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viernes, 4 de febrero de 2011

Artículo de Eduardo Galeano

LA HUMILLACIÓN IMPERDONABLE


EDUARDO GALEANO


En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores. La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.
[...] Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad. La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.
Eduardo Galeano "Los pecados de Haití" (15 de enero de 2010, http://www.argenpress.info/)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Leonel Fernández, ¿va o no va?

Leonel Fernández, ¿va o no va?

Por Rosario Espinal
Una vez concluidas las elecciones del pasado 16 de mayo, la principal interrogante política del país ha sido si Leonel Fernández irá o no como candidato a la Presidencia de la República en el 2012, y junto a ésta, si modificará la Constitución recién proclamada o encontrará otro subterfugio.
Que el pueblo dominicano se debata en estas preguntas, y que el presidente Fernández no aclare sus intenciones, es vergonzante y muestra el bajísimo nivel de institucionalidad en la sociedad dominicana.
Primero, el presidente Fernández ha gobernado en tres ocasiones, por tanto, no es posible argumentar que merece un retorcimiento de las reglas constitucionales para otro chance.
Segundo, la Constitución vigente fue auspiciada y negociada por Fernández, con amplio conocimiento de lo que pactó. Entonces, ¿no cree en sus propios acuerdos?
Tercero, hay que abandonar de la discursiva política el ridículo argumento de la “soledad del poder” para justificar aspiraciones reeleccionista. El poder, como la vida misma, es una conjunción de compañía y soledad, y quien no esté apto para la soledad no merece gobernar.
Lo que ocurre en República Dominicana es que a todos los beneficiarios del gobierno les aterra la posibilidad de un cambio de presidente, porque están demasiado aferrados al poder para seguir derivando beneficios.
Hay incluso muchos peledeístas que no confían en que otro candidato les asegura el triunfo, o piensan que si triunfan, otros compañeritos serían los agraciados. Esto desdice mucho de la institucionalidad del PLD; su fuerza no debe depender tanto de una persona.
En varias ocasiones he utilizado el término “estreñimiento” para referirme a la situación actual del PLD ante la ambigüedad de Fernández sobre la reelección. Hoy agrego otro término médico para describir la situación: “cólicos”.
En el PLD hay diversos aspirantes desesperados por una aclaración de Fernández. Unos han subordinado públicamente sus aspiraciones a la decisión del Presidente, otros esperan con cólicos la resolución.
Sólo Leonel Fernández sabe si intentará presentarse o no. Lo que sí es claro ya, es que el PLD transita por un peligroso proceso de putrefacción interna porque no hay mecanismos institucionales en funcionamiento para procesar las aspiraciones de diversos precandidatos y sus seguidores.
Las decisiones del Comité Central de dejar todo como está dan apariencia de paz, pero son simplemente tapones para contener el mal olor interno, y las asambleas para juramentar nuevos miembros son escaparates para mostrar el dominio de Fernández y mantener disminuidos a otros aspirantes.
También es claro que la candidatura presidencial del PLD la determinará Fernández, sea él o escogiendo a otro.
Cuando llegue ese momento, las posturas en el Comité Político no serán necesariamente tan amigables como fueron para el 2008, cuando Fernández recibió apoyo casi unánime. En aquel entonces la Constitución le concedía el legítimo derecho a repostularse, y además, no había tanta desesperación y hartazgo entre algunos precandidatos y seguidores.
El presidente Fernández tiene gran maestría política en muchas de sus decisiones y actuaciones, pero en estas circunstancias, su aparente o real desapego a la institucionalidad constitucional que él mismo procreó, conlleva un alto costo político para su partido y el país.
Repito lo dicho en otros artículos, la democracia no fue creada ni funciona bien con aspiraciones vitalicias. Para eso existen las monarquías y las dictaduras, y si el deseo de Fernández era la reelección indefinida al estilo Balaguer, debió hacerlo cuando negoció su propia Constitución.
La democracia no es para perpetuar gobernantes independientemente de cómo hayan gobernado. En palabras de Winston Churchill: “La alternancia fecunda el suelo de la democracia”.

Artículo publicado en el periódico HOY el miércoles 3 de noviembre de 2010
Enlace al periódico HOY: http://www.hoy.com.do/opiniones/2010/11/2/348534/Leonel-Fernandez-va-o-no-va

lunes, 20 de septiembre de 2010

EL ALZHEIMER

El Alzheimer se manifiesta con progresivo deterioro cognitivo
Tomado de: http://www.diariolibre.com/noticias_det.php?id=261411
La demencia senil fue descrita por Alois Alzheimer, neurólogo y psiquiatra alemán, en el año 1906. La OMS y la Asociación Internacional de Alzheimer celebran cada 21 de septiembre el día mundial de esta enfermedad, en honor a este científico alemán que fue el primero en describir los síntomas y la neuropatología de la misma.
Según Zeidy Parra de Cabrera, geriatra y gerontóloga, del Centro de Medicina Avanzada doctor Abel González, es una enfermedad que se manifiesta con deterioro cognitivo y trastornos conductuales.
Sus tipos
El alzheimer precoz (se presenta en etapas tempranas de la vida, antes de los 65 años) y la tardía, también conocida como demencia senil es más frecuente después de los 75 años y con una mayor incidencia en el sexo femenino. "Mientras más edad más posibilidad tenemos de sufrir esta enfermedad", resalta la experta.
Existen 10 signos de alarma que identifican tempranamente la enfermedad:
Pérdida de memoria, que afecta a la capacidad laboral.
Dificultad para llevar a cabo tareas familiares.
Problemas con el lenguaje.
Desorientación en tiempo y lugar.
Juicio disminuido.
Problemas con el pensamiento abstracto.
Cosas colocadas en lugares erróneos.
Cambios de humor o en el comportamiento.
Cambios en la personalidad.
Pérdida de iniciativa.
Parra recomienda que al sospechar que se padece esta enfermedad se debe acudir al especialista, pues un diagnóstico temprano facilitará al médico mejores opciones para orientar y tratar al paciente y a la familia.
"Nos permitirá el uso racional de los fármacos disponibles, las terapias cognitivas o las técnicas de entrenamiento de la memoria y el seguimiento de las consecuencias físicas, emocionales, sociales y económicas, así como permitirá planificar mejor el cuidado del paciente a medida que avance la enfermedad".

sábado, 1 de agosto de 2009

Gobierno promueve y aplica leyes contra la corrupción

PRIMERA VEZ
Gobierno promueve y aplica leyes contra la corrupción

José Rafael Vargas - 7/31/2009
DEJE SU COMENTARIO





SECUELAS. LAS DENUNCIAS SOBRE MALAS PRÁCTICAS ADMINISTRATIVAS NO CONFIGURAN COMO INFRACCIÓN

Garantías de transparencia. El presidente Leonel Fernández está obligando a sus funcionarios a que liciten todas las obras públicas y las compras que se realizan en las diferentes instituciones del Gobierno, cumpliendo con el mandato expreso de la ley 340.
Santo Domingo.- Las denuncias de corrupción que se han estado presentando a la opinión pública en las últimas semanas se hacen en el momentos en que el Gobierno promueve y aplica las más revolucionarias leyes anticorrupción que jamás se han visto en el país.
Esas leyes están orientadas a fortalecer los órganos de control para frenar las malas prácticas que pudieran empañar la administración pública. Salvo escasas excepciones en manos de la Justicia, muchos de los casos presentados como delitos de corrupción no configuran infracciones penales ni constituyen actos que expresamente puedan ser considerados de corrupción.
Es el caso de nepotismo, que si bien constituye una mala práctica, indefendible, y si se quiere una falta ética, cuando se constituye como tal, pero no es una infracción de carácter penal y, por tanto, no conlleva sanción porque no es un delito.
La ética
En la práctica no es defendible moralmente, y éticamente es censurable, pero propiamente dicho no es corrupción. En los casos en que se ha denunciado y que las autoridades han visto atisbos de corrupción, han sido remitidos a la Justicia y están bajo investigación, de manera que los imputados hoy están bajo control de la justicia.
El presidente Leonel Fernández está obligando a todos sus funcionarios a que liciten todas las obras públicas y las compras que se realizan en las diferentes instituciones del Gobierno, cumpliendo con el mandato expreso de la ley 340. Todos los días los periódicos están repletos de publicaciones de invitación a concursos de diferentes organismos públicos, cuyos incumbentes han recibido instrucciones precisas, públicas y privadas para cumplir con la misma.
El presidente Leonel Fernández promovió y logró que el Congreso aprobara el ingreso y participación del país en la Convención Interamericana sobre la Corrupción. Esta convención establece los diferentes tipos en que se manifiesta la práctica de corrupción y compromete los Estados para procurar su sanción.
El jefe de Estado también sometió y logró la aprobación de la ley que instituye el Sistema Nacional de Control Interno y de Contraloría General de la República, así como la reforma de todo el sistema de administración financiera del Estado, que concluyó con la ley que crea la secretaría de Estado de Hacienda. Igualmente se creó la ey orgánica de Presupuesto, orientada para el sector público, donde el Gobierno, por primera vez, se pone controles y donde se le quitan facultades especiales al Presidente de la República, obviando el manejo discresional de los fondos.
Se crearon, asimismo, la Ley de Tesorería Nacional y la Ley de Crédito Público, así como la Ley que crea la Dirección General de Contabilidad Gubernamental.
Contratación
Una de las leyes más conocidas es la de contratación pública, que deberá permitir la desaparición del grado a grado y que está obligando a la licitación de todas las obras del Estado.
Todas estas disposiciones legales construyen el sistema más amplio y orgánico de control interno que jamás haya tenido el país. Nunca habíamos tenido una reforma de esa característica. Ningún gobierno había creado tantas leyes de control y de carácter preventivo contra el robo público.
Todas son legislaciones nuevas, que se están aplicando poco a poco, como parte de un proceso que habrá de cambiar la forma de operar en la administración pública. Sin embargo desde hace mucho tiempo hay instituciones que como la Procuraduría General de la República, el Banco Central, Promese e Indotel, desarrollan una intensa labor de transparencia, garantizando que todas sus compras y contrataciones e hagan por licitaciones abiertas, con la participación como jurados de miembros de la sociedad civil.
REFORMAS CONDUCEN AL MODELO TRANSPARENCIA
El paquete de reformas que aplica el Gobierno en todas las instituciones públicas, si no tiene freno, como tal parece, deberá suceder en los próximos años e implicará una revolución moral, porque llegaremos a contemplar compras abiertas a través de la web, como sucede con Chile Compra, que ha ganado premio latinoamericano de la OEA, por la transparencia con que se desarrollan estas operaciones, que implican grandes ahorros para el Estado.

Las licitaciones son el medio más idóneo, no solo para garantizar la transparencia en la gestión pública, sino para ahorrar millones de dólares al Estado a través de las contrataciones y compras de todos los bienes, productos y artículos que consume el Gobierno y las demás instituciones del Estado.
Esa voluntad de imponer el espíritu de estas nuevas legislaciones se desarrollan desde la Presidencia de la República, y ha sido notoria la reiterada intervención y apelación que hace el jefe del Estado para que sus funcionarios no descuiden cumplir con los concursos, de manera que está la firme decisión de hacer que este manato se cumpla.

viernes, 20 de marzo de 2009

Pensamiento Complejo

¿Qué es Pensamiento complejo y complejidad?

En esta síntesis es importante comprender tres nociones fundamentales que están asociadas y permiten entender los principios y fundamentos que rigen la creación y las actividades del IIPC. Estas nociones son: complejidad, pensamiento complejo y planetarización.
¿Qué entendemos por complejidad?
Una rápida mirada por sobre la información cotidiana que los periódicos muestran, permite observar que la mayoría de los problemas globales y a la vez vitales y cotidianos, no solo se caracterizan por ser "enormes" (fuera de normas conocidas) sino también, por sus escalas irreductibles. Pero la característica más importante de estos problemas es que revelan la interconexión de distintas dimensiones de lo real y que a su vez, se revelan en toda su complejidad. Complejidad significa aquí, la emergencia de procesos, hechos u objetos multidimensionales, multirreferenciales, interactivos (retroactivos y recursivos) y con componentes de aleatoriedad, azar e indeterminación, que conforman en su aprehensión grados irreductibles de incertidumbre. Por lo tanto un fenómeno complejo exige de parte del sujeto una estrategia de pensamiento, a la vez reflexiva, no reductiva, polifónica y no totalitaria/totalizante. Un contexto inédito y enorme requiere un pensamiento creativo, radical y polifónico. Un pensamiento exorbitante (capaz de pensar fuera de la órbita de los lugares comunes).Desde un punto de vista etimológico la palabra complejidad es de origen latino, proviene de complectere", cuya raíz "plectere" significa trenzar, enlazar. Remite al trabajo de la construcción de cestas que consiste en trozar un círculo uniendo el principio con el final de las ramitas.El agregado del prefijo "com" añade el sentido de la dualidad de dos elementos opuestos que se enlazan íntimamente, pero sin anular su dualidad. De allí que "complectere" se utilice tanto para referirse al combate entre dos guerreros, como al entrelazamiento de dos amantes.En castellano la palabra "complejo" aparece en 1625, con su variante "complexo", viene del latín "complexus", que significa "que abarca", participio del verbo "complector" que significa yo abarco, abrazo. De complejo se deriva complejidad y complexión. Por otro lado esta última palabra, que aparece en el castellano alrededor del año 1250, proviene del latín "complexio" que significa ensambladura o conjunto.Asimismo, existe una relación curiosa entre complejo y perplejo, ya que comparten la misma raíz. Perplejo aparece en el año 1440 y viene del latín "perplexus". Si perplejo significa dudoso, incierto, confuso, "perplexus" significaba embrollado, embelesado, sinuoso. De perplejo se deriva en 1490 "perplejidad" que significa irresolución, duda, confusión.Evidentemente existe una relación entre perplejidad y complejidad, ya que una aproximación irreflexiva a la complejidad nos sitúa en un estado de irresolución, duda y confusión.La complejidad, es a primera vista un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente unidos, que presentan la paradójica relación de lo uno y lo múltiple. La complejidad es efectivamente el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico. Así es que, la complejidad se presenta con los rasgos perturbadores de la perplejidad, es decir de lo enredado, lo inextricable, el desorden, la ambigüedad y la incertidumbre. Hoy la complejidad es nuestro contexto.La aparición de la complejidad en las ciencias permitió dar un giro en la comprensión de este término, que llevó inclusive a la necesidad de replantear la dinámica misma del conocimiento y del entendimiento.La complejidad aparecía al comienzo como una especie de hiato, de confusión, de dificultad. Hay, por cierto, muchos tipos de complejidad, están las complejidades ligadas al desorden, y otras complejidades que están sobre todo ligadas a contradicciones lógicas.Pero lo más importante es que con la incorporación de la complejidad y su inserción en el conocimiento se recupera, por una parte, al mundo empírico, la incertidumbre, la incapacidad de lograr la certeza, de formular una ley eterna, de concebir un orden absoluto. Y por otra parte, se asume la dificultad irremediable para evitar contradicciones lógicas en el avance de los conocimientos y la comprensión.El estado espiritual que produce la complejidad (complexus) no es solo la perplejidad (perplexus) del espíritu humano, hay otro estado que se parece a una excitación producida por algo que nos sobrepasa y nos sorprende provocando en nuestro espíritu un estado parecido al despertar. Paul Valéry denomina a este estado "implexo" y lo entiende como la capacidad de sentir, reacciona, hacer, comprender y resistir de parte de un sujeto que intenta recomponer sus habilidades y maniobrar sus pensamientos en búsqueda de nuevas estrategias frente a lo real. Es una actitud que lejos de remitirnos nuevamente al sopor del entendimiento y a la cómoda reducción esquemática de lo ya sabido (de hecho fragmentado y acotado) nos reenvía a una especie de vivificación de la situación a través de un repensar provocado por la perplejidad de la complejidad. "Implexus" igual que implexio en latín quieren decir "enlazamiento". Justamente la emergencia de la complejidad reclama un esfuerzo por parte del espíritu para enlazar, articular y religar la dispersión de nuestro saber vivir y de nuestra capacidad de comprensión. El pensamiento complejo es la respuesta del espíritu frente a la fragmentación y dispersión de los conocimientos que no pueden hacer frente a la emergencia de los fenómenos complejos. El pensamiento complejo es un pensamiento que relaciona, un artepensar y una estrategia del espíritu frente a la paradoja que anima el actual contexto que globaliza y al mismo tiempo fragmenta. El Pensamiento Complejo realiza la rearticulación de los conocimientos mediante la aplicación de sus criterios o principios generativos y estratégicos de su método. Estos son: principio sistémico u organizacional, principio hologramático, principio de retroactividad, principio de recursividad, principio de autonomía/dependencia, principio dialógico y principio de reintroducción del cognoscente en todo conocimiento.A través de estos principios es preciso, tomar en cuenta la relación con el contexto, complejizar la noción de contexto para darle movimiento, es decir, ver la trama en devenir como un tejido que teje y se desteje, igual que la actividad de Penélope en la Odisea de Homero, pero en otro horizonte del mundo, ya que es la humanidad hoy la protagonista del proceso de planetarización del mundo.
El término planetarización contiene en su raíz etimológica la idea de aventura de la humanidad. Porque la palabra "golpear" en griego comparte la raíz con la palabra griega que quiere decir "errante", "vagabundo" y con , "planeta". Esta correlación de significados remiten a la experiencia homérica donde Odiseo (Ulises) en su itinerancia es un ser golpeado, empujado por el rayo de Zeus, que anda errando, agitado y sin rumbo fijo, pero con un objetivo, un fin concreto: llegar a casa. En función de ello, con la expresión "edad de hierro planetaria" se quiere significar que la humanidad no ha encontrado todavía, el metapunto de vista político que le permita superar la ceguera que conlleva el comprender su devenir histórico actual como un proceso de globalización de los mercados y del sistema capitalista de producción, y no como parte de un proceso mucho más complejo y que globaliza a la globalización, consistente en una especie de progresiva simbiosis entre el destino de la especie y el devenir ecológico y cosmológico del planeta. La toma de conciencia de parte de la humanidad de su devenir planetario como sujeto errante, permitiría salir de la situación de barbarie global y crearía las condiciones de posibilidad de una forma distinta de convivencia de la especie en su Tierra-patria, y al mismo tiempo en función de lo que esta en juego: su propio devenir humano. (Para una mayor profundización de este análisis cfr.: Morin, Edgar; Roger Ciurana, Emilio; Motta, Raúl D. Educar en la era planetaria. El pensamiento complejo como Método de aprendizaje en el error y la incertidumbre humana, IIPC/UNESCO y Universidad de Valladolid, España, 2002).
Por lo tanto, no solo es preciso ver el entrelazado, sino también es preciso observar las dinámicas reconfigurantes del contexto con sus emergencias, eventos, acontecimientos, etc. y su retroacción sobre la observación, con la finalidad de hacer frente no solo a la dificultad del aprendizaje y la comprensión, sino también, a la entropía del sentido y así favorecer la comprensión de la necesidad de su permanente recreación. La imagen de trama y de textura sirve de modelo configurante para comprender la dinámica de la información y la organización de los conocimientos, cuya acabada manifestación es la morfología del sistema telemático y de las comunicaciones, esta es una trama que sostiene el flujo de datos en una forma multidimensional y vertiginosa. Hay una trama que envuelve y atraviesa a las sociedades mediante una red de redes. Esta trama no solo sostiene, sino que configura y determina cada vez más, las condiciones de posibilidad de la toma de decisiones, el intercambio económico, la gestión empresaria y pública, y la dinámica de gestión científica y tecnológica.
Sin embargo, el sujeto que hoy teje y desteje la trama de flujos que circunda y articula a las sociedades, no es Penélope que espera el regreso de Ulises convertido en Odisea y Planetes, sino un cuatrimotor (conformado y articulado por la gestión económica, la ciencia, la tecnología y la búsqueda de lucro en el sistema financiero global) dislocado y dislocante de las distintas modalidades de organización social y productiva, transformando la Odisea planetaria de la humanidad en una masa amorfa errante y desorbitada. Aquí el contexto se vuelve al mismo tiempo, circunstancia, situación y horizonte.
Para el pensamiento complejo el actual contexto tiene como acontecimiento principal la emergencia de un punto de inflexión en el devenir de la humanidad, donde al mismo tiempo convergen y divergen la historia de la especie, la historia del universo, la historia del planeta y la historia de la humanidad, en una instancia hominiscente. Término introducido por Michel Serres para señalar la instancia en donde la humanidad deviene causa operacional de si misma como consecuencia del desciframiento del ADN. Pero en realidad es una instancia que contiene dos posibilidades, la autodestrucción termonuclear y la autroproducción genética. Anuncio de muerte y de nacimiento a la vez, la actual circunstancia de la humanidad es incandescente.
La ceguera e incomprensión sobre esta singular situación y la dificultad de dar cuenta de ella, a partir de una reflexión colectiva y un pensar original, se oculta en medio de un sin número de síntomas y problemáticas que despistan por sus escalas y heterogeneidades, tanto a la política, al mundo intelectual y a la ciencia.
Esta incomprensión de la actual encrucijada de la humanidad y sus mil caras y formas en que se revela a nivel local, obstaculiza la construcción de un prisma colectivo y global que se transforme en el sujeto y no en el objeto de los riesgos y desafíos del devenir planetario de la humanidad.
La emergencia globalizada y al mismo tiempo fragmentada se expresa en forma contundente, dislocante y cada vez, más omniabarcadora. Sin embargo, es ella misma la espesura que oculta el problema esencial: el conocimiento del mundo en devenir se vuelve una necesidad estratégica para la supervivencia de la especie. Es un problema intelectual y vital. Además, los problemas que hoy desafían nuestro futuro son cotidianos y simultáneamente globales. Pero la información, el conocimiento y la educación, soportes imprescindibles para la resolución estratégica de los problemas, se encuentran un una inercia fragmentaria, hiperespecializada, descontextualizada y encapsuladora. Su resultado no es la falta de soluciones, sino algo peor, la proliferación de soluciones impertinentes.

jueves, 27 de noviembre de 2008

PLD: entre las élites y las masas

25 Noviembre 2008.

PLD: entre las élites y las masas

El PLD abandonó su utopía de transformación social
Escrito por: ROSARIO ESPINAL (rosares@hotmail.com)
De nuevo hay revoloteo en el PLD. Unos culpan a otros de no cumplir con los principios del profesor Juan Bosch. ¡Vaya acusación!
Resulta que el PLD post-Bosch va en su tercer período de gobierno. Bosch apenas gobernó siete meses porque no se llevó bien con las élites: ni la empresarial, ni la eclesial, ni la militar, ni la famosa embajada.
En su época gloriosa fue un innovador de ideas. Sonaba marxista aunque no lo fuera, y quería disciplina leninista para doblegar los ímpetus de sus pupilos de clase media emergente.
En medio de la Guerra Fría, tuvo poca capacidad para traducir en acción gubernamental sus ideas, y fue siempre fácilmente acorralado por las élites. Lo tumbaron en 1963 y nunca más pudo gobernar.
Bosch tampoco mostró gran admiración por las masas. Intentó educarlas políticamente a través de cuentos y alocuciones radiales.
Habló de tutumpotes e hijos de Machepa, pero años más tarde fundó un partido de cuadros, y luego llegó a la conclusión de que no se podía esperar mucho del pueblo dominicano.
La verificación de su pesimismo la constaté en una entrevista que le hice a fines de los años ochenta. Recontó, para ilustrar, una noticia periodística de un accidente automovilístico en la carretera Duarte, donde los lugareños habían robado las pertenencias a heridos y muertos. Para él, aquello era el signo de la degradación moral.
Cuando los peledeístas hablan ahora de haber perdido la mística boschista, ¿a qué se referirán? ¿A la de servir al pueblo como quiso enseñarles el profesor? ¿Al abuso de los recursos públicos tan detestable para el maestro? ¿O a la indisciplina partidaria que se avizora?
Sin dudas, los peledeístas han resultado mejores tecnócratas que los perredeístas. Por eso desde el desvanecimiento de la trilogía caudillista, han gobernado dos de tres períodos, y van por el tercero.
Han gobernado porque a diferencia de Bosch, los dirigentes decidieron echar suerte con las élites y entretener con dádivas y promesas a las masas.
Leonel Fernández llegó al poder con la bendición de Balaguer, el mejor instrumento de las élites dominicanas del siglo 20. Luego, ante la debacle económica de 2003-2004, recibió nuevamente el apoyo de la élite empresarial y eclesial.
En su amorío con las élites, el PLD abandonó la utopía de transformación social. Se convirtió en un vehículo para preservar el orden establecido y articular intereses de los distintos sectores de poder económico y político.
En torno a Leonel Fernández se han aglutinado los últimos remanentes del trujillismo y los cuadros más importantes del balaguerismo: fracciones claves del PRSC, la Fuerza Nacional Progresista, y más recientemente, el Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano.
Ahí se condensan las fuerzas reaccionarias dominicanas, y mientras dure el pacto con esos sectores, no habrá cambios significativos que el PLD pueda impulsar en la República Dominicana. Serán tecno-políticos pero no reformadores sociales. Los burócratas del gobierno, unos más eficaces que otros, combinan esfuerzos por mantener estabilidad macro-económica y crecimiento, con una sed de ejercer poder y consolidar su estatus de nuevos ricos. Las masas, por otro lado, son interpeladas con un vasto clientelismo. Así, el partido dejó de ser célula de formación ideológica de la pequeña burguesía, para convertirse en una maquinaria de repartos de todo tipo.
Atrapado entre las élites que aportan el cojín para gobernar, y las masas necesitadas y desarticuladas que aportan los votos, el PLD se ha acostumbrando a gobernar de manera conservadora.
Los viejos sueños de transformación social se abandonaron por el pragmatismo que dicta la supervivencia política, y en ese proyecto no cabe el utópico profesor Juan Bosch. Por eso ninguno debería acusar a otros de abandonar la mística boschista.
Al descoloramiento ideológico, se agrega ahora la incapacidad de gestar una democracia partidaria que permita canalizar disputas internas y encauzar aspiraciones. El ambiente en el peledeísmo comienza a sofocar y nadie parece tener capacidad de lograr que entre aire fresco.

viernes, 14 de noviembre de 2008

El fenómeno del clientelismo político

El fenómeno del clientelismo político.


Visión de los funcionalistas y de los marxistas
11 September 2006
By María Clara Torres Bustamante
Se revisa aquí la comprensión del fenómeno del clientelismo desde tres enfoques teóricos diferentes. Para los funcionalistas, aquel se define como un contrato diádico de tipo informal y asimétrico, para los marxistas es un instrumento de dominación que tiene por efecto resquebrajar cualquier solidaridad entre las clases subalternas. Para los socio-antropológicos el clientelismo constituye una forma particular de “domesticar” el Estado moderno burocrático.
El clientelismo está analizado según tres diferentes enfoques de las ciencias sociales (funcionalista, marxista y socio-antropológico). Ello nos ayudará a identificar las continuidades y las rupturas presentes en los análisis sobre las relaciones entre el subdesarrollo y el clientelismo, la corrupción y el clientelismo, aquél y la burocracia moderna. El texto examinará en un primer momento la revisión hecha por el autor colombiano Néstor Miranda Ontaneda a las tesis formuladas por los funcionalistas. Analizará en otro momento las ideas expuestas a finales de los años setentas por el propio Miranda Ontaneda desde la óptica marxista y, finalmente, presentará los argumentos centrales planteados desde una perspectiva socio-antropológica por José González Alcantud en la década del noventa. Todo este recorrido nos ayudará a matizar los implícitos que subyacen detrás de las recetas de buena gobernabilidad que asimilan el clientelismo a corrupción, atraso y subdesarrollo de un país.
¿Un contrato diádico? 1
Como lo señalamos arriba, nos referiremos en esta primera sección a la obra de Néstor Miranda Ontaneda pues ella presenta las principales tesis de los funcionalistas sobre el clientelismo político.
Durante los años cincuenta y sesenta del siglo XX, numerosos científicos sociales se concentraron en el examen de las estructuras sociales agrarias del mediterráneo (Grecia, Sicilia, Andalucía) y de América Latina, especialmente México, para estudiar el fenómeno del clientelismo. Los conceptos de patronazgo y de clientelismo se nutrieron de la noción de “contrato diádico” acuñada por los funcionalistas. Desde este enfoque, el “contrato diádico” hacía referencia a un tipo específico de vínculo social que se establecía entre individuos con diferente status: entre una persona que tenía poder, dinero y prestigio y otra que no los tenía. El “patrón” era una persona que hacía uso de su influencia para proteger a otra persona, quien así se convertía en su “cliente” y a cambio le prestaba servicios a su “patrón”. Se hacía énfasis en el carácter asimétrico de esta relación establecida entre personas con condiciones sociales desiguales (Miranda, 1977, 11). Al mismo tiempo, se hablaba de la existencia de un contrato informal que imponía a las partes obligaciones recíprocas y que exigía como mínimo protección y favores de una parte y lealtad de la otra (Miranda, 1977, 4).
Los estudios sobre clientelismo de los años cincuenta y sesenta centraban el análisis en localidades típicamente campesinas. Sin embargo, a principios de los setenta los investigadores empezaron a advertir el hecho de que las comunidades rurales no eran “entidades cerradas” y señalaban la necesidad de ampliar la mirada al tejido de relaciones en las cuales estas micro-sociedades estaban insertas (Miranda, 1977, 7). En la medida en que los analistas cambiaron el foco de atención de la organización interna de las comunidades a las formas como éstas se relacionan con la sociedad “más amplia”, se introdujo el concepto de “broker” o “intermediario”. Esta figura permitía caracterizar a aquellos personajes cuya función básica era la de conectar a los individuos de la comunidad que buscaban mejorar sus oportunidades pero que carecían de condiciones económicas y de conexiones políticas, con otros vinculados a instituciones nacionales y cuyo éxito dependía del tamaño y de la fuerza de su séquito personal. Con esta noción de “intermediario” las relaciones clientelistas ya no estaban necesariamente regidas por un contrato “diádico”, podían incluso ser “triádicas (Miranda, 1977, 9).
Asimismo, la introducción de dicha figura en los análisis permitía discutir la tesis sobre la preeminencia de las relaciones “cara a cara” en el clientelismo, subrayando el hecho de que aquél podía también existir entre personas que no se conocían y que vivían en lugares geográficamente distantes como el centro y la periferia de un país.
Hasta aquí teníamos una comprensión del clientelismo como una relación regida por un contrato informal. Sin embargo, el autor colombiano Néstor Miranda Ontaneda rechazó esta idea de “contrato” y advertía que lo característico del vínculo patrón/cliente era precisamente lo indeterminado de la relación y lo difuso de los bienes y servicios intercambiados, que conducían a una continua dependencia por parte del cliente (Miranda, 1977, 14). Examinaremos ahora examinar las tesis desarrolladas en los años setenta por este autor, quien se apartó radicalmente del modelo funcionalista.
¿Un instrumento de clase?
Para Miranda el clientelismo constituía ante todo un instrumento de clase. Este autor escribía en los años setenta que el estudio de las relaciones patrón/cliente era fundamental para comprender el tipo de relaciones de clase que se establecían al interior de los partidos políticos tradicionales colombianos, calificados de policlasistas (Miranda, 1977, 26-24).
Al explicar las razones que llevaban a un individuo a votar a favor de un partido y en contra de sus intereses de clase, Miranda advertía: “del mismo modo que la capacidad para instrumentalizar personas depende del potencial que se tenga, así la disposición o disponibilidades para ser instrumentalizado, depende no solamente de la privación real del poder sino fundamentalmente del grado de conciencia de clase, en el sentido de la capacidad para discernir a favor de qué clase se está entrando en el juego” (Miranda, 1977, 21).
Así, el clientelismo se explicaba por una debilidad en la “conciencia de clase”, pero también por el hecho de que éste constituía la forma a través de la cual “las clases desposeídas” podían acceder a bienes y servicios del Estado. Este autor consideraba que la escasez de bienes que el Estado capitalista de un país “subdesarrollado” podía ofrecer a las “clases sin poder” los convertía “automáticamente” en fuente de poder para los partidos, que los distribuían a cambio de una retribución en apoyo electoral (27). Se advertía en los análisis de Miranda la idea de una masa inerte e indefensa frente a las manipulaciones de una poderosísima clase política que buscaba solamente auto-reproducirse. Se ocultaba también una cierta comprensión del clientelismo como manifestación del subdesarrollo de un pueblo y de la corrupción de la clase dominante.
Desde esa óptica, el clientelismo constituía fundamentalmente una forma de opresión de clase, un instrumento que tenía por efecto la atomización de las solidaridades entre las clases subalternas y la continua dependencia hacia las élites.
En suma, el debate que polarizó los estudios de los años sesenta y setenta sobre el clientelismo giró principalmente en torno a la existencia o no de la lucha de clases al interior de las sociedades rurales. Algunos autores, como Bertrand Hervieu, consideraban que la comunidad municipal no dejó de ser una “ficción política” en la medida en que los conflictos reales se centraban en la lucha de clases (González Alcantud: 1977: 49). En cambio, otros hablaban de la disolución per se de las contradicciones clasistas al interior de las comunidades rurales, las cuales se suponían ligadas por un fuerte sentimiento de solidaridad. (González Alcantud, 1977: 50). A continuación contrastaremos los planteamientos de los marxistas sobre el clientelismo político con los argumentos esgrimidos en la década de los noventa desde la antropología social por González Alcantud.
El clientelismo burocrático: ¿una forma de domesticar el Estado?
Para el antropólogo andaluz José González Alcantud, el gran número de estudios publicados sobre el clientelismo político ha mostrado exiguos avances teóricos en la comprensión de este fenómeno. Una de las razones que impide profundizar en el análisis es el escándalo moral y la simple condena que el clientelismo provoca entre los investigadores. El autor señala que aspectos como la relación entre el clientelismo y la burocracia quedan todavía sin esclarecerse por parte de los investigadores (González Alcantud, 1997, 16).
Si siguiéramos a Max Weber, la burocracia constituye un aporte esencial en la conformación y racionalización que supone la aparición del Estado. La administración burocrática es considerada la forma más racional de dominación, la más precisa, continua, disciplinada y rigurosa. Según la tipología establecida por este autor para distinguir las formas ideales de dominación y legitimidad, a la legitimidad tradicional corresponde una burocracia patriarcal o estamental, a la carismática una dominación clientelística y a la dominación racional la burocracia moderna (Weber, 1993). Este autor sitúa así la relación patrón/cliente fuera de la estructura burocrática.
Sin embargo, estas ideas contrastan con la persistencia de la dimensión clientelar al interior de los Estados burocráticos en países de América Latina, entre otros. Según González Alcantud, la pervivencia del fenómeno del clientelismo en la relación burócrata/ciudadano está motivada por el deseo manifiesto de las poblaciones rurales de “domesticar” el Estado, introduciendo una relación mucho más humana que el sencillo anonimato (54) y el carácter impersonal del Estado legal- burocrático. Se reconoce aquí un vínculo, habitualmente negado, entre burocracia y clientelismo. Esta idea se refuerza con los hallazgos de un estudio realizado en Sicilia por Michael Korovkin, donde muestra que “los patronos en la comunidad del sur de Italia son los canales a través de los cuales el pueblo pretende acceder al control de las fuerzas impersonales del exterior, fundamentalmente el Estado” (Korovkin, 1988: 122. Citado por González Alcantud, 1997: 58). Más aún, en la España decimonónica de la Restauración, escribe González Alcantud, “los historiadores han demostrado que el prestigio social dependía sobremanera de los “favores” que los patronos pudiesen llevar a término satisfactoriamente, y también del liderazgo ejercido entre la población frente al Estado anónimo (53)”. El clientelismo constituiría así una forma de acercar el complejo y enmarañado “universo burocrático” a la vida cotidiana de las personas.
Además, la tesis de González Alcantud desafía aquellas interpretaciones que ven en la relación patrón/cliente un rezago feudal, un elemento anómalo y “no resuelto” de las sociedades modernas. Según este autor, el clientelismo se diferencia del sistema feudal en tanto supone la igualdad jurídica de los individuos en una sociedad. Aquello que caracteriza el fenómeno clientelar es precisamente el contraste entre la igualdad en el plano jurídico y la dependencia en las relaciones de facto. En sus palabras:
“La realidad respecto a la identificación entre feudalidad y clientelismo es muy otra: las relaciones de vasallaje feudales pueden presuponer la existencia de estamentos jurídicamente infranqueables, si bien señor y vasallo como en el caciquismo rural contemporáneo tengan un sistema similar de prestaciones y contraprestaciones, semejante a la economía del don y que se rige por el principio del “regalo” y “contraregalo” no cuantificables en una economía convencional. Por el contrario, el caciquismo hace coexistir la igualdad jurídica formal de los ciudadanos con la negación en la práctica social de esas relaciones clientelísticas”( González Alcantud, 1997: 63)
El mismo autor muestra cómo en la España decimonónica de la Restauración existía una marcada tendencia hacia la creación de múltiples ayuntamientos y diputaciones, práctica que respondía al impulso de los políticos locales para “aspirar a una parcela significativa del Estado”. La lucha por los recursos del territorio municipal y las contraprestaciones del Estado motivaban esas prácticas: “el control del Estado anónimo figura en el fondo” (64). Más aun, la “base municipalista y provincial del patronazgo caciquil lo aleja de la supuesta pervivencia feudal” (64).
Conclusión
Hemos revisado la interpretación que se hace del clientelismo desde tres diferentes enfoques. Por una parte, resaltamos el énfasis que hacen los estudios de los años cincuenta y sesenta en las relaciones asimétricas, desiguales e informales presentes en el clientelismo, así como la introducción del “intermediario”en los análisis, figura que facilita el vínculo entre comunidad y aquello que llamamos Estado nacional. Por otra parte, subrayamos el tímido pero al fin y al cabo reconocimiento del clientelismo como una forma de redistribución de recursos estatales escasos por parte de Miranda Ontaneda, aunque éste atribuye ve en el fenómeno una forma de “atraso” y “debilidad” del pueblo. Finalmente, resulta particularmente grata la interpretación que hace González Alcantud del clientelismo, quien lo considera un problema eminentemente moderno: al constituir un sistema desigual y vertical de redistribución de bienes estatales, el clientelismo supone la existencia de un Estado y de una burocracia con más o menos recursos y capacidades para regular la vida cotidiana. En últimas, el clientelismo constituiría una forma de poner al alcance de la comunidad y de una manera mucho más “personalizada” servicios ofrecidos por el Estado burocrático, generalmente anónimo, lejano e impersonal. La pervivencia de este fenómeno al interior del moderno aparato burocrático nos habla de una forma particular a través de la cual se establece el vínculo entre la comunidad y el Estado en países de América Latina, motivo de escándalo moral, asimilado sin más a “corrupción”, “atraso” y “subdesarrollo” por las recetas de “buena gobernabilidad” de los organismos de cooperación internacional.
Notes:
1 -tipo de vínculo que se establece entre individuos con diferentes status.
Bibliografía
González Alcantud, José (1997). El clientelismo político, Editorial Anthropos, Barcelona.
Miranda Ontaneda, Néstor (1977), Clientelismo y dominio de clase, Editorial Cinep, Bogotá.
Torres Bustamante, Maria Clara, (2005) “Formas de pensar y experimentar la política: la creación del municipio de San Miguel”, policopiado.
Weber, Max (1993), Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 10 edición.
La autora es politóloga de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia). Ha trabajado en proyectos de desarrollo en la región colombiana del Magdalena Medio y los departamentos de Meta y Putumayo. Trabaja actualmente como investigadora del CINEP en el tema de construcción local y cotidiana del Estado en Colombia.