hacia su padre. Por otra parte, su infancia evoca varios aspectos adlerianos. Murray recordó un incidente alrededor de sus cuatro años de edad, en éste, su madre le dijo que la reina y su hijo dibujados en un libro de cuentos de hadas estaban tristes debido al prospecto de la muerte. Después él sugirió que el recuerdo incluía sentimientos de haber sido abandonado (dejado morir) por su madre a favor de sus hermanos debido a que era difícil cuidar de él. Esto condujo a un desarrollo temprano de seguridad en sí mismo al igual que a sentimientos de ternura hacia su madre y hacia otros con problemas emocionales.
Murray recibió poco entrenamiento formal en Psicología. Después de seis años en dos escuelas privadas en la cuidad de Nueva Cork, asistió a Groton, una escuela preparatoria privada en Massachussets. Obtuvo título de bachiller en artes en Harvard, donde se especializó en historia, pero sólo recibió calificaciones por debajo del promedio. Parece que estaba más interesado en las relaciones con sus compañeros. Nos obstante, asistió a la facultad de medicina de la Universidad de Columbia y se graduó como el mejor de su clase. Más tarde realizó una maestría en biología en Columbia y un doctorado en bioquímica en la Universidad de Cambridge.
Una biografía nueva (Robinson, 1992) sugiere que Murray tuvo diversos puntos débiles intelectuales y emocionales y que, aunque tuvo un matrimonio tradicional, estuvo involucrado en un tórrido romance con Christiana Morgan, una mujer casada y talentosa que también estaba interesada en el trabajo de Carl Jung.
Morgan hizo contribuciones importantes al desarrollo inicial del psicoanálisis, en especial en el área del feminismo, y también en la teoría de la personalidad de Murray, sin embargo, nunca ha recibido el reconocimiento apropiado.
No obstante, Murray fue un profesor de psicología muy respetado en la Universidad de Harvard desde la década de 1920 a la de 1960, donde fundó la Clínica psicológica de Harvard en forma específica para estudiar la personalidad.
Murray reunió a su alrededor a un grupo de jóvenes maduros, capaces y estudiosos, muchos de los cuales son psicólogos notables por su propio derecho. Fue galardonado con el Premio a la Contribución Científica Distinguida de la Asociación Psicológica Estadounidense y con la Medalla de Oro de la Fundación Psicológica Estadounidense, por sus contribuciones a la psicología. Murray murió en 1988.
El estudio de la personología
Murray sugirió que el concepto de personalidad es una hipótesis, un constructo que ayuda a explicar la conducta de un individuo. Murray no creía que el concepto de personalidad se refiriera a alguna sustancia física real. La personalidad de un individuo depende de procesos cerebrales y por consiguiente el centro anatómico de ésta es el cerebro.
En su análisis de la personología enfatizó el entendimiento de los individuos normales respecto a ámbitos naturales. Creía que los psicólogos deben preocuparse en forma primaria por el estudio detallado y cuidadoso de vidas individuales.
Al estudiar lo individual, Murray creía que es útil separar la conducta total de una persona en unidades identificables y manejables. Su unidad básica es un procedimiento, un patrón de conducta significativa breve que tiene un principio y un fin claros.
Los procedimientos son interacciones entre el sujeto y otra persona u objeto en el ambiente. Los procedimientos pueden ser internos (imaginados) o externos (reales). Una sucesión de procedimientos constituye una serie. Una serie planeada de procedimientos es un programa en serie, el cual conduce hacia un objetivo, tal como convertirse en abogado, por ejemplo.
Los programas en serie pueden prolongarse en el futuro por meses o incluso años. Cada procedimiento en una serie puede ser considerado como tener un subobjetivo que acerca al individuo al objetivo final.
Los programas en serie son gobernados por un proceso mental conocido como orden.
Esto nos permite, una vez que entendemos nuestro mundo, desarrollar una estrategia para afrontarlo. El orden también permite desarrollar calendarios o planes para resolver procedimientos conflictivos.
Algunos aspectos de la teoría de Murray fueron extraídos de la teoría de freíd. Sin embargo, Murray no dudó en redefinir los términos o explicar y enriquecer los conceptos de Freud. Por tanto, usó los términos ello, yo, y superyó para describir las divisiones básicas de la personalidad, pero agregó su propio significado.
Murray concordaba con Freud en que el ello es la fuente de los impulsos y las necesidades básicas, pero enfatizó que el ello contiene impulsos positivos al igual que negativos. El superyó es una representación internalizada del ambiente social, que indica cuándo, dónde, cómo y qué necesidades pueden ser expresadas. El yo es la “parte más organizada, discriminativa, vinculada al tiempo, razonadora, resolvedora y cohibida de la personalidad” (1938). Su papel es facilitar que el ello satisfaga sus impulsos; su efectividad en hacer esto afecta a la adaptación de un individuo. Murray atribuía una función más activa para el yo.
Necesidades humanas
Murray (1938) definió una necesidad como el constructo que representa una fuerza en el cerebro que organiza la percepción, entendimiento y conducta de tal forma que cambia una situación insatisfactoria y aumenta la satisfacción. Una necesidad puede ser provocada por un estado interno, tal como el hambre, o por un estímulo externo, tal como la comida.
A partir de un estudio intensivo de individuos en Harvard (1938), Murray desarrolló una lista de 20 necesidades básicas. Aunque esa lista ha sido revisada y modificada desde esa época, sigue siendo muy representativa de una perspectiva global de las necesidades humanas. Entre estas están:
Dominación, Deferencia, Autonomía, Degradación, Agresión, logro, Entendimiento, Sexo, Orden, Sensibilidad, Exhibición, Juego, Afiliación, Rechazo, Evitación de daño, Ayuda, Cuidado, Evitación de sentirse inferior, Defensa, Oposición.
No todas las necesidades están presentes en todos los individuos, demás varían en su fuerza e intensidad.
Evaluación e investigación en la teoría de Murray
Murray fue un pionero en el área de la evaluación, un aspecto de la teoría de la personalidad que es un punto creciente de atención e interés. Murray enfatizó un enfoque idiográfico de la personalidad, el cual se concentra en el individuo.
El principio básico del concepto de evaluación de Murray fue que se requieren indicadores múltiples para examinar en forma adecuada el desempeño de un individuo.
Murray dirigió a un grupo de 28 especialistas diferentes para estudiar a 52 estudiantes hombres no graduados durante un período de seis meses. Juntos recopilaron una gran cantidad de datos por medio de entrevistas, pruebas, cuestionarios y observaciones, usando un grupo de métodos clínicos, psicoanalíticos, experimentales, fisiológicos y de historia de la vida. Al hacer que varios investigadores entrenados observaran al mismo individuo, Murray creía que podía eliminar los errores personales en la evaluación.
Murray mismo desarrolló varias técnicas para evaluar la personalidad, La mejor conocida es la Prueba de Apercepción Témática (TAT), desarrollada por Murray y C.D. Morgan, la cual es usada en forma amplia como un mecanismo proyectivo. El TAT consiste en una serie de 30 dibujos ambiguos (dibujos que sugieren una situación poco estructurada).
Las respuestas al TAT sugieren la forma de pensar del sujeto en relación con el ambiente físico y social. Las respuestas son anotadas en términos de temas predominantes y se pone especial atención a aquellas fuerzas que emanan del “héroe” en el dibujo o del ambiente. Por medio de los datos, el examinador puede inferir la forma en que se relaciona el sujeto con otras personas y cómo moldea el ambiente para satisfacer sus necesidades personales.
Debido a que los estímulos son ambiguos y el sujeto es libre de responder en cualquier forma, se cree que cualquier significado que le dé el sujeto a la historia debe provenir de su interior. Se dice que el individuo proyecta el significado en la historia y, por tanto, el TAT es considerado una prueba proyectiva. En el TAT se trata con proyección imaginativa en lugar de hacerlo con un mecanismo de defensa freudiano de proyección. Los sujetos proyectan inconscientemente sus propias actitudes y sentimientos en los dibujos y por consiguiente se revelan a sí mismos.
Nació el 4 de diciembre de 1925 en la pequeña localidad de Mundare en Alberta del Norte, Canadá. Al finalizar el bachillerato, trabajó durante un verano rellenando agujeros en la autopista de Alaska en el Yukon.
Completó su licenciatura en Psicología de la Universidad de Columbia Británica en 1949. Luego se trasladó a la Universidad de Iowa, donde conoció a Virginia Varns, una instructora de la escuela de enfermería. Se casaron y más tarde tuvieron dos hijas. Después de su graduación, asumió una candidatura para ocupar el post-doctorado en el Wichita Guidance Center en Wichita, Kansas.
En 1953, empezó a enseñar en la Universidad de Stanford. Mientras estuvo allí, colaboró con su primer estudiante graduado, Richard Walters, resultando un primer libro titulado Agresión Adolescente en 1959.
En 1965 se unió al investigador Walter Mischel y se le ha elegido presidente de la Asociación Americana de Psicología (1974).
Bandura recibió el Premio para las Contribuciones Científicas Distinguidas en 1980. Ha recibido varias concesiones y honores a lo largo de su carrera, incluyendo el Premio William James de la Asociación para la Ciencia Psicológica y el Premio a las Contribuciones Científicas Distinguidas de la Asociación Americana de Psicología.
Determinismo recíproco
El conductismo, con su énfasis sobre los métodos experimentales, se focaliza sobre variables que pueden observarse, medirse y manipular y rechaza todo aquello que sea subjetivo, interno y no disponible. En el método experimental, el procedimiento estándar es manipular una variable y luego medir sus efectos sobre otra. Todo esto conlleva a una teoría de la personalidad que dice que el entorno de uno causa nuestro comportamiento.
Bandura consideró que esto era un poquito simple para el fenómeno que observaba (agresión en adolescentes) y por tanto decidió añadir un poco más a la fórmula: sugirió que el ambiente causa el comportamiento; cierto, pero que el comportamiento causa el ambiente también.
Definió este concepto con el nombre de determinismo recíproco: el mundo y el comportamiento de una persona se causan mutuamente.
Según Bandura (1978), la conducta humana se debe a un determinismo recíproco que implica factores conductuales, cognoscitivos y ambientales. Los tres factores operan como “determinantes entrelazados” entre sí.
Aprendizaje por observación o modelamiento
Bandura en el aprendizaje por observación utilizo los estudios del muñeco bobo, en el cual los niños imitaban la conducta de los personajes de la película de una manera precisa.
Bandura llevó a cabo un largo número de variaciones sobre el estudio en cuestión: el modelo era recompensado o castigado de diversas formas de diferentes maneras; los niños eran recompensados por sus imitaciones; el modelo se cambiaba por otro menos atractivo o menos prestigioso.
Todas estas variantes permitieron a Bandura a establecer que existen ciertos pasos envueltos en el proceso de modelado:
1. Atención. Si vas a aprender algo, necesitas estar prestando atención.
2. Retención. Debemos ser capaces de retener (recordar) aquello a lo que le hemos prestado atención.
3. Reproducción. Debemos traducir las imágenes o descripciones al comportamiento actual. Por tanto, lo primero de lo que debemos ser capaces es de reproducir el comportamiento.
4. Motivación. Aún con todo esto, todavía no haremos nada a menos que estemos motivados a imitar; es decir, a menos que tengamos buenas razones para hacerlo. Bandura menciona un número de motivos:
- El Refuerzo pasado, el Refuerzo prometido y el Refuerzo vicario.
Las motivaciones negativas también existen, dándonos motivos para no imitar, los cuales son:
- El Castigo pasado, Castigo prometido (amenazas) y Castigo vicario.
Bandura dice que el castigo en sus diferentes formas no funciona tan bien como el refuerzo y, de hecho, tiene la tendencia a volverse contra nosotros.
Autorregulación
La autorregulación (controlar nuestro propio comportamiento) es la otra piedra angular de la personalidad humana. En este caso, Bandura sugiere tres pasos: a- Auto-observación, b- Juicio. Y c- Auto-respuesta.
Bandura señala que la mayor parte de la conducta humana es aprendida al seguir un modelo, en lugar de ser a través de los procesos de condicionamiento clásico y operante. Sugiere que la conducta es aprendida a través de la observación ya sea en forma intencional o accidental. El aprendizaje por observación excede a la sola imitación: el observador aprende de los errores y los éxitos del modelo.
Bandura sugiere que los observadores obtienen las características similares de diferentes respuestas y crean reglas de conducta que les permiten ir más allá de lo que han visto o escuchado.
La teoría de Bandura sobre el Aprendizaje por Observación se basa en gran medida en el análisis experimental de la influencia del Modelamiento en la conducta.
Bandura sugiere que casi cualquier conducta puede ser aprendida por un individuo sin la experiencia directa del reforzamiento. No tenemos que ser reforzados para poner atención a imágenes vívidas o a sonidos fuertes.
Gordon Allport
Nació en Montezuma, Indiana, Estados Unidos en 1897 y era el menor de cuatro hermanos. Era un chico tímido y estudioso, aunque algo guasón. Vivió una infancia solitaria. Su padre era un médico rural y como era de esperar Gordon creció entre pacientes y enfermeras y toda la parafernalia de un hospital en miniatura. Por otra parte, su vida fue tranquila y poco sorprendente.
Estudió psicología en Harvard. En 1919, viaja a Estambul (Turquía), donde enseña inglés y psicología. Se doctoró en Harvard (1922), bajo la dirección de William McDougall, con la tesis ‘Un estudio experimental de los rasgos de personalidad’, que sería la base de sus futuros desarrollos teóricos en los campos de la psicología social y de la personalidad o en lo que el propio autor definiría como la 'psicología humanista'.
Becado en Europa, se acercó en Alemania al movimiento de la Gestalt, a través de Max Wertheimer y Wolfgang Köhler; en Berlín conoció a William Stern; luego viajó al Reino Unido, con una estancia en la Universidad de Cambridge.
Comenzó su carrera docente en Harvard, luego en el Dartmouth College y, en 1930, regresó definitivamente a Harvard, donde años más tarde fundó el Departamento de Relaciones Sociales.
Durante la Segunda Guerra Mundial perteneció al Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos. Doctor ‘honoris causa’ por las universidades de Boston, Ohio, Durham (Reino Unido) y el Colby College.
Fue presidente de la American Psychological Association (1939-1940) y, más tarde, de la Society for the Psychological Study of Social Issues. Falleció en Cambridge, Massachussets en 1967.
Una de las cosas que motiva a los seres humanos es la tendencia a satisfacer necesidades biológicas de supervivencia, lo cual Allport llama funcionamiento oportunista. Señala que este funcionamiento se caracteriza por su reactividad, orientación al pasado y por supuesto, tiene una connotación biológica.
El propio ser:
Allport creo el termino “propio ser” para evitar los terminos “ego” o “yo”, los cuales creia que eran usados a menudo como frases establecidas para aquellos elementos de la personalidad que no podian ser explicados en cualquier otra forma.
El propio ser se refiere a las experiencias centrales de conocimiento de si mismos que tienen las personas conforme crecen y progresan.
Su definición funcional se convirtió en una teoría del desarrollo por sí misma. El Self que tiene 7 funciones, las cuales tienen a surgir en ciertos momentos de la vida:
1- Sensación del cuerpo, 2- Identidad propia, 3- Autoestima, 4-Extensión de uno mismo, 5- Auto imagen, 6- Adaptación racional, 7- Esfuerzo o lucha propia.
Rasgos o Disposiciones
Una disposición personal se define como “una estructura neuropsicológica generalizada (peculiar del individuo), con la capacidad de interpretar y manejar muchos estímulos funcionalmente equivalentes, y de iniciar y guiar formas consistentes (equivalentes) con un comportamiento adaptativo y estilístico.
Una disposición personal produce equivalencias en función y significado entre varias percepciones, creencias, sentimientos y acciones que no son necesariamente equivalentes al mundo natural o a la mente de cualquier otro. Allport defiende que los rasgos son esencialmente únicos de cada persona.
Allport reconoce que dentro de cualquier cultura particular, existen rasgos comunes o disposiciones; unas que son parte de esa cultura y que cualquiera reconocería y nombraría. El autor defiende también que algunos rasgos están mucho más atados al proprium (el propio yo de cada uno) que otros.
Según allport los rasgos centrales son la piedra angular de tu personalidad.
Los llamados rasgos secundarios, son aquellos que no son tan obvios o tan generales, o tan consistentes y los rasgos cardinales estos son aquellos rasgos que tienen algunas personas que prácticamente definen sus vidas. Aquel que, por ejemplo, pasa toda su vida buscando fama o fortuna, o sexo.
Madurez psicológica
Si posees proprium bien desarrollado y un rico y adaptativo grupo de disposiciones, has logrado una madurez psicológica, término de Allport para la salud mental. Establece siete características:
1. Extensiones del Self específicas y duraderas como el compromiso.
2. Técnicas de relacionarse cálidamente, orientadas a la dependencia de los demás (confianza, empatía, sinceridad, tolerancia…)
3. Seguridad emocional y aceptación propia.
4. Hábitos encaminados hacia una percepción realista (contrario a defensividad).
5. Centramiento en los problemas y desarrollo de habilidades centradas en la solución de problemas.
6. Objetivación del Self o lo que es lo mismo, desarrollar la introspección; reírse de uno mismo, etc.
7. Una filosofía unificada de la vida, que incluya una particular orientación hacia la valoración; sentimientos religiosos diferenciados y una conciencia personal.
Henry Murray
Henry A. Murray nació en la ciudad de Nueva York el 13 de mayo de 1893. Sus padres eran acaudalados y murria creció como un niño privilegiado en una época anterior a los automóviles, las lanchas de motor o las películas. La familia pasaba los inviernos en la ciudad en una residencia en lo que ahora está situado el centro Rockefeller. Los veranos los pasaban en Long Island, donde Murria disfrutaba de actividad física al aire libre, animales y los bosques detrás de su casa.
Murray no creía encajar en la clasificación del niño freudiano típico. Fue difícil para él reconocer la presencia de un Complejo de Edipo en su vida. Su análisis de entrenamiento no descubrió ningún indicio de resentimiento oculto hacia su padre. Por otra parte, su infancia evoca varios aspectos adlerianos. Murray recordó un incidente alrededor de sus cuatro años de edad, en éste, su madre le dijo que la reina y su hijo dibujados en un libro de cuentos de hadas estaban tristes debido al prospecto de la muerte. Después él sugirió que el recuerdo incluía sentimientos de haber sido abandonado (dejado morir) por su madre a favor de sus hermanos debido a que era difícil cuidar de él. Esto condujo a un desarrollo temprano de seguridad en sí mismo al igual que a sentimientos de ternura hacia su madre y hacia otros con problemas emocionales.
Murray recibió poco entrenamiento formal en Psicología. Después de seis años en dos escuelas privadas en la cuidad de Nueva Cork, asistió a Groton, una escuela preparatoria privada en Massachussets. Obtuvo título de bachiller en artes en Harvard, donde se especializó en historia, pero sólo recibió calificaciones por debajo del promedio. Parece que estaba más interesado en las relaciones con sus compañeros. Nos obstante, asistió a la facultad de medicina de la Universidad de Columbia y se graduó como el mejor de su clase. Más tarde realizó una maestría en biología en Columbia y un doctorado en bioquímica en la Universidad de Cambridge.
Una biografía nueva (Robinson, 1992) sugiere que Murray tuvo diversos puntos débiles intelectuales y emocionales y que, aunque tuvo un matrimonio tradicional, estuvo involucrado en un tórrido romance con Christiana Morgan, una mujer casada y talentosa que también estaba interesada en el trabajo de Carl Jung.
Morgan hizo contribuciones importantes al desarrollo inicial del psicoanálisis, en especial en el área del feminismo, y también en la teoría de la personalidad de Murray, sin embargo, nunca ha recibido el reconocimiento apropiado.
No obstante, Murray fue un profesor de psicología muy respetado en la Universidad de Harvard desde la década de 1920 a la de 1960, donde fundó la Clínica psicológica de Harvard en forma específica para estudiar la personalidad.
Murray reunió a su alrededor a un grupo de jóvenes maduros, capaces y estudiosos, muchos de los cuales son psicólogos notables por su propio derecho. Fue galardonado con el Premio a la Contribución Científica Distinguida de la Asociación Psicológica Estadounidense y con la Medalla de Oro de la Fundación Psicológica Estadounidense, por sus contribuciones a la psicología. Murray murió en 1988.
El estudio de la personología
Murray sugirió que el concepto de personalidad es una hipótesis, un constructo que ayuda a explicar la conducta de un individuo. Murray no creía que el concepto de personalidad se refiriera a alguna sustancia física real. La personalidad de un individuo depende de procesos cerebrales y por consiguiente el centro anatómico de ésta es el cerebro.
En su análisis de la personología enfatizó el entendimiento de los individuos normales respecto a ámbitos naturales. Creía que los psicólogos deben preocuparse en forma primaria por el estudio detallado y cuidadoso de vidas individuales.
Al estudiar lo individual, Murray creía que es útil separar la conducta total de una persona en unidades identificables y manejables. Su unidad básica es un procedimiento, un patrón de conducta significativa breve que tiene un principio y un fin claros.
Los procedimientos son interacciones entre el sujeto y otra persona u objeto en el ambiente. Los procedimientos pueden ser internos (imaginados) o externos (reales). Una sucesión de procedimientos constituye una serie. Una serie planeada de procedimientos es un programa en serie, el cual conduce hacia un objetivo, tal como convertirse en abogado, por ejemplo.
Los programas en serie pueden prolongarse en el futuro por meses o incluso años. Cada procedimiento en una serie puede ser considerado como tener un subobjetivo que acerca al individuo al objetivo final.
Los programas en serie son gobernados por un proceso mental conocido como orden.
Esto nos permite, una vez que entendemos nuestro mundo, desarrollar una estrategia para afrontarlo. El orden también permite desarrollar calendarios o planes para resolver procedimientos conflictivos.
Algunos aspectos de la teoría de Murray fueron extraídos de la teoría de freíd. Sin embargo, Murray no dudó en redefinir los términos o explicar y enriquecer los conceptos de Freud. Por tanto, usó los términos ello, yo, y superyó para describir las divisiones básicas de la personalidad, pero agregó su propio significado.
Murray concordaba con Freud en que el ello es la fuente de los impulsos y las necesidades básicas, pero enfatizó que el ello contiene impulsos positivos al igual que negativos. El superyó es una representación internalizada del ambiente social, que indica cuándo, dónde, cómo y qué necesidades pueden ser expresadas. El yo es la “parte más organizada, discriminativa, vinculada al tiempo, razonadora, resolvedora y cohibida de la personalidad” (1938). Su papel es facilitar que el ello satisfaga sus impulsos; su efectividad en hacer esto afecta a la adaptación de un individuo. Murray atribuía una función más activa para el yo.
Necesidades humanas
Murray (1938) definió una necesidad como el constructo que representa una fuerza en el cerebro que organiza la percepción, entendimiento y conducta de tal forma que cambia una situación insatisfactoria y aumenta la satisfacción. Una necesidad puede ser provocada por un estado interno, tal como el hambre, o por un estímulo externo, tal como la comida.
A partir de un estudio intensivo de individuos en Harvard (1938), Murray desarrolló una lista de 20 necesidades básicas. Aunque esa lista ha sido revisada y modificada desde esa época, sigue siendo muy representativa de una perspectiva global de las necesidades humanas. Entre estas están:
Dominación, Deferencia, Autonomía, Degradación, Agresión, logro, Entendimiento, Sexo, Orden, Sensibilidad, Exhibición, Juego, Afiliación, Rechazo, Evitación de daño, Ayuda, Cuidado, Evitación de sentirse inferior, Defensa, Oposición.
No todas las necesidades están presentes en todos los individuos, demás varían en su fuerza e intensidad.
Evaluación e investigación en la teoría de Murray
Murray fue un pionero en el área de la evaluación, un aspecto de la teoría de la personalidad que es un punto creciente de atención e interés. Murray enfatizó un enfoque idiográfico de la personalidad, el cual se concentra en el individuo.
El principio básico del concepto de evaluación de Murray fue que se requieren indicadores múltiples para examinar en forma adecuada el desempeño de un individuo.
Murray dirigió a un grupo de 28 especialistas diferentes para estudiar a 52 estudiantes hombres no graduados durante un período de seis meses. Juntos recopilaron una gran cantidad de datos por medio de entrevistas, pruebas, cuestionarios y observaciones, usando un grupo de métodos clínicos, psicoanalíticos, experimentales, fisiológicos y de historia de la vida. Al hacer que varios investigadores entrenados observaran al mismo individuo, Murray creía que podía eliminar los errores personales en la evaluación.
Murray mismo desarrolló varias técnicas para evaluar la personalidad, La mejor conocida es la Prueba de Apercepción Témática (TAT), desarrollada por Murray y C.D. Morgan, la cual es usada en forma amplia como un mecanismo proyectivo. El TAT consiste en una serie de 30 dibujos ambiguos (dibujos que sugieren una situación poco estructurada).
Las respuestas al TAT sugieren la forma de pensar del sujeto en relación con el ambiente físico y social. Las respuestas son anotadas en términos de temas predominantes y se pone especial atención a aquellas fuerzas que emanan del “héroe” en el dibujo o del ambiente. Por medio de los datos, el examinador puede inferir la forma en que se relaciona el sujeto con otras personas y cómo moldea el ambiente para satisfacer sus necesidades personales.
Debido a que los estímulos son ambiguos y el sujeto es libre de responder en cualquier forma, se cree que cualquier significado que le dé el sujeto a la historia debe provenir de su interior. Se dice que el individuo proyecta el significado en la historia y, por tanto, el TAT es considerado una prueba proyectiva. En el TAT se trata con proyección imaginativa en lugar de hacerlo con un mecanismo de defensa freudiano de proyección. Los sujetos proyectan inconscientemente sus propias actitudes y sentimientos en los dibujos y por consiguiente se revelan a sí mismos.
martes, 21 de abril de 2009
Sigmund y Ana Freud
Teoría de Freud de la Personalidad.
Freud no inventó exactamente el concepto de mente consciente versus mente inconsciente, pero desde luego lo hizo popular. La mente consciente es todo aquello de lo que nos damos cuenta en un momento particular: las percepciones presentes, memorias, pensamientos, fantasías y sentimientos. Cuando trabajamos muy centrados en estos apartados es lo que Freud llamó preconsciente, algo que hoy llamaríamos “memoria disponible”: se refiere a todo aquello que somos capaces de recordar; aquellos recuerdos que no están disponibles en el momento, pero que somos capaces de traer a la conciencia. Actualmente, nadie tiene problemas con estas dos capas de la mente, aunque Freud sugirió que las mismas constituían solo pequeñas partes de la misma.
La parte más grande estaba formada por el inconsciente e incluía todas aquellas cosas que no son accesibles a nuestra consciencia, incluyendo muchas que se habían originado allí, tales como nuestros impulsos o instintos, así como otras que no podíamos tolerar en nuestra mente consciente, tales como las emociones asociadas a los traumas.
De acuerdo con Freud, el inconsciente es la fuente de nuestras motivaciones, ya sean simples deseos de comida o sexo, compulsiones neuróticas o los motivos de un artista o científico. Además, tenemos una tendencia a negar o resistir estas motivaciones de su percepción consciente, de manera que solo son observables de forma disfrazada. Ya volveremos más adelante con esto.
El Ello, el Yo y el Superyo
La realidad psicológica freudiana empieza con el mundo lleno de objetos. Entre ellos, hay uno especial: el cuerpo. El cuerpo es especial en tanto actúa para sobrevivir y reproducirse y está guiado a estos fines por sus necesidades (hambre, sed, evitación del dolor y sexo).
Una parte (muy importante, por cierto) del cuerpo lo constituye el sistema nervioso, del que una de sus características más prevalentes es la sensibilidad que posee ante las necesidades corporales. En el nacimiento, este sistema es poco más o menos como el de cualquier animal, una “cosa”, o más bien, el Ello. El sistema nervioso como Ello, traduce las necesidades del cuerpo a fuerzas motivacionales llamadas pulsiones. Freud también los llamó deseos. Esta traslación de necesidad a deseo es lo que se ha dado a conocer como proceso primario.
El Ello tiene el trabajo particular de preservar el principio de placer, el cual puede entenderse como una demanda de atender de forma inmediata las necesidades. El bebé, según la concepción freudiana, es puro, o casi puro Ello. Y el Ello no es más que la representación psíquica de lo biológico.
Pero, aunque el Ello y la necesidad de comida puedan satisfacerse a través de la imagen de un filete jugoso, al cuerpo no le ocurre lo mismo. A partir de aquí, la necesidad solo se hace más grande y los deseos se mantienen aún más
El Yo se apoya en la realidad a través de su consciencia, buscando objetos para satisfacer los deseos que el Ello ha creado para representar las necesidades orgánicas. Esta actividad de búsqueda de soluciones es llamada proceso secundario.
El Yo, a diferencia del Ello, funciona de acuerdo con el principio de realidad, el cual estipula que se “satisfaga una necesidad tan pronto haya un objeto disponible”. Representa la realidad y hasta cierto punto, la razón.
No obstante, aunque el Yo se las ingenia para mantener contento al Ello (y finalmente al cuerpo), se encuentra con obstáculos en el mundo externo. En ocasiones se encuentra con objetos que ayudan a conseguir las metas. Pero el Yo capta y guarda celosamente todas estas ayudas y obstáculos, especialmente aquellas gratificaciones y castigos que obtiene de los dos objetos más importantes del mundo de un niño: mamá y papá. Este registro de cosas a evitar y estrategias para conseguir es lo que se convertirá en Superyo. Esta instancia no se completa hasta los siete años de edad y en algunas personas nunca se estructurará.
Hay dos aspectos del Superyo: uno es la consciencia, constituida por la internalización de los castigos y advertencias. El otro es llamado el Ideal del Yo, el cual deriva de las recompensas y modelos positivos presentados al niño. La consciencia y el Ideal del Yo comunican sus requerimientos al Yo con sentimientos como el orgullo, la vergüenza y la culpa.
Es como si en la niñez hubiésemos adquirido un nuevo conjunto de necesidades y de deseos acompañantes, esta vez de naturaleza más social que biológica. Pero, por desgracia, estos nuevos deseos pueden establecer un conflicto con los deseos del Ello. El Superyo representaría la sociedad, y la sociedad pocas veces satisface sus necesidades.
Pulsiones de Vida y Pulsión de Muerte
Freud consideró que todo el comportamiento humano estaba motivado por las pulsiones, las cuales no son más que las representaciones neurológicas de las necesidades físicas. Al principio se refirió a ellas como pulsiones de vida. Estas pulsiones perpetúan (a) la vida del sujeto, motivándole a buscar comida y agua y (b) la vida de la especie, motivándole a buscar sexo. La energía motivacional de estas pulsiones de vida, les llamó libido, a partir del latín significante de “yo deseo”.
La experiencia clínica de Freud le llevó a considerar el sexo como una necesidad mucho más importante que otras en la dinámica de la psiquis. Somos, después de todo, criaturas sociales y el sexo es la mayor de las necesidades sociales. Pero, aunque debemos recordar que cuando Freud hablaba de sexo, hablaba de mucho más que solo el coito, la libido se ha considerado como la pulsión sexual.
Más tarde en su vida, Freud empezó a creer que las pulsiones de vida no explicaban toda la historia. La libido es una cosa viviente; el principio de placer nos mantiene en constante movimiento. Y la finalidad de todo este movimiento es lograr la quietud, estar satisfecho, estar en paz, no tener más necesidades. Se podría decir que la meta de la vida, bajo este supuesto, es la muerte. Freud empezó a considerar que “debajo” o “a un lado” de las pulsiones de vida había una pulsión de muerte. Empezó a defender la idea de que cada persona tiene una necesidad inconsciente de morir.
Parece una idea extraña en principio, y desde luego fue rechazada por muchos de sus estudiantes, pero creemos que tiene cierta base en la experiencia: la vida puede ser un proceso bastante doloroso y agotador. Para la gran mayoría de las personas existe más dolor que placer, algo, por cierto, que nos cuesta trabajo admitir. La muerte promete la liberación del conflicto.
Los Estadios
Como mencioné antes, para Freud la pulsión sexual es la fuerza motivacional más importante. Éste creía que esta fuerza no era solo la más prevalente para los adultos, sino también en los niños, e incluso en los infantes. Cuando Freud presentó sus ideas sobre sexualidad infantil por primera vez, el público vienés al que se dirigió no estaba preparado para hablar de sexo en los adultos, y desde luego menos aún en los niños.
Es cierto que la capacidad orgásmica está presente desde el nacimiento, pero Freud no solo hablaba de orgasmo. La sexualidad no comprende en exclusiva al coito, sino todas aquellas sensaciones placenteras de la piel. Está claro que hasta el más mojigato de nosotros, incluyendo bebés, niños y adultos, disfrutamos de as experiencias táctiles como los besos, caricias y demás.
Freud observó que en distintas etapas de nuestra vida, diferentes partes de la piel que nos daban mayor placer. Más tarde, los teóricos llamarían a estas áreas zonas erógenas. Vio que los infantes obtenían un gran monto de placer a través de chupar, especialmente del pecho. De hecho, los bebés presentan una gran tendencia a llevarse a la boca todo lo que tienen a su alrededor. Un poco más tarde en la vida, el niño concentra su atención al placer anal de retener y expulsar. Alrededor de los tres o cuatro años, el niño descubre el placer de tocarse sus genitales. Y solo más tarde, en nuestra madurez sexual, experimentamos un gran placer en nuestras relaciones sexuales. Basándose en estas observaciones, Freud postuló su teoría de los estadios psicosexuales.
La etapa oral se establece desde el nacimiento hasta alrededor de los 18 meses. El foco del placer es, por supuesto, la boca. Las actividades favoritas del infante son chupar y morder.
La etapa anal se encuentra entre los 18 meses hasta los tres o cuatro años de edad. El foco del placer es el ano. El goce surge de retener y expulsar.
La etapa fálica va desde los tres o cuatro años hasta los cinco, seis o siete. El foco del placer se centra en los genitales. La masturbación a estas edades es bastante común.
La etapa de latencia dura desde los cinco, seis o siete años de edad hasta la pubertad, más o menos a los 12 años. Durante este período, Freud supuso que la pulsión sexual se suprimía al servicio del aprendizaje. En esta etapa la mayoría de los niños de estas edades están bastante ocupados con sus tareas escolares, y por tanto “sexualmente calmados”.
La etapa genital empieza en la pubertad y representa el resurgimiento de la pulsión sexual en la adolescencia, dirigida más específicamente hacia las relaciones sexuales. Freud establecía que tanto la masturbación, el sexo oral, la homosexualidad como muchas otras manifestaciones comportamentales eran inmaduras, cuestiones que actualmente no lo son para nosotros.
Estas etapas constituyen una verdadera teoría de períodos que la mayoría de los freudianos siguen al pie de la letra, tanto en su contenido como en las edades que comprenden.
La crisis Edípica
Cada estadio comprende una serie de tareas difíciles propias de donde surgirán multitud de problemas. Para la fase oral es el destete; para la anal, el control de esfínteres; para la fálica, es la crisis edípica, llamada así por la historia griega del rey Edipo, quien inadvertidamente mató a su padre y se casó con su madre.
Veamos como funciona la llamada crisis edípica. El primer objeto de amor de todos nosotros es nuestra madre. Queremos su atención, queremos su afecto, queremos su cuidado; la queremos, la deseamos de una manera ampliamente sexual. No obstante, el niño tiene un rival ante estos deseos, personificado en su padre. Éste es mayor, más fuerte, más listo y se va a la cama con ella, mientras que el chico es desplazado a dormir solo en su habitación. El padre es el enemigo.
El niño, al reconocer la superioridad de su padre, empieza a poner en práctica algunas de sus defensas yoicas. Desplaza sus impulsos sexuales a su madre hacia las chicas y posteriormente a las mujeres. Y se identifica con el agresor, su papá, e intenta parecerse cada vez más a él; esto es, un hombre. Después de unos años de latencia, entra en la adolescencia y al mundo de la heterosexualidad madura.
La niña también empieza su vida con amor hacia su madre, por lo que se nos presenta el problema de tener que redirigir sus afectos hacia su padre antes de que tenga lugar el proceso edípico. Freud responde a esto con la envidia al pene. La niña ha notado también que ante la diferencia de ambos sexos, ella no puede hacer nada. A ella le gustaría tener un pene también, así como todo el poder asociado a éste. Mucho más tarde podrá tener un sustituto, como un bebé. Como todo niño sabe, se necesita de un papá y una mamá para tener un bebé, de manera que gira su atención y cariño hacia papá.
Pero, papá, por supuesto ya está cogido por alguien. La chica entonces le desplaza por los chicos y hombres, identificándose con mamá, la mujer que posee al hombre que ella verdaderamente desea. Debemos observar que hay algo aquí que falta. La niña no sufre por el poder motivacional de la ansiedad de castración, ya que ella no puede perder lo que nunca ha tenido. Freud pensó que la falta de este tremendo miedo es lo que provocaba que las mujeres fuesen menos firmes en su heterosexualidad que los hombres y un poco menos inclinadas hacia los aspectos morales en general.
Carácter
Las experiencias que uno va acumulando a lo largo de la vida contribuyen a forjar su personalidad o carácter como adulto. Freud creía que las experiencias traumáticas tenían un efecto especialmente fuerte en esta etapa. Indudablemente, cada trauma en particular podría tener su impacto específico en una persona, lo cual solo podía explorarse y comprenderse sobre una base individual. Pero, aquellos traumas asociados con los estadios de desarrollo por los que todos pasamos, tendrían mayor consistencia.
Si una persona presenta algún tipo de dificultad en cualquiera de las tareas asociadas con estas etapas (el destete, el control de esfínteres o en la búsqueda de la identidad sexual) tenderá a retener ciertos hábitos infantiles o primitivos. A esto se le llama fijación.
La fijación provoca que cada problema de una etapa específica se prolongue considerablemente en nuestro carácter o personalidad.
Si, teniendo 18 meses de edad, se encuentra constantemente frustrado en su necesidad de chupar, ya sea porque mamá está incómoda o incluso es muy ruda con usted, o sencillamente quiere destetarle demasiado rápido, usted puede desarrollar un carácter oral-pasivo. Una personalidad de este tipo tiende a depender mucho de los demás. Usualmente buscan “gratificaciones orales” tales como comer, beber y fumar. Es como si estuviesen buscando los placeres que se perdieron en la infancia.
Cuando tenemos entre 5 y 8 meses de edad, empezamos la dentición. Una acción que nos satisface mucho en este período es morder todo lo que esté a nuestro alcance, como por ejemplo, el pezón de mamá. Si esta acción es causante de displacer o se corta demasiado rápido. Podremos desarrollar entonces una personalidad oral-agresiva. Esta personas retienen de por vida un deseo de morder cosas, como lápices, chicles, así como personas. Tienden a ser verbalmente agresivos, sarcásticos, irónicos y demás.
En el estadio anal estamos fascinados con nuestras “funciones corporales”. Al principio, podemos hacerlo de cualquier forma y en cualquier lugar. Posteriormente, sin razón aparente empezamos a comprender que podemos tener control sobre ello, haciéndolo en ciertos lugares y a ciertas horas.
Algunos padres se someten a merced del niño en el entrenamiento del control de esfínteres. Le piden de rodillas que lo hagan en el váter, se alegran considerablemente cuando lo hacen bien y se rompe su corazón cuando no lo hacen correctamente. El niño, mientras, es el rey de la casa, y él lo sabe. Este niño, con esos padres, desarrollará una personalidad anal-expulsiva (también anal-agresiva). Estas personas tienden a ser sensibleros, desorganizados y generosos ante una falta. Pueden ser crueles, destructivos y muy dados al vandalismo y los grafiti.
Otros padres son estrictos. Pueden estar compitiendo con los vecinos a ver cuál de los niños controla primero los esfínteres (muchas personas creen que si un niño lo hace muy pronto en su evolución, es un signo de gran inteligencia). Pueden llegar a usar la humillación o el castigo. Este niño puede perfectamente sufrir de estreñimiento, tratando de controlarse constantemente y desarrollará de mayor una personalidad anal-retentiva. Será especialmente pulcro, perfeccionista y dictatorial. En otras palabras el anal-retentivo está atado por todas partes.
Existen también dos personalidades fálicas, aunque a ninguna de ellas se le ha dado nombre. Si el niño, por ejemplo, es rechazado en demasía por su madre y además amenazado por su padre excesivamente varonil, tendrá posiblemente una sensación muy pobre de autovalía en cuanto a su sexualidad. En este caso, intentaría lidiar con esto o bien declinando cualquier actividad heterosexual; convirtiéndose en un ratón de biblioteca o llegando a ser el macho de todas las mujeres. En el caso de una niña rechazada por su padre y amenazada por una madre excesivamente femenina, también producirá una autoestima muy baja en el área de la sexualidad. Así, podría llegar a ser un jarrón de flores de adorno y una belleza exageradamente femenina.
En otra situación, si un niño no es rechazado por su madre y más bien es sobreprotegido en sus debilidades por ella mucho más que su padre pasivo, podría desarrollar una opinión de sí mismo bastante grande (lo cual le remitirá mucho sufrimiento al enfrentarse al mundo real y darse cuanta de que los demás no le quieren como su madre lo hizo) y parecer afeminado. Después de todo, no existe ninguna razón por la que tenga que identificarse con su padre. De la misma manera, si una niña es la princesita de papá y su mejor colega y mamá ha sido relegada a una posición casi de sirvienta, la chica será muy superficial y egocéntrica, o por el contrario muy masculina.
Estos distintos caracteres fálicos demuestran un punto importante de la caracterología freudiana: los extremos conllevan a los extremos. Si usted se encuentra frustrado o es demasiado indulgente, tiene problemas. Y, aunque cada problema tiende a desarrollar ciertas características, éstas últimas pueden ser fácilmente reversibles. Así, por ejemplo, una persona anal-retentiva puede volverse excesivamente generosa o ser bastante desorganizada en algunos aspectos de su vida.
Terapia
La terapia de Freud ha sido la más influyente de todas, a la vez que la parte más influyente también de su teoría. A continuación veremos algunos de sus puntos más importantes:
Atmósfera relajada. El cliente debe sentirse libre de expresar lo que quiera. La situación terapéutica es, de hecho, una situación social única, en la que uno no se debe sentir miedoso ante un juicio social u ostracismo. De hecho, en la terapia freudiana, el terapeuta prácticamente desaparece. Añada a este situación un diván cómodo, luces tenues, paredes insonorizadas, y el ámbito está servido.
Asociación libre. El cliente puede hablar de cualquier cosa. La teoría dice que con una buena relajación, los conflictos inconscientes inevitablemente surgirán al exterior. Si nos detenemos un poco aquí, no hay que ir tan lejos para observar una similitud entre esta terapia y el soñar. Sin embargo, en la terapia, existe un terapeuta que está entrenado para reconocer ciertos aspectos o pistas de problemas y sus soluciones que el cliente pasa por alto.
Resistencia. Una de estas pistas es la resistencia. Cuando el cliente intenta cambiar de tema, o su mente se le queda en blanco, se duerme, llega tarde o falta a una sesión, etc. Estas resistencias sugieren que el cliente, a través de sus asociaciones libres, está cercano a contenidos inconscientes que vive como amenazantes.
Análisis de los sueños. Mientras dormimos, presentamos menos resistencia a nuestro inconsciente y nos permitiremos algunas licencias, de manera simbólica, que florecerán en nuestra consciencia. Estos deseos del Ello proveen al cliente y al terapeuta de mayores pistas. Muchas formas de terapia usan los sueños en sus prácticas, pero la interpretación freudiana es distinta en tanto tendencia a hallar significados sexuales en ellos.
Paráfrasis. Una paráfrasis es un desvío del discurso verbal. (Muchas veces este acto supone una invasión directa de contenidos inconscientes o del Ello, llamado también “lapsus linguae”). Freud creía que estos fallos o desvíos también sugerían pistas para llegar a conflictos inconscientes. De hecho, creía que cualquier cosa que dijera el paciente siempre significaba algo; equivocarse de número al llamar por teléfono, desviarse de ruta, decir mal una palabra, suponían serios objetos de estudio para Freud.
Transferencia, catarsis e introspección. La transferencia ocurre cuando un cliente proyecta sentimientos sobre el terapeuta que de manera más bien tiene que ver con otras personas importantes. Freud entendía que la transferencia era necesaria en la terapia para traer a la luz aquellas emociones reprimidas que habían estado causando problemas al paciente por tanto tiempo. Por ejemplo, uno no puede sentirse verdaderamente rabioso si no existe una persona con la que estarlo. Contrariamente al pensamiento popular, la relación entre el terapeuta y el cliente en la teoría freudiana es muy cercana, aunque se establece de manera que no pueda traspasar unos límites.
La catarsis es la explosión súbita y dramática que ocurre cuando el trauma resurge.
La introspección es el estado de alerta ante la fuente de la emoción o de su fuente traumática. Se alcanza la mayor parte de la terapia cuando el insight y la catarsis se han experimentado. Aquello que debió ocurrir hace muchos años y que por ser muy pequeños para lidiar con ello o porque la presión era demasiado para nosotros, empieza ahora a surgir, de manera de lograr una vida más feliz.
Freud dijo una vez que el objetivo de la terapia era simplemente “hacer consciente lo inconsciente”.
Aportes de Anna Freud
Psicología del Yo
Anna se mantuvo fiel a las ideas básicas de su padre. No obstante, se preocupó más de la dinámica mental que de su estructura y estuvo particularmente fascinada por el lugar del Yo en todo esto. Después de todo, Freud dirigió la mayor parte de sus esfuerzos al Ello y a la parte inconsciente de la vida psíquica. Como acertadamente afirmó, el Yo es el “lugar de observación” desde el cual observamos el trabajo del Ello y el Superyo, así como del inconsciente en general. Por esta razón, Anna se merece un estudio aparte.
La autora es probablemente mejor conocida por su libro El Yo y los Mecanismos de Defensa, en el cual presenta una descripción particularmente clara de cómo funcionan las defensas, incluyendo además una atención especial al uso de las defensas en adolescentes. La sección sobre las defensas en el capítulo de Freud de este libro está basada casi en su totalidad tanto en el trabajo de Anna como en el de Sigmund.
Este énfasis sobre el Yo empezó un movimiento en los círculos psicoanalíticos llamado psicología del Yo que representa en la actualidad, de manera discutible, la mayoría de los freudianos.
Esta surge y se apoya en los trabajos tempranos de Freud, pero se complementa con una visión más actual, ordinaria y práctica del mundo del Yo. En este sentido, la teoría freudiana puede aplicarse no solo a la psicopatología, sino también a campos relacionados como lo social y evolutivo. Erik Erikson es el ejemplo mejor conocido de la psicología del Yo.
Psicología infantil
Pero Anna Freud no era primordialmente una teórica. Sus intereses eran más prácticos y mucho de su esfuerzo fue dirigido hacia el análisis de niños y adolescentes, logrando perfeccionar la técnica.
En primer lugar, la relación del niño con el terapeuta es distinta. Los padres de éste constituyen una gran parte de la vida de él; una parte que el terapeuta no puede usurpar. Pero, el terapeuta no puede convertirse en otro niño. Sigue siendo una figura de autoridad para el paciente. Así que Anna ideó una técnica para manejar este problema de “transferencia”, utilizando la forma más natural posible: siendo un adulto cuidadoso, no un nuevo compañero de juegos, no un padre sustituto. Actualmente, su acercamiento al paciente puede considerarse todavía un poco autoritario, pero tiene más sentido que otros.
Otro problema del análisis de niños es que sus habilidades simbólicas no están tan desarrolladas como en los adultos. De hecho, los más jóvenes, tienen problemas a la hora de verbalizar sus dificultades emocionales. Incluso los más mayores tienen problemas para esconder sus conflictos tras símbolos complejos, como hacen los adultos. Después de todo, los problemas de los chicos se establecen en el “aquí y ahora”; no hay mucho tiempo para construir defensas. Por lo tanto, los problemas están más cercanos a la superficie y tienden a expresarse de manera más directa, menos simbólica, en términos conductuales y emocionales.
La mayoría de sus contribuciones la estudio de la personalidad proceden de su experiencia en el Hamstead Child Therapy Clinic (Clínica de Terapia Infantil Hamstead) en Londres que ella misma ayudó a construir. En este lugar, Anna se percató de que uno de los mayores problemas era la comunicación entre terapeutas: mientras que los problemas adultos se comunicaban por medio de etiquetas tradicionales, los de los niños era imposible.
Dado que estos problemas de los niños son más inmediatos, Anna los reconceptualizó en términos de movimientos del niño en una línea temporal de desarrollo. Un niño se desarrolla y crece relacionándose con sus progenitores a través de sus comportamientos alimentarios, higiene personal, estilos de juego, relaciones con otros niños y así sucesivamente. Estos comportamientos son considerados como sanos.
Los Mecanismos de Defensa
El Yo lidia con las exigencias de la realidad, del Ello y del Superyo de la mejor manera que puede. Pero cuando la ansiedad llega ser abrumadora, el Yo debe defenderse a sí mismo. Esto lo hace bloqueando inconscientemente los impulsos o distorsionándoles, logrando que sean más aceptables y menos amenazantes. Estas técnicas se han llamado mecanismos defensivos yoicos y tanto Freud como su hija Anna, así como otros seguidores han señalado unos cuantos.
La Negación se refiere al bloqueo de los eventos externos a la consciencia. Si una situación es demasiado intensa para poder manejarla, simplemente nos negamos a experimentarla. Como podrían suponer, esta defensa es primitiva y peligrosa (nadie puede desatender la realidad durante mucho tiempo). Este mecanismo usualmente opera junto a otras defensas, aunque puede funcionar en exclusiva.
La Represión, defensa que Anna Freud llamó también “olvido motivado” es simplemente la imposibilidad de recordar una situación, persona o evento estresante. Esta defensa también es peligrosa y casi siempre va acompañada de otras más.
Ascetismo es la renuncia de las necesidades es una de las defensas que menos hemos oído hablar, pero se ha puesto nuevamente de moda con la emergencia del trastorno llamado anorexia. Los pre-adolescentes, cuando se sienten amenazados por sus emergentes deseos sexuales, pueden protegerse a sí mismos inconscientemente a través de negar no sólo sus deseos sexuales, sino también todos sus deseos. Así, se embarcan en una vida como si fueran monjes, con una tendencia ascética donde renuncian a cualquier interés sobre lo que los demás renuncian.
Aislamiento (también llamado intelectualización) consiste en separar la emoción de un recuerdo doloroso o de un impulso amenazante. La persona puede reconocer, de forma muy sutil, que ha sido abusada de pequeña, o puede demostrar una curiosidad intelectual sobre su orientación sexual recién descubierta. Algo que debe considerarse como importante, sencillamente se trata como si no lo fuera.
El Desplazamiento es la “redirección” de un impulso hacia otro blanco que lo sustituya. Si el impulso o el deseo es aceptado por ti, pero la persona al que va dirigido es amenazante, lo desvías hacia otra persona u objeto simbólico. Por ejemplo, alguien que odia a su madre puede reprimir ese odio, pero lo desvía hacia, digamos, las mujeres en general. Alguien que no haya tenido la oportunidad de amar a un ser humano puede desviar su amor hacia un gato o un perro.
Agresión contra el propio self: Es una forma muy especial de desplazamiento y se establece cuando la persona se vuelve su propio blanco sustitutivo. Usualmente se usa cuando nos referimos a la rabia, irritabilidad y la agresión, más que a impulsos más positivos. Constituye la explicación freudiana para muchos de nuestros sentimientos de inferioridad, culpa y depresión. La idea de que la depresión es muchas veces el producto de la rabia contra un objeto (persona) que no queremos reconocer, es ampliamente aceptada por freudianos y otros de diversas corrientes.
Proyección o desplazamiento hacia fuera, como Anna Freud le llamó, es casi completamente lo contrario de la agresión contra el propio self. Comprende la tendencia a ver en los demás aquellos deseos inaceptables para nosotros. En otras palabras; los deseos permanecen en nosotros, pero no son nuestros.
La Rendición altruista es una forma de proyección que parece a primera vista como lo opuesto: aquí, la persona intenta llenar sus propias necesidades de forma vicaria a través de otras gentes.
La Formación reactiva, o “creencia en lo opuesto”, como Anna Freud llamó, es el cambio de un impulso inaceptable por su contrario. Así, un niño. Enfadado con su madre, puede volverse un niño muy preocupado por ella y demostrarle mucho cariño. El niño que sufre abusos por parte de un progenitor, se vuelve hacia él corriendo. O alguien que no acepta un impulso homosexual, puede repudiar a los homosexuales.
La Anulación Retroactiva comprende rituales o gestos tendientes a cancelar aquellos pensamientos o sentimientos displacenteros después de que han ocurrido. Por ejemplo, Anna Freud mencionaba a un niño que recitaba el alfabeto al revés siempre que tenía un pensamiento sexual, o que se volvía y escupía cuando se encontraba con otro niño que compartiese su pasión por la masturbación.
La Introyección, muchas veces llamada identificación, comprende la adquisición o atribución de características de otra persona como si fueran de uno, puesto que hacerlo, resuelve algunas dificultades emocionales. Por ejemplo, si se le deja solo a un niño con mucha frecuencia, él intenta convertirse en “papá” de manera de disminuir sus temores. En ocasiones les vemos jugando a con sus muñecos diciéndoles que no deben tener miedo. También podemos observar cómo los chicos mayores y adolescentes adoran a sus ídolos musicales, pretendiendo ser como ellos para lograr establecer una identidad.
Identificación con el Agresor es una versión de la introyección que se centra en la adopción no de rasgos generales o positivos del objeto, sino de negativos. Si uno está asustado con respecto a alguien, me convierto parcialmente en él para eliminar el miedo.
La Regresión constituye una vuelta atrás en el tiempo psicológico cuando uno se enfrenta a un estrés. Cuando estamos en problemas o estamos atemorizados, nuestros comportamientos se tornan más infantiles o primitivos. Un adolescente puede empezar a reírse descontroladamente en una situación de encuentro social con el sexo opuesto. Un estudiante preuniversitario debe traerse consigo un muñeco de peluche de casa a un examen.
El mecanismo de Racionalización es la distorsión cognitiva de los “hechos” para hacerlos menos amenazantes. Utilizamos esta defensa muy frecuentemente cuando de manera consciente explicamos nuestros actos con demasiadas excusas. Pero, para muchas personas con un Yo sensible, utilizan tan fácilmente las excusas, que nunca se dan cuenta de ellas. En otras palabras, muchos de nosotros estamos bastante bien preparados para creernos nuestras mentiras.
Todas las defensas son, de hecho, mentiras, incluso si no somos conscientes de ellas. Pero aún así, Freud consideró que las defensas eran necesarias. No podemos esperar que una persona, especialmente un niño, pueda con todo el dolor y las penas que la vida le depara. Aunque algunos de sus seguidores sugirieron que todas las defensas podían utilizarse con fines positivos, Freud dijo que solo había una, la sublimación.
La Sublimación es la transformación de un impulso inaceptable, ya sea sexo, rabia, miedo o cualquier otro, en una forma socialmente aceptable, incluso productiva. Por esta razón, alguien con impulsos hostiles puede desarrollar actividades como cazar, ser carnicero, jugador de rugby o fútbol o convertirse en mercenario. Una persona que sufre de gran ansiedad en un mundo confuso puede volverse un organizado, o una persona de negocios o un científico. Alguien con impulsos sexuales poderosos puede llegar a ser fotógrafo, artista, un novelista y demás. Para Freud, de hecho, toda actividad creativa positiva era una sublimación, sobre todo de la pulsión sexual.
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SANTO DOMINGO
(UASD)
CENTRO UNIVERSITARIO REGIONAL DE SANTIAGO
(CURSA)
Materia:
Teoría de la personalidad (PSI-206)
Profesor:
José Tavárez
Tema:
Teoría de Sigmund y Anna Freud
Presentado por:
Maria Casilda Rodríguez DA-4675
Ismael Gómez DC-2587
Frankelizha Ynoa DC-2688
Julio Cesar García DA-4750
Algenis Almonte CC-9959
Fecha de entrega:
24 de febrero de 2009
Freud no inventó exactamente el concepto de mente consciente versus mente inconsciente, pero desde luego lo hizo popular. La mente consciente es todo aquello de lo que nos damos cuenta en un momento particular: las percepciones presentes, memorias, pensamientos, fantasías y sentimientos. Cuando trabajamos muy centrados en estos apartados es lo que Freud llamó preconsciente, algo que hoy llamaríamos “memoria disponible”: se refiere a todo aquello que somos capaces de recordar; aquellos recuerdos que no están disponibles en el momento, pero que somos capaces de traer a la conciencia. Actualmente, nadie tiene problemas con estas dos capas de la mente, aunque Freud sugirió que las mismas constituían solo pequeñas partes de la misma.
La parte más grande estaba formada por el inconsciente e incluía todas aquellas cosas que no son accesibles a nuestra consciencia, incluyendo muchas que se habían originado allí, tales como nuestros impulsos o instintos, así como otras que no podíamos tolerar en nuestra mente consciente, tales como las emociones asociadas a los traumas.
De acuerdo con Freud, el inconsciente es la fuente de nuestras motivaciones, ya sean simples deseos de comida o sexo, compulsiones neuróticas o los motivos de un artista o científico. Además, tenemos una tendencia a negar o resistir estas motivaciones de su percepción consciente, de manera que solo son observables de forma disfrazada. Ya volveremos más adelante con esto.
El Ello, el Yo y el Superyo
La realidad psicológica freudiana empieza con el mundo lleno de objetos. Entre ellos, hay uno especial: el cuerpo. El cuerpo es especial en tanto actúa para sobrevivir y reproducirse y está guiado a estos fines por sus necesidades (hambre, sed, evitación del dolor y sexo).
Una parte (muy importante, por cierto) del cuerpo lo constituye el sistema nervioso, del que una de sus características más prevalentes es la sensibilidad que posee ante las necesidades corporales. En el nacimiento, este sistema es poco más o menos como el de cualquier animal, una “cosa”, o más bien, el Ello. El sistema nervioso como Ello, traduce las necesidades del cuerpo a fuerzas motivacionales llamadas pulsiones. Freud también los llamó deseos. Esta traslación de necesidad a deseo es lo que se ha dado a conocer como proceso primario.
El Ello tiene el trabajo particular de preservar el principio de placer, el cual puede entenderse como una demanda de atender de forma inmediata las necesidades. El bebé, según la concepción freudiana, es puro, o casi puro Ello. Y el Ello no es más que la representación psíquica de lo biológico.
Pero, aunque el Ello y la necesidad de comida puedan satisfacerse a través de la imagen de un filete jugoso, al cuerpo no le ocurre lo mismo. A partir de aquí, la necesidad solo se hace más grande y los deseos se mantienen aún más
El Yo se apoya en la realidad a través de su consciencia, buscando objetos para satisfacer los deseos que el Ello ha creado para representar las necesidades orgánicas. Esta actividad de búsqueda de soluciones es llamada proceso secundario.
El Yo, a diferencia del Ello, funciona de acuerdo con el principio de realidad, el cual estipula que se “satisfaga una necesidad tan pronto haya un objeto disponible”. Representa la realidad y hasta cierto punto, la razón.
No obstante, aunque el Yo se las ingenia para mantener contento al Ello (y finalmente al cuerpo), se encuentra con obstáculos en el mundo externo. En ocasiones se encuentra con objetos que ayudan a conseguir las metas. Pero el Yo capta y guarda celosamente todas estas ayudas y obstáculos, especialmente aquellas gratificaciones y castigos que obtiene de los dos objetos más importantes del mundo de un niño: mamá y papá. Este registro de cosas a evitar y estrategias para conseguir es lo que se convertirá en Superyo. Esta instancia no se completa hasta los siete años de edad y en algunas personas nunca se estructurará.
Hay dos aspectos del Superyo: uno es la consciencia, constituida por la internalización de los castigos y advertencias. El otro es llamado el Ideal del Yo, el cual deriva de las recompensas y modelos positivos presentados al niño. La consciencia y el Ideal del Yo comunican sus requerimientos al Yo con sentimientos como el orgullo, la vergüenza y la culpa.
Es como si en la niñez hubiésemos adquirido un nuevo conjunto de necesidades y de deseos acompañantes, esta vez de naturaleza más social que biológica. Pero, por desgracia, estos nuevos deseos pueden establecer un conflicto con los deseos del Ello. El Superyo representaría la sociedad, y la sociedad pocas veces satisface sus necesidades.
Pulsiones de Vida y Pulsión de Muerte
Freud consideró que todo el comportamiento humano estaba motivado por las pulsiones, las cuales no son más que las representaciones neurológicas de las necesidades físicas. Al principio se refirió a ellas como pulsiones de vida. Estas pulsiones perpetúan (a) la vida del sujeto, motivándole a buscar comida y agua y (b) la vida de la especie, motivándole a buscar sexo. La energía motivacional de estas pulsiones de vida, les llamó libido, a partir del latín significante de “yo deseo”.
La experiencia clínica de Freud le llevó a considerar el sexo como una necesidad mucho más importante que otras en la dinámica de la psiquis. Somos, después de todo, criaturas sociales y el sexo es la mayor de las necesidades sociales. Pero, aunque debemos recordar que cuando Freud hablaba de sexo, hablaba de mucho más que solo el coito, la libido se ha considerado como la pulsión sexual.
Más tarde en su vida, Freud empezó a creer que las pulsiones de vida no explicaban toda la historia. La libido es una cosa viviente; el principio de placer nos mantiene en constante movimiento. Y la finalidad de todo este movimiento es lograr la quietud, estar satisfecho, estar en paz, no tener más necesidades. Se podría decir que la meta de la vida, bajo este supuesto, es la muerte. Freud empezó a considerar que “debajo” o “a un lado” de las pulsiones de vida había una pulsión de muerte. Empezó a defender la idea de que cada persona tiene una necesidad inconsciente de morir.
Parece una idea extraña en principio, y desde luego fue rechazada por muchos de sus estudiantes, pero creemos que tiene cierta base en la experiencia: la vida puede ser un proceso bastante doloroso y agotador. Para la gran mayoría de las personas existe más dolor que placer, algo, por cierto, que nos cuesta trabajo admitir. La muerte promete la liberación del conflicto.
Los Estadios
Como mencioné antes, para Freud la pulsión sexual es la fuerza motivacional más importante. Éste creía que esta fuerza no era solo la más prevalente para los adultos, sino también en los niños, e incluso en los infantes. Cuando Freud presentó sus ideas sobre sexualidad infantil por primera vez, el público vienés al que se dirigió no estaba preparado para hablar de sexo en los adultos, y desde luego menos aún en los niños.
Es cierto que la capacidad orgásmica está presente desde el nacimiento, pero Freud no solo hablaba de orgasmo. La sexualidad no comprende en exclusiva al coito, sino todas aquellas sensaciones placenteras de la piel. Está claro que hasta el más mojigato de nosotros, incluyendo bebés, niños y adultos, disfrutamos de as experiencias táctiles como los besos, caricias y demás.
Freud observó que en distintas etapas de nuestra vida, diferentes partes de la piel que nos daban mayor placer. Más tarde, los teóricos llamarían a estas áreas zonas erógenas. Vio que los infantes obtenían un gran monto de placer a través de chupar, especialmente del pecho. De hecho, los bebés presentan una gran tendencia a llevarse a la boca todo lo que tienen a su alrededor. Un poco más tarde en la vida, el niño concentra su atención al placer anal de retener y expulsar. Alrededor de los tres o cuatro años, el niño descubre el placer de tocarse sus genitales. Y solo más tarde, en nuestra madurez sexual, experimentamos un gran placer en nuestras relaciones sexuales. Basándose en estas observaciones, Freud postuló su teoría de los estadios psicosexuales.
La etapa oral se establece desde el nacimiento hasta alrededor de los 18 meses. El foco del placer es, por supuesto, la boca. Las actividades favoritas del infante son chupar y morder.
La etapa anal se encuentra entre los 18 meses hasta los tres o cuatro años de edad. El foco del placer es el ano. El goce surge de retener y expulsar.
La etapa fálica va desde los tres o cuatro años hasta los cinco, seis o siete. El foco del placer se centra en los genitales. La masturbación a estas edades es bastante común.
La etapa de latencia dura desde los cinco, seis o siete años de edad hasta la pubertad, más o menos a los 12 años. Durante este período, Freud supuso que la pulsión sexual se suprimía al servicio del aprendizaje. En esta etapa la mayoría de los niños de estas edades están bastante ocupados con sus tareas escolares, y por tanto “sexualmente calmados”.
La etapa genital empieza en la pubertad y representa el resurgimiento de la pulsión sexual en la adolescencia, dirigida más específicamente hacia las relaciones sexuales. Freud establecía que tanto la masturbación, el sexo oral, la homosexualidad como muchas otras manifestaciones comportamentales eran inmaduras, cuestiones que actualmente no lo son para nosotros.
Estas etapas constituyen una verdadera teoría de períodos que la mayoría de los freudianos siguen al pie de la letra, tanto en su contenido como en las edades que comprenden.
La crisis Edípica
Cada estadio comprende una serie de tareas difíciles propias de donde surgirán multitud de problemas. Para la fase oral es el destete; para la anal, el control de esfínteres; para la fálica, es la crisis edípica, llamada así por la historia griega del rey Edipo, quien inadvertidamente mató a su padre y se casó con su madre.
Veamos como funciona la llamada crisis edípica. El primer objeto de amor de todos nosotros es nuestra madre. Queremos su atención, queremos su afecto, queremos su cuidado; la queremos, la deseamos de una manera ampliamente sexual. No obstante, el niño tiene un rival ante estos deseos, personificado en su padre. Éste es mayor, más fuerte, más listo y se va a la cama con ella, mientras que el chico es desplazado a dormir solo en su habitación. El padre es el enemigo.
El niño, al reconocer la superioridad de su padre, empieza a poner en práctica algunas de sus defensas yoicas. Desplaza sus impulsos sexuales a su madre hacia las chicas y posteriormente a las mujeres. Y se identifica con el agresor, su papá, e intenta parecerse cada vez más a él; esto es, un hombre. Después de unos años de latencia, entra en la adolescencia y al mundo de la heterosexualidad madura.
La niña también empieza su vida con amor hacia su madre, por lo que se nos presenta el problema de tener que redirigir sus afectos hacia su padre antes de que tenga lugar el proceso edípico. Freud responde a esto con la envidia al pene. La niña ha notado también que ante la diferencia de ambos sexos, ella no puede hacer nada. A ella le gustaría tener un pene también, así como todo el poder asociado a éste. Mucho más tarde podrá tener un sustituto, como un bebé. Como todo niño sabe, se necesita de un papá y una mamá para tener un bebé, de manera que gira su atención y cariño hacia papá.
Pero, papá, por supuesto ya está cogido por alguien. La chica entonces le desplaza por los chicos y hombres, identificándose con mamá, la mujer que posee al hombre que ella verdaderamente desea. Debemos observar que hay algo aquí que falta. La niña no sufre por el poder motivacional de la ansiedad de castración, ya que ella no puede perder lo que nunca ha tenido. Freud pensó que la falta de este tremendo miedo es lo que provocaba que las mujeres fuesen menos firmes en su heterosexualidad que los hombres y un poco menos inclinadas hacia los aspectos morales en general.
Carácter
Las experiencias que uno va acumulando a lo largo de la vida contribuyen a forjar su personalidad o carácter como adulto. Freud creía que las experiencias traumáticas tenían un efecto especialmente fuerte en esta etapa. Indudablemente, cada trauma en particular podría tener su impacto específico en una persona, lo cual solo podía explorarse y comprenderse sobre una base individual. Pero, aquellos traumas asociados con los estadios de desarrollo por los que todos pasamos, tendrían mayor consistencia.
Si una persona presenta algún tipo de dificultad en cualquiera de las tareas asociadas con estas etapas (el destete, el control de esfínteres o en la búsqueda de la identidad sexual) tenderá a retener ciertos hábitos infantiles o primitivos. A esto se le llama fijación.
La fijación provoca que cada problema de una etapa específica se prolongue considerablemente en nuestro carácter o personalidad.
Si, teniendo 18 meses de edad, se encuentra constantemente frustrado en su necesidad de chupar, ya sea porque mamá está incómoda o incluso es muy ruda con usted, o sencillamente quiere destetarle demasiado rápido, usted puede desarrollar un carácter oral-pasivo. Una personalidad de este tipo tiende a depender mucho de los demás. Usualmente buscan “gratificaciones orales” tales como comer, beber y fumar. Es como si estuviesen buscando los placeres que se perdieron en la infancia.
Cuando tenemos entre 5 y 8 meses de edad, empezamos la dentición. Una acción que nos satisface mucho en este período es morder todo lo que esté a nuestro alcance, como por ejemplo, el pezón de mamá. Si esta acción es causante de displacer o se corta demasiado rápido. Podremos desarrollar entonces una personalidad oral-agresiva. Esta personas retienen de por vida un deseo de morder cosas, como lápices, chicles, así como personas. Tienden a ser verbalmente agresivos, sarcásticos, irónicos y demás.
En el estadio anal estamos fascinados con nuestras “funciones corporales”. Al principio, podemos hacerlo de cualquier forma y en cualquier lugar. Posteriormente, sin razón aparente empezamos a comprender que podemos tener control sobre ello, haciéndolo en ciertos lugares y a ciertas horas.
Algunos padres se someten a merced del niño en el entrenamiento del control de esfínteres. Le piden de rodillas que lo hagan en el váter, se alegran considerablemente cuando lo hacen bien y se rompe su corazón cuando no lo hacen correctamente. El niño, mientras, es el rey de la casa, y él lo sabe. Este niño, con esos padres, desarrollará una personalidad anal-expulsiva (también anal-agresiva). Estas personas tienden a ser sensibleros, desorganizados y generosos ante una falta. Pueden ser crueles, destructivos y muy dados al vandalismo y los grafiti.
Otros padres son estrictos. Pueden estar compitiendo con los vecinos a ver cuál de los niños controla primero los esfínteres (muchas personas creen que si un niño lo hace muy pronto en su evolución, es un signo de gran inteligencia). Pueden llegar a usar la humillación o el castigo. Este niño puede perfectamente sufrir de estreñimiento, tratando de controlarse constantemente y desarrollará de mayor una personalidad anal-retentiva. Será especialmente pulcro, perfeccionista y dictatorial. En otras palabras el anal-retentivo está atado por todas partes.
Existen también dos personalidades fálicas, aunque a ninguna de ellas se le ha dado nombre. Si el niño, por ejemplo, es rechazado en demasía por su madre y además amenazado por su padre excesivamente varonil, tendrá posiblemente una sensación muy pobre de autovalía en cuanto a su sexualidad. En este caso, intentaría lidiar con esto o bien declinando cualquier actividad heterosexual; convirtiéndose en un ratón de biblioteca o llegando a ser el macho de todas las mujeres. En el caso de una niña rechazada por su padre y amenazada por una madre excesivamente femenina, también producirá una autoestima muy baja en el área de la sexualidad. Así, podría llegar a ser un jarrón de flores de adorno y una belleza exageradamente femenina.
En otra situación, si un niño no es rechazado por su madre y más bien es sobreprotegido en sus debilidades por ella mucho más que su padre pasivo, podría desarrollar una opinión de sí mismo bastante grande (lo cual le remitirá mucho sufrimiento al enfrentarse al mundo real y darse cuanta de que los demás no le quieren como su madre lo hizo) y parecer afeminado. Después de todo, no existe ninguna razón por la que tenga que identificarse con su padre. De la misma manera, si una niña es la princesita de papá y su mejor colega y mamá ha sido relegada a una posición casi de sirvienta, la chica será muy superficial y egocéntrica, o por el contrario muy masculina.
Estos distintos caracteres fálicos demuestran un punto importante de la caracterología freudiana: los extremos conllevan a los extremos. Si usted se encuentra frustrado o es demasiado indulgente, tiene problemas. Y, aunque cada problema tiende a desarrollar ciertas características, éstas últimas pueden ser fácilmente reversibles. Así, por ejemplo, una persona anal-retentiva puede volverse excesivamente generosa o ser bastante desorganizada en algunos aspectos de su vida.
Terapia
La terapia de Freud ha sido la más influyente de todas, a la vez que la parte más influyente también de su teoría. A continuación veremos algunos de sus puntos más importantes:
Atmósfera relajada. El cliente debe sentirse libre de expresar lo que quiera. La situación terapéutica es, de hecho, una situación social única, en la que uno no se debe sentir miedoso ante un juicio social u ostracismo. De hecho, en la terapia freudiana, el terapeuta prácticamente desaparece. Añada a este situación un diván cómodo, luces tenues, paredes insonorizadas, y el ámbito está servido.
Asociación libre. El cliente puede hablar de cualquier cosa. La teoría dice que con una buena relajación, los conflictos inconscientes inevitablemente surgirán al exterior. Si nos detenemos un poco aquí, no hay que ir tan lejos para observar una similitud entre esta terapia y el soñar. Sin embargo, en la terapia, existe un terapeuta que está entrenado para reconocer ciertos aspectos o pistas de problemas y sus soluciones que el cliente pasa por alto.
Resistencia. Una de estas pistas es la resistencia. Cuando el cliente intenta cambiar de tema, o su mente se le queda en blanco, se duerme, llega tarde o falta a una sesión, etc. Estas resistencias sugieren que el cliente, a través de sus asociaciones libres, está cercano a contenidos inconscientes que vive como amenazantes.
Análisis de los sueños. Mientras dormimos, presentamos menos resistencia a nuestro inconsciente y nos permitiremos algunas licencias, de manera simbólica, que florecerán en nuestra consciencia. Estos deseos del Ello proveen al cliente y al terapeuta de mayores pistas. Muchas formas de terapia usan los sueños en sus prácticas, pero la interpretación freudiana es distinta en tanto tendencia a hallar significados sexuales en ellos.
Paráfrasis. Una paráfrasis es un desvío del discurso verbal. (Muchas veces este acto supone una invasión directa de contenidos inconscientes o del Ello, llamado también “lapsus linguae”). Freud creía que estos fallos o desvíos también sugerían pistas para llegar a conflictos inconscientes. De hecho, creía que cualquier cosa que dijera el paciente siempre significaba algo; equivocarse de número al llamar por teléfono, desviarse de ruta, decir mal una palabra, suponían serios objetos de estudio para Freud.
Transferencia, catarsis e introspección. La transferencia ocurre cuando un cliente proyecta sentimientos sobre el terapeuta que de manera más bien tiene que ver con otras personas importantes. Freud entendía que la transferencia era necesaria en la terapia para traer a la luz aquellas emociones reprimidas que habían estado causando problemas al paciente por tanto tiempo. Por ejemplo, uno no puede sentirse verdaderamente rabioso si no existe una persona con la que estarlo. Contrariamente al pensamiento popular, la relación entre el terapeuta y el cliente en la teoría freudiana es muy cercana, aunque se establece de manera que no pueda traspasar unos límites.
La catarsis es la explosión súbita y dramática que ocurre cuando el trauma resurge.
La introspección es el estado de alerta ante la fuente de la emoción o de su fuente traumática. Se alcanza la mayor parte de la terapia cuando el insight y la catarsis se han experimentado. Aquello que debió ocurrir hace muchos años y que por ser muy pequeños para lidiar con ello o porque la presión era demasiado para nosotros, empieza ahora a surgir, de manera de lograr una vida más feliz.
Freud dijo una vez que el objetivo de la terapia era simplemente “hacer consciente lo inconsciente”.
Aportes de Anna Freud
Psicología del Yo
Anna se mantuvo fiel a las ideas básicas de su padre. No obstante, se preocupó más de la dinámica mental que de su estructura y estuvo particularmente fascinada por el lugar del Yo en todo esto. Después de todo, Freud dirigió la mayor parte de sus esfuerzos al Ello y a la parte inconsciente de la vida psíquica. Como acertadamente afirmó, el Yo es el “lugar de observación” desde el cual observamos el trabajo del Ello y el Superyo, así como del inconsciente en general. Por esta razón, Anna se merece un estudio aparte.
La autora es probablemente mejor conocida por su libro El Yo y los Mecanismos de Defensa, en el cual presenta una descripción particularmente clara de cómo funcionan las defensas, incluyendo además una atención especial al uso de las defensas en adolescentes. La sección sobre las defensas en el capítulo de Freud de este libro está basada casi en su totalidad tanto en el trabajo de Anna como en el de Sigmund.
Este énfasis sobre el Yo empezó un movimiento en los círculos psicoanalíticos llamado psicología del Yo que representa en la actualidad, de manera discutible, la mayoría de los freudianos.
Esta surge y se apoya en los trabajos tempranos de Freud, pero se complementa con una visión más actual, ordinaria y práctica del mundo del Yo. En este sentido, la teoría freudiana puede aplicarse no solo a la psicopatología, sino también a campos relacionados como lo social y evolutivo. Erik Erikson es el ejemplo mejor conocido de la psicología del Yo.
Psicología infantil
Pero Anna Freud no era primordialmente una teórica. Sus intereses eran más prácticos y mucho de su esfuerzo fue dirigido hacia el análisis de niños y adolescentes, logrando perfeccionar la técnica.
En primer lugar, la relación del niño con el terapeuta es distinta. Los padres de éste constituyen una gran parte de la vida de él; una parte que el terapeuta no puede usurpar. Pero, el terapeuta no puede convertirse en otro niño. Sigue siendo una figura de autoridad para el paciente. Así que Anna ideó una técnica para manejar este problema de “transferencia”, utilizando la forma más natural posible: siendo un adulto cuidadoso, no un nuevo compañero de juegos, no un padre sustituto. Actualmente, su acercamiento al paciente puede considerarse todavía un poco autoritario, pero tiene más sentido que otros.
Otro problema del análisis de niños es que sus habilidades simbólicas no están tan desarrolladas como en los adultos. De hecho, los más jóvenes, tienen problemas a la hora de verbalizar sus dificultades emocionales. Incluso los más mayores tienen problemas para esconder sus conflictos tras símbolos complejos, como hacen los adultos. Después de todo, los problemas de los chicos se establecen en el “aquí y ahora”; no hay mucho tiempo para construir defensas. Por lo tanto, los problemas están más cercanos a la superficie y tienden a expresarse de manera más directa, menos simbólica, en términos conductuales y emocionales.
La mayoría de sus contribuciones la estudio de la personalidad proceden de su experiencia en el Hamstead Child Therapy Clinic (Clínica de Terapia Infantil Hamstead) en Londres que ella misma ayudó a construir. En este lugar, Anna se percató de que uno de los mayores problemas era la comunicación entre terapeutas: mientras que los problemas adultos se comunicaban por medio de etiquetas tradicionales, los de los niños era imposible.
Dado que estos problemas de los niños son más inmediatos, Anna los reconceptualizó en términos de movimientos del niño en una línea temporal de desarrollo. Un niño se desarrolla y crece relacionándose con sus progenitores a través de sus comportamientos alimentarios, higiene personal, estilos de juego, relaciones con otros niños y así sucesivamente. Estos comportamientos son considerados como sanos.
Los Mecanismos de Defensa
El Yo lidia con las exigencias de la realidad, del Ello y del Superyo de la mejor manera que puede. Pero cuando la ansiedad llega ser abrumadora, el Yo debe defenderse a sí mismo. Esto lo hace bloqueando inconscientemente los impulsos o distorsionándoles, logrando que sean más aceptables y menos amenazantes. Estas técnicas se han llamado mecanismos defensivos yoicos y tanto Freud como su hija Anna, así como otros seguidores han señalado unos cuantos.
La Negación se refiere al bloqueo de los eventos externos a la consciencia. Si una situación es demasiado intensa para poder manejarla, simplemente nos negamos a experimentarla. Como podrían suponer, esta defensa es primitiva y peligrosa (nadie puede desatender la realidad durante mucho tiempo). Este mecanismo usualmente opera junto a otras defensas, aunque puede funcionar en exclusiva.
La Represión, defensa que Anna Freud llamó también “olvido motivado” es simplemente la imposibilidad de recordar una situación, persona o evento estresante. Esta defensa también es peligrosa y casi siempre va acompañada de otras más.
Ascetismo es la renuncia de las necesidades es una de las defensas que menos hemos oído hablar, pero se ha puesto nuevamente de moda con la emergencia del trastorno llamado anorexia. Los pre-adolescentes, cuando se sienten amenazados por sus emergentes deseos sexuales, pueden protegerse a sí mismos inconscientemente a través de negar no sólo sus deseos sexuales, sino también todos sus deseos. Así, se embarcan en una vida como si fueran monjes, con una tendencia ascética donde renuncian a cualquier interés sobre lo que los demás renuncian.
Aislamiento (también llamado intelectualización) consiste en separar la emoción de un recuerdo doloroso o de un impulso amenazante. La persona puede reconocer, de forma muy sutil, que ha sido abusada de pequeña, o puede demostrar una curiosidad intelectual sobre su orientación sexual recién descubierta. Algo que debe considerarse como importante, sencillamente se trata como si no lo fuera.
El Desplazamiento es la “redirección” de un impulso hacia otro blanco que lo sustituya. Si el impulso o el deseo es aceptado por ti, pero la persona al que va dirigido es amenazante, lo desvías hacia otra persona u objeto simbólico. Por ejemplo, alguien que odia a su madre puede reprimir ese odio, pero lo desvía hacia, digamos, las mujeres en general. Alguien que no haya tenido la oportunidad de amar a un ser humano puede desviar su amor hacia un gato o un perro.
Agresión contra el propio self: Es una forma muy especial de desplazamiento y se establece cuando la persona se vuelve su propio blanco sustitutivo. Usualmente se usa cuando nos referimos a la rabia, irritabilidad y la agresión, más que a impulsos más positivos. Constituye la explicación freudiana para muchos de nuestros sentimientos de inferioridad, culpa y depresión. La idea de que la depresión es muchas veces el producto de la rabia contra un objeto (persona) que no queremos reconocer, es ampliamente aceptada por freudianos y otros de diversas corrientes.
Proyección o desplazamiento hacia fuera, como Anna Freud le llamó, es casi completamente lo contrario de la agresión contra el propio self. Comprende la tendencia a ver en los demás aquellos deseos inaceptables para nosotros. En otras palabras; los deseos permanecen en nosotros, pero no son nuestros.
La Rendición altruista es una forma de proyección que parece a primera vista como lo opuesto: aquí, la persona intenta llenar sus propias necesidades de forma vicaria a través de otras gentes.
La Formación reactiva, o “creencia en lo opuesto”, como Anna Freud llamó, es el cambio de un impulso inaceptable por su contrario. Así, un niño. Enfadado con su madre, puede volverse un niño muy preocupado por ella y demostrarle mucho cariño. El niño que sufre abusos por parte de un progenitor, se vuelve hacia él corriendo. O alguien que no acepta un impulso homosexual, puede repudiar a los homosexuales.
La Anulación Retroactiva comprende rituales o gestos tendientes a cancelar aquellos pensamientos o sentimientos displacenteros después de que han ocurrido. Por ejemplo, Anna Freud mencionaba a un niño que recitaba el alfabeto al revés siempre que tenía un pensamiento sexual, o que se volvía y escupía cuando se encontraba con otro niño que compartiese su pasión por la masturbación.
La Introyección, muchas veces llamada identificación, comprende la adquisición o atribución de características de otra persona como si fueran de uno, puesto que hacerlo, resuelve algunas dificultades emocionales. Por ejemplo, si se le deja solo a un niño con mucha frecuencia, él intenta convertirse en “papá” de manera de disminuir sus temores. En ocasiones les vemos jugando a con sus muñecos diciéndoles que no deben tener miedo. También podemos observar cómo los chicos mayores y adolescentes adoran a sus ídolos musicales, pretendiendo ser como ellos para lograr establecer una identidad.
Identificación con el Agresor es una versión de la introyección que se centra en la adopción no de rasgos generales o positivos del objeto, sino de negativos. Si uno está asustado con respecto a alguien, me convierto parcialmente en él para eliminar el miedo.
La Regresión constituye una vuelta atrás en el tiempo psicológico cuando uno se enfrenta a un estrés. Cuando estamos en problemas o estamos atemorizados, nuestros comportamientos se tornan más infantiles o primitivos. Un adolescente puede empezar a reírse descontroladamente en una situación de encuentro social con el sexo opuesto. Un estudiante preuniversitario debe traerse consigo un muñeco de peluche de casa a un examen.
El mecanismo de Racionalización es la distorsión cognitiva de los “hechos” para hacerlos menos amenazantes. Utilizamos esta defensa muy frecuentemente cuando de manera consciente explicamos nuestros actos con demasiadas excusas. Pero, para muchas personas con un Yo sensible, utilizan tan fácilmente las excusas, que nunca se dan cuenta de ellas. En otras palabras, muchos de nosotros estamos bastante bien preparados para creernos nuestras mentiras.
Todas las defensas son, de hecho, mentiras, incluso si no somos conscientes de ellas. Pero aún así, Freud consideró que las defensas eran necesarias. No podemos esperar que una persona, especialmente un niño, pueda con todo el dolor y las penas que la vida le depara. Aunque algunos de sus seguidores sugirieron que todas las defensas podían utilizarse con fines positivos, Freud dijo que solo había una, la sublimación.
La Sublimación es la transformación de un impulso inaceptable, ya sea sexo, rabia, miedo o cualquier otro, en una forma socialmente aceptable, incluso productiva. Por esta razón, alguien con impulsos hostiles puede desarrollar actividades como cazar, ser carnicero, jugador de rugby o fútbol o convertirse en mercenario. Una persona que sufre de gran ansiedad en un mundo confuso puede volverse un organizado, o una persona de negocios o un científico. Alguien con impulsos sexuales poderosos puede llegar a ser fotógrafo, artista, un novelista y demás. Para Freud, de hecho, toda actividad creativa positiva era una sublimación, sobre todo de la pulsión sexual.
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SANTO DOMINGO
(UASD)
CENTRO UNIVERSITARIO REGIONAL DE SANTIAGO
(CURSA)
Materia:
Teoría de la personalidad (PSI-206)
Profesor:
José Tavárez
Tema:
Teoría de Sigmund y Anna Freud
Presentado por:
Maria Casilda Rodríguez DA-4675
Ismael Gómez DC-2587
Frankelizha Ynoa DC-2688
Julio Cesar García DA-4750
Algenis Almonte CC-9959
Fecha de entrega:
24 de febrero de 2009
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