jueves, 27 de noviembre de 2008

PLD: entre las élites y las masas

25 Noviembre 2008.

PLD: entre las élites y las masas

El PLD abandonó su utopía de transformación social
Escrito por: ROSARIO ESPINAL (rosares@hotmail.com)
De nuevo hay revoloteo en el PLD. Unos culpan a otros de no cumplir con los principios del profesor Juan Bosch. ¡Vaya acusación!
Resulta que el PLD post-Bosch va en su tercer período de gobierno. Bosch apenas gobernó siete meses porque no se llevó bien con las élites: ni la empresarial, ni la eclesial, ni la militar, ni la famosa embajada.
En su época gloriosa fue un innovador de ideas. Sonaba marxista aunque no lo fuera, y quería disciplina leninista para doblegar los ímpetus de sus pupilos de clase media emergente.
En medio de la Guerra Fría, tuvo poca capacidad para traducir en acción gubernamental sus ideas, y fue siempre fácilmente acorralado por las élites. Lo tumbaron en 1963 y nunca más pudo gobernar.
Bosch tampoco mostró gran admiración por las masas. Intentó educarlas políticamente a través de cuentos y alocuciones radiales.
Habló de tutumpotes e hijos de Machepa, pero años más tarde fundó un partido de cuadros, y luego llegó a la conclusión de que no se podía esperar mucho del pueblo dominicano.
La verificación de su pesimismo la constaté en una entrevista que le hice a fines de los años ochenta. Recontó, para ilustrar, una noticia periodística de un accidente automovilístico en la carretera Duarte, donde los lugareños habían robado las pertenencias a heridos y muertos. Para él, aquello era el signo de la degradación moral.
Cuando los peledeístas hablan ahora de haber perdido la mística boschista, ¿a qué se referirán? ¿A la de servir al pueblo como quiso enseñarles el profesor? ¿Al abuso de los recursos públicos tan detestable para el maestro? ¿O a la indisciplina partidaria que se avizora?
Sin dudas, los peledeístas han resultado mejores tecnócratas que los perredeístas. Por eso desde el desvanecimiento de la trilogía caudillista, han gobernado dos de tres períodos, y van por el tercero.
Han gobernado porque a diferencia de Bosch, los dirigentes decidieron echar suerte con las élites y entretener con dádivas y promesas a las masas.
Leonel Fernández llegó al poder con la bendición de Balaguer, el mejor instrumento de las élites dominicanas del siglo 20. Luego, ante la debacle económica de 2003-2004, recibió nuevamente el apoyo de la élite empresarial y eclesial.
En su amorío con las élites, el PLD abandonó la utopía de transformación social. Se convirtió en un vehículo para preservar el orden establecido y articular intereses de los distintos sectores de poder económico y político.
En torno a Leonel Fernández se han aglutinado los últimos remanentes del trujillismo y los cuadros más importantes del balaguerismo: fracciones claves del PRSC, la Fuerza Nacional Progresista, y más recientemente, el Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano.
Ahí se condensan las fuerzas reaccionarias dominicanas, y mientras dure el pacto con esos sectores, no habrá cambios significativos que el PLD pueda impulsar en la República Dominicana. Serán tecno-políticos pero no reformadores sociales. Los burócratas del gobierno, unos más eficaces que otros, combinan esfuerzos por mantener estabilidad macro-económica y crecimiento, con una sed de ejercer poder y consolidar su estatus de nuevos ricos. Las masas, por otro lado, son interpeladas con un vasto clientelismo. Así, el partido dejó de ser célula de formación ideológica de la pequeña burguesía, para convertirse en una maquinaria de repartos de todo tipo.
Atrapado entre las élites que aportan el cojín para gobernar, y las masas necesitadas y desarticuladas que aportan los votos, el PLD se ha acostumbrando a gobernar de manera conservadora.
Los viejos sueños de transformación social se abandonaron por el pragmatismo que dicta la supervivencia política, y en ese proyecto no cabe el utópico profesor Juan Bosch. Por eso ninguno debería acusar a otros de abandonar la mística boschista.
Al descoloramiento ideológico, se agrega ahora la incapacidad de gestar una democracia partidaria que permita canalizar disputas internas y encauzar aspiraciones. El ambiente en el peledeísmo comienza a sofocar y nadie parece tener capacidad de lograr que entre aire fresco.

viernes, 14 de noviembre de 2008

El fenómeno del clientelismo político

El fenómeno del clientelismo político.


Visión de los funcionalistas y de los marxistas
11 September 2006
By María Clara Torres Bustamante
Se revisa aquí la comprensión del fenómeno del clientelismo desde tres enfoques teóricos diferentes. Para los funcionalistas, aquel se define como un contrato diádico de tipo informal y asimétrico, para los marxistas es un instrumento de dominación que tiene por efecto resquebrajar cualquier solidaridad entre las clases subalternas. Para los socio-antropológicos el clientelismo constituye una forma particular de “domesticar” el Estado moderno burocrático.
El clientelismo está analizado según tres diferentes enfoques de las ciencias sociales (funcionalista, marxista y socio-antropológico). Ello nos ayudará a identificar las continuidades y las rupturas presentes en los análisis sobre las relaciones entre el subdesarrollo y el clientelismo, la corrupción y el clientelismo, aquél y la burocracia moderna. El texto examinará en un primer momento la revisión hecha por el autor colombiano Néstor Miranda Ontaneda a las tesis formuladas por los funcionalistas. Analizará en otro momento las ideas expuestas a finales de los años setentas por el propio Miranda Ontaneda desde la óptica marxista y, finalmente, presentará los argumentos centrales planteados desde una perspectiva socio-antropológica por José González Alcantud en la década del noventa. Todo este recorrido nos ayudará a matizar los implícitos que subyacen detrás de las recetas de buena gobernabilidad que asimilan el clientelismo a corrupción, atraso y subdesarrollo de un país.
¿Un contrato diádico? 1
Como lo señalamos arriba, nos referiremos en esta primera sección a la obra de Néstor Miranda Ontaneda pues ella presenta las principales tesis de los funcionalistas sobre el clientelismo político.
Durante los años cincuenta y sesenta del siglo XX, numerosos científicos sociales se concentraron en el examen de las estructuras sociales agrarias del mediterráneo (Grecia, Sicilia, Andalucía) y de América Latina, especialmente México, para estudiar el fenómeno del clientelismo. Los conceptos de patronazgo y de clientelismo se nutrieron de la noción de “contrato diádico” acuñada por los funcionalistas. Desde este enfoque, el “contrato diádico” hacía referencia a un tipo específico de vínculo social que se establecía entre individuos con diferente status: entre una persona que tenía poder, dinero y prestigio y otra que no los tenía. El “patrón” era una persona que hacía uso de su influencia para proteger a otra persona, quien así se convertía en su “cliente” y a cambio le prestaba servicios a su “patrón”. Se hacía énfasis en el carácter asimétrico de esta relación establecida entre personas con condiciones sociales desiguales (Miranda, 1977, 11). Al mismo tiempo, se hablaba de la existencia de un contrato informal que imponía a las partes obligaciones recíprocas y que exigía como mínimo protección y favores de una parte y lealtad de la otra (Miranda, 1977, 4).
Los estudios sobre clientelismo de los años cincuenta y sesenta centraban el análisis en localidades típicamente campesinas. Sin embargo, a principios de los setenta los investigadores empezaron a advertir el hecho de que las comunidades rurales no eran “entidades cerradas” y señalaban la necesidad de ampliar la mirada al tejido de relaciones en las cuales estas micro-sociedades estaban insertas (Miranda, 1977, 7). En la medida en que los analistas cambiaron el foco de atención de la organización interna de las comunidades a las formas como éstas se relacionan con la sociedad “más amplia”, se introdujo el concepto de “broker” o “intermediario”. Esta figura permitía caracterizar a aquellos personajes cuya función básica era la de conectar a los individuos de la comunidad que buscaban mejorar sus oportunidades pero que carecían de condiciones económicas y de conexiones políticas, con otros vinculados a instituciones nacionales y cuyo éxito dependía del tamaño y de la fuerza de su séquito personal. Con esta noción de “intermediario” las relaciones clientelistas ya no estaban necesariamente regidas por un contrato “diádico”, podían incluso ser “triádicas (Miranda, 1977, 9).
Asimismo, la introducción de dicha figura en los análisis permitía discutir la tesis sobre la preeminencia de las relaciones “cara a cara” en el clientelismo, subrayando el hecho de que aquél podía también existir entre personas que no se conocían y que vivían en lugares geográficamente distantes como el centro y la periferia de un país.
Hasta aquí teníamos una comprensión del clientelismo como una relación regida por un contrato informal. Sin embargo, el autor colombiano Néstor Miranda Ontaneda rechazó esta idea de “contrato” y advertía que lo característico del vínculo patrón/cliente era precisamente lo indeterminado de la relación y lo difuso de los bienes y servicios intercambiados, que conducían a una continua dependencia por parte del cliente (Miranda, 1977, 14). Examinaremos ahora examinar las tesis desarrolladas en los años setenta por este autor, quien se apartó radicalmente del modelo funcionalista.
¿Un instrumento de clase?
Para Miranda el clientelismo constituía ante todo un instrumento de clase. Este autor escribía en los años setenta que el estudio de las relaciones patrón/cliente era fundamental para comprender el tipo de relaciones de clase que se establecían al interior de los partidos políticos tradicionales colombianos, calificados de policlasistas (Miranda, 1977, 26-24).
Al explicar las razones que llevaban a un individuo a votar a favor de un partido y en contra de sus intereses de clase, Miranda advertía: “del mismo modo que la capacidad para instrumentalizar personas depende del potencial que se tenga, así la disposición o disponibilidades para ser instrumentalizado, depende no solamente de la privación real del poder sino fundamentalmente del grado de conciencia de clase, en el sentido de la capacidad para discernir a favor de qué clase se está entrando en el juego” (Miranda, 1977, 21).
Así, el clientelismo se explicaba por una debilidad en la “conciencia de clase”, pero también por el hecho de que éste constituía la forma a través de la cual “las clases desposeídas” podían acceder a bienes y servicios del Estado. Este autor consideraba que la escasez de bienes que el Estado capitalista de un país “subdesarrollado” podía ofrecer a las “clases sin poder” los convertía “automáticamente” en fuente de poder para los partidos, que los distribuían a cambio de una retribución en apoyo electoral (27). Se advertía en los análisis de Miranda la idea de una masa inerte e indefensa frente a las manipulaciones de una poderosísima clase política que buscaba solamente auto-reproducirse. Se ocultaba también una cierta comprensión del clientelismo como manifestación del subdesarrollo de un pueblo y de la corrupción de la clase dominante.
Desde esa óptica, el clientelismo constituía fundamentalmente una forma de opresión de clase, un instrumento que tenía por efecto la atomización de las solidaridades entre las clases subalternas y la continua dependencia hacia las élites.
En suma, el debate que polarizó los estudios de los años sesenta y setenta sobre el clientelismo giró principalmente en torno a la existencia o no de la lucha de clases al interior de las sociedades rurales. Algunos autores, como Bertrand Hervieu, consideraban que la comunidad municipal no dejó de ser una “ficción política” en la medida en que los conflictos reales se centraban en la lucha de clases (González Alcantud: 1977: 49). En cambio, otros hablaban de la disolución per se de las contradicciones clasistas al interior de las comunidades rurales, las cuales se suponían ligadas por un fuerte sentimiento de solidaridad. (González Alcantud, 1977: 50). A continuación contrastaremos los planteamientos de los marxistas sobre el clientelismo político con los argumentos esgrimidos en la década de los noventa desde la antropología social por González Alcantud.
El clientelismo burocrático: ¿una forma de domesticar el Estado?
Para el antropólogo andaluz José González Alcantud, el gran número de estudios publicados sobre el clientelismo político ha mostrado exiguos avances teóricos en la comprensión de este fenómeno. Una de las razones que impide profundizar en el análisis es el escándalo moral y la simple condena que el clientelismo provoca entre los investigadores. El autor señala que aspectos como la relación entre el clientelismo y la burocracia quedan todavía sin esclarecerse por parte de los investigadores (González Alcantud, 1997, 16).
Si siguiéramos a Max Weber, la burocracia constituye un aporte esencial en la conformación y racionalización que supone la aparición del Estado. La administración burocrática es considerada la forma más racional de dominación, la más precisa, continua, disciplinada y rigurosa. Según la tipología establecida por este autor para distinguir las formas ideales de dominación y legitimidad, a la legitimidad tradicional corresponde una burocracia patriarcal o estamental, a la carismática una dominación clientelística y a la dominación racional la burocracia moderna (Weber, 1993). Este autor sitúa así la relación patrón/cliente fuera de la estructura burocrática.
Sin embargo, estas ideas contrastan con la persistencia de la dimensión clientelar al interior de los Estados burocráticos en países de América Latina, entre otros. Según González Alcantud, la pervivencia del fenómeno del clientelismo en la relación burócrata/ciudadano está motivada por el deseo manifiesto de las poblaciones rurales de “domesticar” el Estado, introduciendo una relación mucho más humana que el sencillo anonimato (54) y el carácter impersonal del Estado legal- burocrático. Se reconoce aquí un vínculo, habitualmente negado, entre burocracia y clientelismo. Esta idea se refuerza con los hallazgos de un estudio realizado en Sicilia por Michael Korovkin, donde muestra que “los patronos en la comunidad del sur de Italia son los canales a través de los cuales el pueblo pretende acceder al control de las fuerzas impersonales del exterior, fundamentalmente el Estado” (Korovkin, 1988: 122. Citado por González Alcantud, 1997: 58). Más aún, en la España decimonónica de la Restauración, escribe González Alcantud, “los historiadores han demostrado que el prestigio social dependía sobremanera de los “favores” que los patronos pudiesen llevar a término satisfactoriamente, y también del liderazgo ejercido entre la población frente al Estado anónimo (53)”. El clientelismo constituiría así una forma de acercar el complejo y enmarañado “universo burocrático” a la vida cotidiana de las personas.
Además, la tesis de González Alcantud desafía aquellas interpretaciones que ven en la relación patrón/cliente un rezago feudal, un elemento anómalo y “no resuelto” de las sociedades modernas. Según este autor, el clientelismo se diferencia del sistema feudal en tanto supone la igualdad jurídica de los individuos en una sociedad. Aquello que caracteriza el fenómeno clientelar es precisamente el contraste entre la igualdad en el plano jurídico y la dependencia en las relaciones de facto. En sus palabras:
“La realidad respecto a la identificación entre feudalidad y clientelismo es muy otra: las relaciones de vasallaje feudales pueden presuponer la existencia de estamentos jurídicamente infranqueables, si bien señor y vasallo como en el caciquismo rural contemporáneo tengan un sistema similar de prestaciones y contraprestaciones, semejante a la economía del don y que se rige por el principio del “regalo” y “contraregalo” no cuantificables en una economía convencional. Por el contrario, el caciquismo hace coexistir la igualdad jurídica formal de los ciudadanos con la negación en la práctica social de esas relaciones clientelísticas”( González Alcantud, 1997: 63)
El mismo autor muestra cómo en la España decimonónica de la Restauración existía una marcada tendencia hacia la creación de múltiples ayuntamientos y diputaciones, práctica que respondía al impulso de los políticos locales para “aspirar a una parcela significativa del Estado”. La lucha por los recursos del territorio municipal y las contraprestaciones del Estado motivaban esas prácticas: “el control del Estado anónimo figura en el fondo” (64). Más aun, la “base municipalista y provincial del patronazgo caciquil lo aleja de la supuesta pervivencia feudal” (64).
Conclusión
Hemos revisado la interpretación que se hace del clientelismo desde tres diferentes enfoques. Por una parte, resaltamos el énfasis que hacen los estudios de los años cincuenta y sesenta en las relaciones asimétricas, desiguales e informales presentes en el clientelismo, así como la introducción del “intermediario”en los análisis, figura que facilita el vínculo entre comunidad y aquello que llamamos Estado nacional. Por otra parte, subrayamos el tímido pero al fin y al cabo reconocimiento del clientelismo como una forma de redistribución de recursos estatales escasos por parte de Miranda Ontaneda, aunque éste atribuye ve en el fenómeno una forma de “atraso” y “debilidad” del pueblo. Finalmente, resulta particularmente grata la interpretación que hace González Alcantud del clientelismo, quien lo considera un problema eminentemente moderno: al constituir un sistema desigual y vertical de redistribución de bienes estatales, el clientelismo supone la existencia de un Estado y de una burocracia con más o menos recursos y capacidades para regular la vida cotidiana. En últimas, el clientelismo constituiría una forma de poner al alcance de la comunidad y de una manera mucho más “personalizada” servicios ofrecidos por el Estado burocrático, generalmente anónimo, lejano e impersonal. La pervivencia de este fenómeno al interior del moderno aparato burocrático nos habla de una forma particular a través de la cual se establece el vínculo entre la comunidad y el Estado en países de América Latina, motivo de escándalo moral, asimilado sin más a “corrupción”, “atraso” y “subdesarrollo” por las recetas de “buena gobernabilidad” de los organismos de cooperación internacional.
Notes:
1 -tipo de vínculo que se establece entre individuos con diferentes status.
Bibliografía
González Alcantud, José (1997). El clientelismo político, Editorial Anthropos, Barcelona.
Miranda Ontaneda, Néstor (1977), Clientelismo y dominio de clase, Editorial Cinep, Bogotá.
Torres Bustamante, Maria Clara, (2005) “Formas de pensar y experimentar la política: la creación del municipio de San Miguel”, policopiado.
Weber, Max (1993), Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 10 edición.
La autora es politóloga de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia). Ha trabajado en proyectos de desarrollo en la región colombiana del Magdalena Medio y los departamentos de Meta y Putumayo. Trabaja actualmente como investigadora del CINEP en el tema de construcción local y cotidiana del Estado en Colombia.

lunes, 10 de noviembre de 2008

¿Elecciones Compradas?

¿ELECCIONES COMPRADAS? (Por José L. Tavárez Henríquez)


A esta pregunta podría responderse con un sí y un no. Podría decirse que el pueblo dominicano compró la idea de que la reelección de Leonel Fernández era una mejor opción que el regreso a un gobierno perredeísta. En un ambiente altamente polarizado solo había dos caminos posibles, elegir a Miguel Vargas, con todas las implicaciones que esto tenía, o decidirse una vez más por el candidato peledeísta y su modelo de gestión.En un reciente artículo periodístico, el Profesor Jesús de la Rosa señala que “Leonel Fernández ganó las elecciones del 16 de mayo por los haberes de su gobierno en materia económica y en materia de política fiscal; por los acueductos, carreteras, puentes y otras obras civiles que construyó; por el auge y expansión que experimentaron las comunicaciones y las tecnologías de punta; por la remodelación del Aula Magna de la UASD y por la construcción de su Biblioteca Central; por las ciudades universitarias que edificó en Puerto Plata, Santiago y en otras ciudades del país; por los hospitales, escuelas y viviendas que levantó; por las simpatías generadas por su comportamiento hacia los demás: y por su forma de gobernar”.Este análisis, proviniendo de un hombre de larga tradición perredeísta y de una moral incuestionable, deja mal parada a la vocinglería opositora que huye a la autocrítica y continúa con el discurso falaz que fue contundentemente derrotado en las urnas. La mayoría de los/as dominicanos/ as, al poner en una balanza los logros del presidente Fernández y el desastre que han significado las administraciones perredeístas, prefirió comprar su oferta y no la de Miguel y el PRD.En un e-mail que enviara a Guido Gómez, a propósito de un artículo que éste publicara sobre una supuesta campaña mediática y de compra de voluntades, le decía lo siguiente: “Guido, si algo va a retrasar la vuelta del PRD al poder es su incapacidad para auto criticarse. Pensar que las simpatías de Leonel y el PLD dependen exclusivamente de la compra de favores y de opinión pública, equivale a buscar un gato negro en un cuarto oscuro donde no hay ningún gato negro. No se trata de cuánta opinión se vierte por los MCM, si ese fuera el caso Miguel estaría peleando cabeza con cabeza con Leonel o quizá arriba. Si yo tuviera un peso por cada vez que se ha escrito o pronunciado la palabra Sun Land en los últimos 6 meses, no tendría que trabajar en los próximos 60 años.En el citado correo le recordaba actitudes arrogantes como las asumidas por él en Samaná cuando dijo que todo cuanto había era solo para los perredeístas decretando una cacería de brujas que arrasó con la oposición en la administració n pública. Ese mismo aire todopoderoso que los llevó a subestimar incluso a los aliados, que le habían llevado al poder, con quienes rompieron para no compartir el botín que representaban las arcas nacionales. Le recordaba también al inefable Guido que en apenas 4 años duplicaron la deuda externa y ni siquiera pudieron construir la autopista eléctrica Santiago-Santo Domingo, contemplada en la última emisión de Bonos Soberanos. Se criticaba al Metro porque substraía inversión pública, pero la gente observaba cómo se multiplican las obras de infraestructura en educación, calles, alumbrado, carreteras, cultura y deporte con un manejo prudente del crédito público. Esto hacía poco creíble el discurso del PRD y el de su antiguo Secretario de Obras Públicas que, sin hacer ningún Metro o Mega Proyecto, no dejó una sola obra que se pudiera ver en Santiago y en la mayor parte del país.La compra de cédula es un argumento infeliz de quienes buscan justificar su pobre desempeño al quedar 14 puntos (más de medio millón de votos) detrás del hombre a que iban a derrotar. Con una abstención del 29%, la misma o menor que en otros procesos, superados en 27 de 32 provincias y con una pobrísima votación en el exterior resulta poco creíble el argumento de que el proceso fue ilegítimo. Pero el mentís más contundente a quienes procuran empañar la victoria del PLD y las fuerzas aliadas está en el pronóstico cumplido de las encuestas de prestigio internacional. Más que el sonado transfuguismo, la compra de conciencia o de cédulas, firmas como Gallup-Hoy, Asisa Research Group, Clave-Noxa-Cies, Greemberg-Diario Libre y Penn, Schoen Berland escudriñaron en las entrañas de la sociedad para saber cómo pensaba y sentía la gente del pueblo, la misma que iba a decidir con su voto entre continuar con el presidente que les había sacado del abismo en que los metió el PRD o devolverle el poder a quienes la han defraudado cada vez que se les ha dado la oportunidad.

Compra de Conciencia y Elecciones

COMPRA DE CONCIENCIA Y ELECCIONES

Los políticos dominicanos y sus voceros oficiosos que denuncian al PLD y al gobierno por supuestamente comprar opositores ignoran adrede las referencias históricas que demuestran el carácter insobornable del Pueblo Dominicano. En más de una ocasión los dominicanos han demostrado que no hay dinero que pueda torcer su voluntad.

El más reciente capítulo de esa historia todavía está fresco en la memoria de todos: Hipólito y el PRD-PPH fueron derrotados 57% a 34% a pesar de usar más de mil millones de dólares de los Bonos Soberanos, todos los medios de comunicación de Baninter, los militares en la campaña y cientos de millones de pesos en publicidad.

Ese mismo pueblo fue el que prefirió a Hipólito sobre Danilo y Balaguer en el año 2000, aunque no fuera quien hiciera la mayor inversión en la campaña electoral. Pero también desafió a Balaguer en el 1978 y lo derrotó abrumadoramente, no obstante el uso abusivo del poder que incluyó la fuerza pública para intimidar a la oposición.

En el 1962, primeras elecciones libres después de la caída de la tiranía trujillista, la oligarquía representada por la Unión Cívica Nacional, hizo repartos de dinero y comida en procura de derrotar Bosch, pero fueron humillados por un pueblo al día siguiente salió a celebrar, entonando el estribillo jocoso de “le comimos el arroz y votamos por Juan Bosch”.

El sabio pueblo dominicano, si finalmente vota por Leonel como indican las principales encuestas nacionales y extranjeras, no lo hará por raciones de alimentos o Tarjetas Solidaridad, y ni siquiera por empleos en la administración pública. Lo hará porque Leonel ha sabido conducir con prudencia y sabiduría la economía nacional, sacando al país del estado de incertidumbre al que lo llevó la administración perredeísta.

Los dominicanos votarán por Leonel porque es un hombre decente que se ha ganado la confianza y el respeto de los agentes económicos locales y foráneos cuyos capitales se invierten en el país generando nuevos empleos y dinamizando la economía.

La gente votará Por Leonel, especialmente, para evitar que vuelva el caos y la inseguridad que representa el PRD en el poder. Para impedir que gente como Andy y su Escudero sean quienes tracen las pautas económicas del país y se hagan más millonarios con nuevos Bonos Soberanos. Para que Guido no vuelva a decir que los recursos del país son para los perredeístas y que si algo sobrase, también sería de ellos. Y en definitivas, para que el poquito que hemos avanzado no lo retrocedamos como ya nos pasó en el año 2000.

Por estas y otras muchas razones votará la mayoría de nuestro pueblo por Leonel Fernández, sin necesidad de comprar una conciencia que nunca ha estado en venta, la conciencia del pueblo dominicano.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Semblanza del Prof. Juan Bosch

SEMBLANZA DEL PROFESOR JUAN BOSCH
Por José L. Tavárez Henríquez*

Juan Bosch nació en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909 y murió en Santo Domingo el 1 de noviembre de 2001, a la edad de 92 años. El Profesor Juan Bosch es para muchos el más ilustre de los dominicanos del Siglo XX. Se destacó como político, escritor, patriota y ciudadano ejemplar

Nacido del matrimonio de José Bosch y Ángela Gabiño, a muy corta edad comenzó a dar señales inequívocas de poseer una clara inteligencia y una fértil imaginación creadora. Con apenas 4 años se alfabetizó siguiendo las instrucciones de Panchita Sánchez y Anita Decamps, y a los 7 escribió sus primeros cuentos.

Aquel niño, hijo de inmigrantes, creció en medio de limitaciones económicas y diversas adversidades. Sus primeros años de vida coincidieron con la mayor inestabilidad política que registra la historia nacional. Para solo citar un ejemplo, piénsese que entre 1912 y 1915 el país tuvo cinco presidentes e innumerables revoluciones civiles.

Como consecuencia de las tensiones políticas la familia Bosch Gabiño se vio precisada a emigrar a Cabo Haitiano, Haití, donde vivió entre 1911 y 1912. A su regreso se instaló en El Pino de La Vega, desde donde acompañaba a su padre en labores de comercio, comprando huevos y gallinas en la Línea Noroeste para venderlos en la Capital.

El trabajo duro y las precariedades no ahogaron su inquietud intelectual, siempre encontraba tiempo para asistir a la escuela y leer las revistas que su padre y su abuelo recibían desde España. Con pequeños ahorros compraba colecciones de cuentos e historietas, al tiempo que aprendía mecanografía e incursionaba en la lectura de obras mayores tales como el Quijote, El Cantar del Mío Cid, Los Doce Pares de Francia y Orlando Furioso.

Su sensibilidad social, el entorno de miseria y las variadas lecturas fraguaron al artista, al literato y al político. Armado de estas herramientas, y con una fértil imaginación creadora pudo sobreponerse a la cotidianidad asfixiante y convertir en arte el dolor humano. Allí donde el ojo común solo alcanzaría a ver una familia campesina y un bohío pobre en medio del paisaje agreste, Bosch descubría a una mujer víctima de la violencia del marido y de la pobreza que lo perneaba todo. Con su talento artístico ordena ese cuadro desolador para producir su famoso cuento “LA MUJER”.

En esta realidad social y económica, marcada con el signo de la adversidad, hunden sus raíces el compromiso de Bosch con las mejores causas del pueblo dominicano. De allí nace su literatura, su filosofía social e histórica, su militancia política y su moral inquebrantable.

Maestro de maestros en el difícil arte de escribir cuentos, Bosch nos presenta en su narrativa la enorme injusticia social, la pobreza y las vicisitudes del campesino dominicano. Su fina pluma, esquivando los riesgos del panfleto, nos da una obra hondamente comprometida con el destino de los más pobres e indefensos.

Así lo reconoce el crítico literario José Alcántara Almánzar cuando señala:
“Las injusticias sociales que nos arrancan momentos de indignación, nos indignan cien veces más al ser planteadas en los cuentos de Bosch. Por una sola razón: la manera inocente, fatídica, sujeta aparentes juegos del destino, de presentarlas”.

Conocedor nato de la realidad dominicana y sensible como siempre ha sido al dolor humano, no hemos de extrañarnos que entrara en contradicción con el régimen dictatorial de Trujillo, quien primero le maltrata enviándole a la cárcel de Nigua, y luego procura comprar su voluntad política y su talento.

En 1937 toma el camino de un largo exilio que solo terminará con la muerte del tirano en mayo de 1961. Antes de salir del país ya había publicado su primer libro de cuentos, Camino Real (1933) y su primera novela, La Mañosa (1936).

En su exilio, que se inició en Puerto Rico, entra en contacto con el pensamiento de Hostos, cuya obra completa transcribió y dirigió su edición. De esta experiencia se originaron sus obras “Mujeres en la vida de Hostos” y “Hostos el Sembrador” en 1938 y 1939 respectivamente.

En 1939 se traslada a Cuba donde no solo se relaciona con la intelectualidad y los artistas de esa isla, sino que descubre su vocación política. En contacto con otros exiliados dominicanos funda el Partido Revolucionario Dominicano y, fiel a sus principios, trabaja incansablemente para liberar a su país de la Tiranía Trujillista.

Tal vez por aquello de que, “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, en Cuba conoció a Doña Carmen Quidiello, con quien se casó en 1943 aprovechando el premio literario ganado ese año con su cuento “Luis Pie”. Esta cultivada mujer, heroína no siempre visible, acompañó a Juan Bosch en cada tramo de su vida, hasta el último día en este mundo.

La dignidad y decoro del Prócer Vegano son antológicos, jamás transigió con actitudes dolosas ni buscó el bien propio en detrimento de sus ideales. Con valentía desafió la adversidad del exilio sin caer en frustraciones estériles, muy por el contrario supo crecer en el plano artístico, intelectual, humano y político.

Agigantada su estatura de hombre de bien, es llevado al solio presidencial en 1962 por un pueblo ávido de justicia social y soluciones reales a los diversos problemas del país. Los enemigos de la luz lo destronaron a seis meses de haber sido electo, porque percibieron que en él no había dobleces. Entonces, el siempre digno profesor Juan Bosch, prefirió tomar de nuevo el camino del exilio, a convivir con los lineamientos de la caverna militar y política que imponía su voluntad.

Más tarde, en 1973, cuando el partido fundado por él, comenzó a renegar de los mejores ideales y a dar cabida a mezquinos intereses nacionales y extranjeros, prefirió alejarse y transitar un nuevo camino acorde con sus valores y principios. Su talento organizativo, su voluntad monolítica y su honestidad a toda prueba fueron sus armas de combate para crear y desarrollar ese nuevo proyecto político, el PLD, que ha alcanzado el poder en el 1996, 2004 y 2008

Habiendo fundado los dos partidos más grandes del sistema democrático dominicano, escrito más de 50 libros y haber llevado una vida ejemplar como ciudadano y hombre público, honremos a Juan Bosch, cuyo ejemplo y pensamiento seguirán iluminando a los y las dominicanos (as) de buena voluntad.
____________________________
El autor es Filósofo, Psicólogo y Profesor universitario.

Código Procesal Penal

EL CÓDIGO PROCESAL PENAL

Por José L. Tavárez Henríquez*

En la columna titulada “CPP Código Procesal Penal” del periódico Diario Libre de fecha 25/06/08, al responder a una pregunta, el Dr. Guillermo Moreno afirma lo siguiente:

“Muchas de las disposiciones del CPP que sus críticos señalan como protectora de los delincuentes, en realidad son medios para garantizar el respeto de los derechos fundamentales de la persona imputada de un delito, durante la investigación y el juzgamiento. La legitimidad de la sanción o del descargo proviene precisamente de que una u otra provengan de un proceso en el que el imputado tuvo la oportunidad de defenderse y de hacer valer sus derechos y el acusador la obligación de probar por medios legales su acusación.
Entre las disposiciones que se tildan favorables al imputado están: Ser asistido desde el primer acto por un defensor; la prohibición de obligar al imputado a declarar, quien si puede admitir hacerlo, libre y voluntariamente; la declaración del imputado sólo es válida si la hace en presencia y con la asistencia de su defensor; el derecho a no auto incriminarse; el no ser presentado ante los medios de comunicación; la necesidad de una orden judicial para proceder al arresto de una persona, salvo los delitos flagrantes y situaciones asimilables”.

Según Moreno, el Código Procesal Penal garantiza la presunción de inocencia y contienen disposiciones que buscan preservar la vigencia efectiva de ese principio. La pregunta que mucha gente se hace es ¿No se habrá ido muy lejos al salvaguardar este principio, llegando incluso a sacrificar los derechos del agraviado?

Todo parece indicar que el CPP fue pensado desde una realidad con menores índices de delincuencia y sin las características que adopta este mal en nuestro país. Nada incentiva más la comisión de delitos que la tolerancia y la impunidad. Si el delincuente sabe que la condena sería benigna, en caso de ser atrapado, no vería ningún freno en la ley. Lo más común es que las personas ponderen el costo-beneficio de sus acciones y si estos últimos son mayores terminará por poner manos a la obra.

A manera de ejemplo piénsese en el creciente número de delincuentes juveniles que son capturados por la policía. De hecho las bandas de narcotraficantes y para robar carros, radios, cadenas y celulares prefieren a menores, porque las sanciones son menos severas. En ese sentido la minoridad deviene en un incentivo para delinquir, y así no puede ser, como dice Don Pedro Mir.

Frente a situaciones como las violaciones sexuales, con medios de pruebas precarios dada la misma naturaleza de este delito, donde el proceso mismo se convierte en una revictimización de la persona, con sanciones suaves y múltiples vías para que el ofensor recupere la libertad, tendremos entonces menos denuncias, mayor impunidad y consecuentemente más violaciones.

Resulta injusto que un individuo convicto 14 veces sea tratado como si fuera la primera vez que está ante el tribunal. Hace poco me decía una amiga jueza, que había juzgado tres veces a un joven por delitos relacionados con atracos y robos violentos, que al condenarlo ni siquiera podía mencionar el hecho de su reincidencia.

Se hace necesario que se aumente la pena conforme la gravead del delito, llegando incluso a la reclusión perpetua para delitos como el secuestro, asesinato agravado, y terrorismo, entre otros; abrir la posibilidad de que los delincuentes menores de edad puedan ser juzgados como adultos, atendiendo a las características de sus actos; sumar penalidades en los casos en que la infracción implique varios delitos y considerar como agravante el historial delictivo del reo.

Otro aspecto que me preocupa es la figura llamada “Juez de Ejecución de la Pena”. Las prerrogativas de este juez llegan tan lejos que puede decidir sobre la libertad del condenado. Este poder discrecional puesto en las manos de una sola persona, en un medio donde todos tenemos un tío con influencias y donde existen múltiples instancias de presión, incluyendo poderosas mafias del crimen organizado, termina poniendo en la calle a más de un delincuente, sin que las víctimas siquiera se enteren.

Quizá no fue el propósito de quienes elaboraron el CPP, pero se ha convertido en un aliado del delito en nuestro país. En modo alguno estamos diciendo que es la única causa de este flagelo, ni que sea intrínsecamente malo, solo que parece no adecuarse a las condiciones actuales de la sociedad dominicana y por lo tanto debe revisarse.
* El autor es Filósofo, Psicólogo y Profesor Universitario. E Mail: jotatavarez@yahoo.com